Estamos enfrentando una posible crisis, que no va a ser de las proporciones de la de finales del siglo XX, pero va a ser muy costosa. Los resultados de la última Encuesta de Opinión Industrial Conjunta no son alentadores. Durante los primeros cuatro meses del 2009, la producción industrial y las ventas cayeron 7,3 y 4,5 por ciento, respectivamente (4 por ciento en el mercado nacional). La producción de sectores claves de la industria manufacturera, como son los de autopartes y vehÃculos automotores, puede haber caÃdo más del 30 por ciento entre enero y abril del 2009, en comparación con el mismo perÃodo del año anterior. La de confecciones, productos de vidrio y de caucho, aparatos de uso doméstico y otros equipos de transporte muestra descensos superiores al 20 por ciento en ese mismo perÃodo. La producción de cementos, de 18,3 por ciento. La de calzado no cayó, e inexplicablemente tampoco les fue tan mal a los subsectores de hierro y acero. Cuando crecÃa el sector manufacturero, las cifras de empleo fueron insatisfactorias porque el desempleo nunca disminuyó a un dÃgito.¿Cómo irán a ser ahora que la producción y las ventas van en caÃda libre? El problema de desempleo de fin de año y del primer semestre del 2010 va a ser peor que el que se percibe ahora, pues para entonces los desempleados que se han autoempleado o los que han pasado al sector informal pueden haber agotado sus recursos. Los dirigentes gremiales, el Ministro de Hacienda y los voceros del sector manufacturero se han apresurado a contrarrestar las malas cifras con expectativas de color rosa. El diario Portafolio reflejó muy bien esta actitud en el tÃtulo del artÃculo que decÃa 'Producción industrial decae, pero sigue el optimismo'. Pobres funcionarios de la Andi; ven que se derrumba la actividad de su sector, pero los 'cacaos' de sus juntas directivas insisten en que se está tocando fondo y les hacen decir que la recuperación está a la vuelta de la esquina. Ojalá tuvieran razón. Pero no se están tomando medidas para contrarrestar los efectos de la crisis, ni se vislumbra algo en el panorama que permita concluir esto, excepto que en el último trimestre van a ser menores las tasas de reducción de las ventas y de la producción, no porque vaya a suceder algo propicio, sino porque la caÃda comenzó a sentirse desde septiembre del 2008. Ese ilusionismo puede dar réditos polÃticos ahora, pero quién sabe cómo será la situación en marzo del 2010, cuando la hecatombe económica puede ser muy distinta de la que Uribe tenÃa en mente.Uno de los problemas que genera el optimismo cuando no tiene fundamento es que permite que no se haga nada para cambiar el curso de la economÃa, y que a mediados del año entrante la situación sea peor. El Gobierno ha tomado mediditas para suavizar los efectos de la recesión, como los subsidios que espera otorgarle a la clase media para comprar viviendas, o el seguro parcial de desempleo, que aspira a proveer para que los desempleados puedan seguir pagando la cuota de su apartamento. Pero no hay alguien pensando en grande en un plan anticÃclico que responda a las exigencias de la situación, y si se concibiera un plan adecuado, tampoco habrÃa capacidad ejecutiva para ponerlo en práctica. La única cabeza pensante, el singular ejecutor efectivo de la administración, está ocupado 100 por ciento del tiempo en generar conceptos constitucionales para Roy Barreras (el voltearepas) o trucos para debilitar o enredar a la oposición.En consecuencia, es posible que en el primer semestre del 2010 tengamos reelección, pero no empleo, y que una masa creciente de colombianos quede desempleada. Las encuestas ya le dan mayor importancia al desempleo que a la seguridad. A la gente no le causa impresión poder transitar tranquilamente por las carreteras si no tiene con qué comprar gasolina. Claro que también pueden hacer vaca y llenar las carreteras de carros repletos de uribistas, o imaginarse que van por la Ruta del Sol. ¡Veremos! Â
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