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Los indígenas pastos celebraron el año nuevo con la recuperación del Inti Raymy, o 'fiesta del sol'
Se reunieron durante tres días para festejar el sosticio de verano. En el evento se hizo el lanzamiento de nuevos proyectos de desarrollo para la región financiados por cooperación internacional.
"Había una vez un pastuso que jugaba a las escondidas y se perdió", bromea Jesús Villota, mientras conduce su taxi a toda velocidad entre las pronunciadas curvas de las carreteras que lo alejan de su Pasto natal. Los paisajes de la frontera andina nariñense son inmensas colchas de retazos con todos los verdes. Papa, repollo, remolacha, maíz al filo de las empinadas montañas. "Hoy empiezan las fiestas de los pastos", dice Jesús, mientras reconoce que es la primera vez que irá a la celebración del fin de año del Inti Raymi (fiesta del sol) que los indígenas están recuperando en sus territorios. La tradición estuvo olvidada durante más de dos décadas y esta es la segunda edición de la fiesta que también se celebra en otros países como Ecuador, Bolivia, Perú. A pesar de que ya perdieron su lengua, proyectos del departamento y de Naciones Unidas impulsaron el rescate del Inti Raymi como una de las medidas para fortalecer los gobiernos de los 24 cabildos de esta parte del departamento. Los incas celebraron el solsticio de verano por siglos hasta 1560 con la llegada de los doctrineros de la iglesia católica. "Entonces los curas lo incorporaron a la religión y la fiesta del sol fue tapada por las fiestas de los santos" -aclara Efrén Trapués, gobernador del resguardo de Cumbal- "Ahora estamos tratando de recuperar esta tradición para el fortalecimiento de nuestro pueblo". La fiesta dura tres días (del 19 al 21 de junio) en medio de rituales de purificación a orillas del río Guáitara, bailes, música tradicional, chanchuco (aguardiente casero) y baldes llenos de chicha mascada, que se reparte gratis a todo el que quiera unirse a la fiesta. También están los castillos, que reúnen lo mejor de la cosecha, encabezados por los cuyes asados que usan cuero de cerdo como ruana. Quien tome uno de los alimentos tiene que devolver con el doble el año que viene. Indígenas y habitantes de los resguardos de la región bailan en círculos por horas y zapatean para mantener la tierra despierta. A las doce del día todos se dan el 'jayin wata', o feliz año. A pesar de que ya perdieron su lengua y fueron absorbidos por la tecnología, los pastos no tienen planes de dejar atrás sus costumbres. Segundo Manuel Herida, quien interpreta el papel de el negro en uno de las ceremonias, ya consiguió a su pupilo: "Aquí ya estoy dejando a mi 'wawa' (niño) para mi reemplazo"-dice mientras señala a un pequeño disfrazado de campesino- "porque tal vez Pacha Mama me traga a los profundo".
El mismo día en que inició el Inti Raymi, Naciones Unidas hizo el lanzamiento del programa 'Una ventana de paz para Nariño', impulsado por agencias de Naciones Unidas y financiado por el Fondo para el logro de los Objetivos del Milenio con 7 millones de dólares para ocho municipios del departamento: El Charco, la Tola, Mosquera, Santa Bárbara y Olaya Herrera en la Costa Pacífica; y Cumbla, Ipiales y Cuaspud en la frontera andina. EL TIEMPO habló con el gobernador del departamento, Antonio Navarro Wolf, sobre el tema.
¿Qué alcances tiene este proyecto de cooperación internacional?
Esta es una ayuda significativa, pero siempre complementaria, porque el esfuerzo principal lo tenemos que hacer nosotros mismos. Creo que en año y medio hemos conseguido 50 millones de dólares para programas de
derechos humanos, para proyectos con desplazados, mujeres, jóvenes y para sustitución voluntaria de cultivos.
¿Cómo ha evolucionado la suplantación de cultivos ilícitos en el departamento?
Infortunadamente, mal. Los datos del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos nos indican que Nariño sigue teniendo cerca de 20.000 hectáreas de coca en el 2007 y otro tanto en el 2008. Llevamos apenas 6 meses en el programa de sustitución voluntaria. Como no es forzoso necesita por lo menos 3 años para tener éxito. Hemos visto que donde no hay coca la tasa de homicidios es baja y donde hay coca, la tasa es cinco o seis veces más alta. Estoy seguro de que si Nariño es capaz de dejar atrás la coca, vamos a volver a ser un departamento, pobre sí, lejos también, pero en paz.
Si la coca impulsa la violencia, ¿cómo es que esta ayuda internacional apoyaría este objetivo?
Aunque el proyecto no es explícitamente de sustitución de cultivos sí nos va a ayudar en las zonas donde va a operar con los programas que tienen que ver con producción agropecuaria y con fortalecimiento de instituciones sociales y públicas. Lo que pasa es que el dinero no es suficiente para la dimensión de los programas, es algo que necesita de una complementación de nuestros recursos públicos. 7 millones de dólares para 8 municipios no es ni un millón de dólares por municipio, el 40 por ciento de eso se va en todas las estructuras de funcionamiento, van quedando unos 500 mil dólares por municipio y eso es muy poquito.
REBECA LUCÍA GALINDO
Redactora eltiempo.com
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Nación
- Fecha de publicación
- 23 de junio de 2009
- Autor
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