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Egocentrismo puro (opinión)

Jorge Barraza Para EL TIEMPO

En fútbol, lo barato o caro se ve al final del contrato. Si Cristiano Ronaldo marca 200 goles en el Real Madrid y le da cinco campeonatos locales, dos Champions y un Mundial de Clubes, los 131.961.000 dólares que costó su fichaje habrán resultado una bicoca. El tiempo dirá.

Manchester United ya hizo el negocio del siglo, adquirió su ficha por 18 millones de dólares y la revende por 132. Y en las cinco temporadas que el Batichico estuvo en Inglaterra le sacó bien el jugo: celebró sus 92 goles en 238 partidos, que contribuyeron decisivamente a ganar 3 Ligas, 1 Champions, 1 Mundial de Clubes, 2 Copas de Liga y 1 Copa Inglesa. Sin contar supercopas y otras minucias.

Alex Ferguson fue simple y directo, como siempre: "Él quería marcharse y ya no había cómo detenerlo. El mérito fue haberlo tenido tanto tiempo". Al final de la historia, tal vez el Manchester le cante a Cristiano la canción de Julio Iglesias: "Lo mejor de tu vida, me lo he quedado yo..." Lo mismo podría decir el Milan, que pagó 8,5 millones de dólares al San Pablo por Kaká y seis años después lo traspasa en 89.646.353. Kaká deja en la patria de Da Vinci el recuerdo de sus 95 goles, 270 partidos, 1 Scudetto, 1 Champions y la estela de su talento, su inteligencia y profesionalidad. La diferencia con el pase del portugués es que Kaká no presionaba para irse. El Milan, rifando grandeza, se lo entrega al club español. Pensando como hinchas, una propuesta casi indecente.

El mundo se rasga las vestiduras por las cifras casi obscenas pagadas por el Madrid, y sobre todo por su prepotencia compradora. Que generan algunas reflexiones. Pero no hay que desesperar: el tiempo juzgará si este amontonamiento de estrellas es una acertada operación deportiva o una feliz maniobra financiera. O ambas. O ninguna.

En primer lugar, hay que distinguir en estos casos valor y costo. Ambos jugadores son sensacionales y valen lo que cuestan. "No es real", se critica. Sí lo es. El precio real es el que paga el mercado. Y había comprador para ellos. Es justo que el United se quede con los 132 millones después de haber descubierto y potenciado a Cristiano. Igual, el Milan.

Lo insano para el fútbol es que el Madrid anuncie que hará un negocio fantástico con ambos. El fútbol (y sobre todo una sociedad civil como es el club merengue) es un deporte para competir, agradar, vencer, conquistar gloria. No una herramienta para negocios financieros. Si éste pasa a ser el objetivo, algo está muy mal.

El olfato advierte que detrás de tales transferencias no hay una necesidad deportiva imperiosa. Ni se busca armar el equipo de los sueños, ni ganar fortunas. En el fondo, esto es egocentrismo puro, arrogancia.

Florentino Pérez, el "supergaláctico" presidente madridista, es presidente de Dragados, la empresa constructora más grande de Europa. Tiene 19.000 empleados. Está forrado, pero por Dragados no lo conoce nadie. Necesita (al menos él) de la fama y el reconocimiento que proporciona el fútbol. (A lo cual colabora la prensa sobona repitiendo todo el día "¡Qué bien Florentino...!").

En España es más popular el presidente del Madrid que el mismísimo rey Juan Carlos. Después, que sea campeón o no son cinco centavos aparte.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Deportes
Fecha de publicación
15 de junio de 2009
Autor

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