Entre las calles 145 y 146 con la carrera 9a. hay un parque que es profusamente visitado los domingos y dÃas festivos. Docenas de niños y jóvenes de ambos sexos se gozan las rampas con sus patines y patinetas, algunos más catanitos exhiben sus barrigas jugando baloncesto, otros fútbol o microfútbol, hay quienes van a pasear sus perros y otros, como yo, sencillamente a leer el periódico. En fin, es placentero ver el espacio público con público que hace uso de él. Sin embargo, me entero de que algunos vecinos de la zona han protestado ante las autoridades y elevado la solicitud de prohibir el patinaje (el gran atractivo del parque), las risas y las carcajadas de la juventud 'ociosa'. No sé a cuento de qué, pero la juventud molesta la estética de algunos personajes, para quienes un parque debe ser un lugar para mirar de lejos, con letreros de 'no pise el césped' y señales de prohibido todo: fumar, sudar, caminar, besarse, divertirse, etc.
Hablan los vecinos de inseguridad. ¡Por favor! Llevo años yendo al parque y no me ha tocado ni siquiera una gresca (lo que por lo demás no me parece ni bueno ni malo, aunque sà anormal). Ser joven no es un delito, como tampoco lo es ser viejo. La libertad ahuyenta a personajes como Fernando Londoño Hoyos, José Galat, José Obdulio Gaviria y el Procurador, pero no me consta que ellos sean vecinos de la zona, aunque indudablemente tienen sus seguidores en el barrio. Para ellos, los jóvenes no solo deben aplazar el gustico, deben postergar todo lo que sea sinónimo de placer. SerÃa una lástima que triunfaran los fanáticos del silencio y la estética de flores y desterraran el sano bullicio del parque de la 146.
Tres cuadras hacia el sur, y también los domingos, se da el ejemplo contrario del uso del espacio público. Los feligreses que asisten a misa se apropian, sin ningún reparo ni conciencia, de varias cuadras de la carrera 11 como parqueadero privado. El caos vehicular durante las horas de misa es inmanejable. Los fieles creyentes, que con toda seguridad también son vecinos y podrÃan ir a pie a su santa misa, desconocen los problemas que genera su irresponsable parqueo en el espacio público.
En estos tiempos tan proclives a la doble moral, me pregunto si no serán estos abusadores de lo público los mismos que reclaman por silencio en el parque. Mi consigna es sà al parque, no al parqueadero. Sà al parque con público, patines y patinetas, besos y carcajadas; no a las calles atestadas de carros parqueados como en garajes privados.
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