HONG KONG. A fines de este mes terminan en Bangkok las audiencias que definirán la extradición a Estados Unidos del ruso Viktor Bout, conocido como el 'Mercader de la Muerte', a quien la justicia norteamericana reclama por conspiración para vender armas a un grupo terrorista.Bout fue capturado en marzo del año pasado en una operación encubierta, en la que agentes de la DEA se disfrazaron de guerrilleros de las Farc interesados en la compra de armamento.Aunque Estados Unidos esperaba que la extradición de Bout fuera concedida por Tailandia en forma expedita, el proceso se ha arrastrado durante casi un año, en el que los abogados defensores han conseguido repetidos aplazamientos.Rusia ha salido en defensa de su ciudadano y el juez tailandés ha manejado el caso con parsimonia, consciente de que su decisión inevitablemente molestará a una de las dos potencias.Según el periodista Douglas Farah, quizás el mayor especialista mundial en Bout y sus conexiones, el ruso ha hecho más que utilizar artificios legales para evitar ir a parar a una cárcel estadounidense. "Los rusos gastaron mucho dinero para tratar de liberarlo rápidamente, pero no funcionó", me dijo Farah, quien sigue el caso desde Washington.Señalado como uno de los principales traficantes de armas del mundo, Bout ha sido acusado por la ONU de armar al ex dictador liberiano Charles Taylor -juzgado en La Haya por crÃmenes contra la humanidad-, asà como a otros sangrientos regÃmenes africanos.Más relevante para Colombia, de acuerdo con las investigaciones de Farah, entre 1998 y 1999 Viktor Bout arregló la entrega a las Farc de 10.000 fusiles que le urgÃan a la guerrilla para repeler una ofensiva militar.Esta semana, los abogados del 'Mercader de la Muerte' agregaron una pieza de relaciones públicas a su estrategia de dilatar las audiencias con la publicación de una larguÃsima entrevista a la esposa de Viktor Bout en el periódico Bangkok Post, popular entre la élite bilingüe tailandesa.En el reportaje, presentado como gran primicia, la esposa de Bout retrata las "terribles" circunstancias en que las autoridades mantienen a su marido en la prisión, sin acceso a periódicos ni teléfonos, con pocos libros y en compañÃa de asesinos. "No puede dormir y está muy nervioso", se quejó la entrevistada.Me pregunto si la señora Bout o el periodista acólito que presentó su versión, sin ningún cuestionamiento, tendrán alguna idea de las condiciones en que la guerrilla mantiene a sus secuestrados. La peor prisión en Tailandia debe ser un hotel de cinco estrellas al lado de la mejor cárcel guerrillera de Colombia.En otro aparte, la señora Bout enumera las muchas cualidades humanas de su esposo. "Es aficionado a la poesÃa y la filosofÃa... Por encima de todo, es un hombre de familia que comparte mucho tiempo con su hija", sostiene.Bout es buen padre, entonces. Quién lo dirÃa. Tal vez podrÃa ponerse a conversar con el profesor Moncayo para que intercambien experiencias en materia de paternidad.La forma como se está tratando de influenciar el caso, creando una narrativamente totalmente distinta a la realidad, es alevosa. Lo peor es que, a juzgar por los comentarios de los lectores, una parte de la opinión pública compra la idea de que las acusaciones contra Bout son un montaje de los norteamericanos para castigar al gobierno ruso."Me pregunto si el gobierno tailandés hace esto para complacer al TÃo Sam", escribe un lector. "Qué historia tan interesante. Es bueno ver la otra cara de la noticia", opina otro.Ojalá que la reciente ofensiva de relaciones públicas no sea la antesala de una decisión que evite la extradición de Bout a Estados Unidos. La guerra en Colombia tiene muchos culpables, pero, como me dijo Douglas Farah, "es gente como Bout la que les ha dado oxÃgeno a las Farc para que puedan durar 45 años peleando".* Periodista Â
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