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'Hay más curadores que artistas': dice Eduardo Serrano, quien cumple 40 años como crítico de arte
El pasado jueves, el Museo de Arte Moderno de Bogotá, del que fue su primer curador durante 20 años, le hizo un homenaje, al que asistieron decenas de artistas.
"Pero tío, si usted tenía pura pinta de marihuanero", le dijo uno de sus sobrinos al ahora setentón de cabello cano y cara bonachona, cuando vio una foto de los años 70 en la que aparece de mostachos y pelo largo. "Y usaba bota ancha", agrega él.
Las viejas fotos de Eduardo Serrano dan testimonio de 40 años de vivir cada día metido en el arte, desde cuando llegó de estudiar antropología en la Universidad de Nueva York y se volvió director de una de las tres galerías que había, en 1969, en Bogotá, la Belarca.
El pasado jueves, el Museo de Arte Moderno de Bogotá, del que fue su primer curador durante 20 años, le hizo un homenaje, al que asistieron decenas de artistas.
Peludo, con la experiencia adquirida en la Gran Manzana, en una época en la que todo pasaba allí, Serrano se dedicó también a escribir sobre los nuevos misterios del arte conceptual. Seguía así una pasión adquirida en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde fue pasante.
En Belarca, a los 30 años, incluso desde antes de saber que lo suyo sería señalar artistas en ciernes y remarcar la obra de los que se consagraban, se arriesgaba a estudiar derecho en la Universidad Externado de Colombia, para ser consecuente con las aspiraciones paternas, y escribía cuentos que Enrique Grau le ilustraba, y los mandaba a EL TIEMPO.
"¡Eran malísimos, pero por ahí un domingo me publicaban uno y era la alegría!", confiesa entre risas, con el acento barranquillero que le quedó. Allí lo criaron, aunque nació en Zapatoca (Santander).
'Todos se llaman curadores'
Por esa misma pasión y por esa misma razón, hoy puede darse el permiso de decir: "La crítica es el género literario más escrito y menos leído. Y un curador es una persona que le da un marco intelectual al arte, lo valora y lo discute con el entorno contemporáneo. Claro que ahora hay muchos curadores. Todo el mundo se llama curador. Hay más curadores que artistas".
Con más de 300 textos escritos para periódicos y revistas colombianas, casi nadie relevante se quedó por fuera de sus valoraciones.
Su antigua jefe en el MamBo, Gloria Zea, actual directora de la institución, no duda en decir que Serrano ha sido dueño de una escritura ácida: "Cuando Marta Traba me nombró directora del Museo de Arte Moderno, él escribió que yo había aceptado porque era la única corona que me faltaba y que para mí eso era algo social".
Serrano lo confirma: "Ella hizo en el MamBo la exposición 'Colombia 71' para llevar artistas a Buenos Aires y yo ataqué esa selección. Escribí un artículo que se llamaba 'Los que no fueron' (en alusión a una selección similar que hizo antes Traba y que llamó 'Los que son'). Le di mucho 'palo'".
Zea lo llamó y él acudió. "Yo temblaba, pero ella me dijo: 'Yo vine aquí para quedarme y usted también. Véngase para acá y póngase el cargo que quiera'". Así se convirtió -dice- en el primer curador de un museo en Colombia, con sueldo pagado por la directora, no por la institución.
"Hizo un aporte buenísimo. Actualizó los conceptos de la vanguardia después de lo que había hecho Marta Traba -anota el artista Miguel Ángel Rojas-. Viajaba a Nueva York a menudo y nos compartía toda la información que recogía, lo que veía en las exposiciones. Fue más formativo que cualquier escuela".
En uno de sus viajes, con Zea trajo la primera exposición de Andy Warhol (véase recuadro). Con personajes como Alberto Casas Santamaría fundó el Salón Atenas, un momento de quiebre en el arte, en el cual aparecieron por primera vez en el país los performances, las instalaciones, las videoinstalaciones y las obras en la calle. "También la fotografía como arte, en una época en que nada de eso se usaba", rememora.
Con una veintena de libros escritos, entre ellos piezas clave para entender el arte nacional, como dos tomos de Historia de la fotografía en Colombia, Serrano sigue en busca de lo nuevo e indagando en la obra de los maestros.
Crítica, llamada a desaparecer
Por eso se permite curar o ser jurado en una exposición de arte joven, de arte popular o hablar del estilo de Fernando Botero o de los pintores de la Sabana. O pronunciar sentencias como esta, forjadas en cuatro décadas de trabajo e investigación: "La crítica de arte dejó de cumplir su función y está llamada a desaparecer. Creo que puedo decir que ya murió. El crítico perdió vigencia porque lo reemplazó el curador, que es el que da contexto a las obras y las pone en discusión".
No se le han ocurrido de pronto. "En el arte de hoy ya no es posible decir qué es bueno o malo. Ya no se juzga así. Eso era de la Modernidad. Hoy no hay paradigmas, por eso la crítica murió". Consciente de la velocidad de los tiempos, advierte: "Claro que puede resucitar, porque esto es una tendencia que puede pasar. En el arte nada es eterno".
Con razón, dice María Eugenia Niño, de la galería Sextante, que una de sus mayores virtudes es que "está cercano a los maestros y a las nuevas corrientes del arte".
1974: la primera vez que se expuso Warhol en Bogotá
"En julio de 1974 trajimos para el MamBo la primera exposición de Andy Warhol a Colombia", recuerda Eduardo Serrano, que, entonces, era curador de la institución. El MamBo funcionaba en la que hoy es la Galería Santa Fe, del Planetario. Si para la próxima exposición de obras del artista pop estadounidense, que se abrirá el 18 de junio en el Museo de Arte de la Luis Ángel Arango, se esperan miles de visitantes, en ese entonces, el asunto era a otro precio.
"El mundo del arte era muy reducido y en Colombia nadie sabía quién era Warhol. Creo que fueron ocho gatos a la inauguración. Si en ese momento la gente hubiera comprado cuadros, tendrían un gran dinero", comenta Serrano.
Gloria Zea, la directora del museo, recuerda que, entre otras, trajeron las series completas de Mao (1973), las de la sopa Campbell's y las de Marilyn Monroe (1968), una de las cuales se quedó en la institución.
Ella y Serrano calculan que fueron unas 60 obras. "Nos daba pena con Leo Castelli, el galerista de Warhol, porque no se vendía nada -recuerda Serrano-, por fin logramos que se vendieran tres".
3 cuadros de Andy Warhol, de alrededor de 60, vendieron en Bogotá, en la exposición de 1974. Nadie lo conocía.
DIEGO GUERRERO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Cultura y entretenimiento
- Fecha de publicación
- 13 de junio de 2009
- Autor
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