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Revolución en Irán
Leer Lolita en Teherán es el libro aclamado de memorias de Azar Nafisi, la profesora iranà que, a mediados de la década de los 90, convocó en su casa a un grupo de mujeres estudiantes interesadas en textos de literatura occidental, prohibidos por la República Islámica de Irán. HabÃa abandonado su lectura, en parte por ignorancia y por cierto parroquialismo frente a realidades más lejanas. Las imágenes televisivas tras las disputadas elecciones iranÃes en dÃas pasados volvieron a motivar mi curiosidad. Me he resistido a caer en la tentación morbosa de ver en Youtube la muerte de Neda Soltani, convertida hoy en el sÃmbolo de la resistencia contra el actual gobierno iranÃ. Regresé, en cambio, a las páginas del relato conmovedor de Nafisi.
La revolución iranà sorprendió al mundo en 1979, hace 30 años. Sorprendió en particular a los aliados en Occidente del régimen modernizante del sha Reza Pahlevi. En su curso sorprendió aún más a muchos iranÃes que en su momento apoyaron la revolución, sin sospechar su engendro fundamentalista y autoritario.
Azar Nafisi no fue una militante. Pero, como alumna de la Universidad de Oklahoma, se unió al movimiento de estudiantes iranÃes que en los Estados Unidos compartÃan el espÃritu revolucionario de la década de 1970 -más cerca de Marx y Engels que del ayatolá Jomeini-. Cuando Nafisi regresó a Irán, después de largos años en el exterior, las imágenes severas del ayatolá dominaban el aeropuerto en Teherán, una atmósfera poco hospitalaria.
El destino de la revolución estaba quizá ya definido. No obstante, el recinto universitario donde Nafisi comenzó a dictar clases de literatura era todavÃa sitio de disputa revolucionaria, aunque marxistas e islamistas tenÃan un blanco común: su desprecio por los "liberales" y sus afanes "burgueses" y "decadentes" en favor de las libertades individuales. Nafisi pudo seguir enseñando El gran Gatsby por un tiempo, a pesar del fanatismo creciente de algunos de sus alumnos. Fue expulsada de la universidad por rehusarse a cubrir su cabeza con el velo obligado para todas las mujeres.
A diferencia de otras revoluciones del siglo veinte -Nafisi observa-, la iranà se hizo en nombre del pasado. Fue una ruta de regreso al Estado teocrático premoderno. El fanatismo religioso ha impuesto regÃmenes de tiranÃa, bajo lÃderes obsesionados con extender su dominio hasta en las fronteras de la imaginación. Su impacto es devastador. Nafisi relata la mañana en que un niño de 10 años, horrorizado, despertó a sus padres por haber tenido "sueños ilegales".
Su impacto ha sido especialmente devastador para los derechos de las mujeres, el objeto central de sus memorias. Como observó en una entrevista, Nafisi quiso explorar en su libro cómo puede la gente sobrevivir bajo una "realidad opresiva". Se puede sobrevivir de diferentes maneras. Ella y sus estudiantes lo hicieron a través de la literatura, para alimentar la imaginación en aquellos encuentros semanales en su casa, verdaderos ritos liberadores desde el poder deshacerse de la túnica y el velo oscuros y descubrir asà la alegrÃa de los colores. Solo temporalmente. Pues algunas -la misma Nafisi- siguieron la ruta del exilio.
Sus memorias tienen la virtud de no proyectar una visión simplista de la revolución iranÃ. Evita cualquier idealización romántica del mundo occidental. Su defensa de los derechos individuales, y de los de las mujeres en particular, parte de aceptar que existen valores universales y les encuentra arraigo en la historia de su paÃs. Con amarga ironÃa, Azar Nafisi hace un listado de las cosas que deberÃa agradecerle a la República Islámica de Irán, revaloradas en medio de la opresión, como reÃr en público o leer novelas extranjeras en Teherán. Treinta años después, los "hijos de la revolución" parecen buscar otro destino más amable.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 25 de junio de 2009
- Autor
- Eduardo Posada Carbó
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