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Tan campantes

Habría diferencia si hubiera protesta. Si empleo, salario y consumo están pagando al cabo la quiebra, esta ha transcurrido sin que las plazas del mundo registren movilizaciones de tamaño que interprete el supuesto colapso social consecuente, o siquiera cólera, o al menos inconformidad de tantos que se dice perjudicados. O a lo mejor nadie lo ha sido, nadie está bravo, o no ha sido tan grave, o a nadie le importa. Yendo más al fondo, quizá sea falso, como se dice, desde el análisis social hasta en la prensa, que hay trauma social grave, desespero y ruina. De pronto se está mal informado y política y economía van bien, el progreso derrota a la barbarie y corrupción e injusticia siguen siendo ficción de resentidos, como se descalificó aquí siempre cualquier manifestación de descontento.

El ideal sería la inconformidad como solo invento de cada vez menos amargados. Siendo justos sobran motivos de euforia. Avances en salud y seguridad, en derechos de las minorías, en el reconocimiento al gobierno de la ley, en seguridad laboral, en acceso a los servicios, en incorporación masiva a tecnología y consumo, y así, no importa que a costa de la mayoría y dejando a muchos por fuera. Hay es cierto recesión por culpa de avidez e inmoralidad, desatención de la autoridad y permisividad legal, pero sería apenas un bache en la prosperidad garantizada por el libre mercado, tanto que se diga ya que pasó lo peor según indicios de recuperación. No hay esclavitud, ni peste, ni inquisición, ni asomo de guerra mundial y menos nuclear, hay de pronto aquí y allá violencia, droga, uno que otro genocidio; abuso ha habido siempre, pero ahora denunciado y censurado mundialmente. Crimen, represión, miseria, la desgracia en general, están cercados, reducidos a justa proporción. No se puede ser estúpido para pretender la sociedad sin garra y colmillo. Maldad e infelicidad serían mal necesario incluso para resaltar el progreso. Lo prueba que abunden los bienintencionados que desmotivan la protesta demostrando que esta es la mejor organización posible; la falta de protesta parece darles la razón.

El ámbito doméstico se presta para ver si es razonable que no la haya. Las encuestas son tercas sobre la felicidad colombiana y la conformidad generalizada y con su gobierno en particular. Nada indica que el desmayo económico produzca remezón. Hay sí aquí y allá manifestaciones localizadas, pero ninguna contra la distribución de la carga, la politiquería y su gobierno; al contrario, hay favorabilidad notable a su prolongación como sea. Manifestaciones ha habido pero contra quienes de alguna manera y en algún momento se dijeron personeros de inconformidad, pero que ahora paradójicamente la neutralizan. Hace mucho ni siquiera el oficialismo sale a la calle y la oposición se ve más en los medios y en campaña que con los desamparados. Se pudiera concluir que la tragedia humanitaria, la violencia incluso oficial, desempleo, carestía, miseria, delincuencia, impunidad, descomposición, no existen, o no conmueven. Todo lleva a pensar qué le importa a la gente.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
13 de junio de 2009
Autor
Por Jorge Restrepo

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