"El intelectual sobresaliente del siglo XX que se opuso al totalitarismo y a los enemigos de la libertad." Ese es Isaiah Berlin, descrito en el Times Literary Supplement, al cumplirse el centenario de su nacimiento el pasado 6 de junio. Su legado se celebra en varios rincones del mundo: en Jerusalén, Potsdam, Madrid y Riga, su ciudad natal; en Harvard y Oxford, su centro académico, donde ayudó a fundar el Wolfson College, sede en estos dÃas de exposiciones y conferencias en su memoria.En Colombia, por lo menos un seminario sobre su pensamiento tendrá lugar en MedellÃn, en la Universidad Eafit, en noviembre. Aquà tendrÃamos que conocer más a Berlin. Las razones que él mismo diera para destacar la importancia de Montesquieu se aplican a su propia obra: los principios que defendió, alejados del dogmatismo, son sumamente relevantes para encontrarles solución a nuestros conflictos violentos. Algunos merecen especial atención. El "pluralismo" es una noción fundamental en su pensamiento. BerlÃn buscó superar el problema de la coexistencia de valores incompatibles ("la libertad absoluta del lobo no se puede combinar con la libertad absoluta de las ovejas").Lo opuesto al "pluralismo" es el "monismo": la convicción de que solo hay una verdad armónica, donde reposarÃa la respuesta definitiva a todos los problemas. Tal "armonÃa perfecta" para Berlin es "conceptualmente incoherente". Más aún, el monismo es la "raÃz de todo extremismo": "Aquellos que creen en la posibilidad de un mundo perfecto están dispuestos a aceptar cualquier sacrificio para tal fin". Todo vale en ese fanatismo, que "solo puede conducir a sufrimiento, miseria, sangre, terrible opresión". Berlin solÃa referirse al adagio revolucionario: "Hay que romper huevos para hacer tortillas". Y advertÃa, paso seguido, que los revolucionarios se la pasan rompiendo huevos pero la tortilla nunca se hace.Frente al monismo y su justificación de "crueldades monstruosas" y "barbaridades", Berlin contrapuso la existencia de una "pluralidad de ideales, culturas, temperamentos". No negó la existencia de valores universales. No fue relativista. Su defensa del "pluralismo" significa aceptar negociaciones entre valores con frecuencia en disputa. Para evitar "conflictos destructivos" hay que abrirle espacio al compromiso: "La vida debe lograr varios tipos de difÃciles equilibrios".Berlin reconocÃa que su modesta receta no era una doctrina que quizá inspirara a la juventud, ni a mártires ni héroes. Pero en el pluralismo identificó la fórmula de una "sociedad decente", frente a esa "destrucción" a la que nos someten quienes buscan sociedades perfectas. Del valor del pluralismo se desprende la necesidad de la tolerancia. El pluralismo es también central a los conceptos de liberalismo y democracia defendidos por Berlin. Ni el uno ni la otra son necesariamente pluralistas. La "democracia -observó en sus conversaciones con Ramin Jahanbegloo- puede a veces ser opresiva a las minorÃas y a los individuos... La democracia puede ser monista, una democracia en que la mayorÃa hace lo que le venga en gana, sin importarle cuán cruel, injusta e irracional sea". CreÃa en la democracia pluralista.En su niñez, Berlin fue testigo del linchamiento de un policÃa por una turba en Petrogrado. Esa experiencia marcó su rechazo a toda violencia revolucionaria y fanatismo: "La primera obligación pública es evitar el sufrimiento extremo". No invitaba a la inacción. El dilema de tomar decisiones entre alternativas a veces incompatibles es ineludible. Aceptaba el uso legÃtimo de la fuerza. Pero sugirió cautela en "situaciones de desespero" que claman por "soluciones extremas".Berlin era consciente del "limitado campo de nuestro conocimiento" y de "nuestro entendimiento imperfecto de individuos y sociedades". Las respuestas a los problemas requieren, por ello, "cierta humildad". Moderación, compromiso, tolerancia: la obra de Isaiah Berlin está llena de sabias enseñanzas relevantes para la Colombia contemporánea.
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