El joven, hijo de un reciclador bogotano, sufre de mielomeningocele, un defecto congenito que le dificulta caminar.
El sábado pasado, esta sección publicó la historia de Édgar Rico, un reciclador bogotano que debÃa llevar al colegio a su hijo Juan Carlos en los hombros. Después de su aparición, fueron cientos los mensajes de apoyo y de solidaridad recibidos por este diario de lectores de todo el mundo dispuestos a donar una silla de ruedas para ayudar al muchacho.Ayer, a las 12 del dÃa, un empresario, que prefirió dejar su identidad en el anonimato, le hizo entrega a Juan de una silla de ruedas.El acto, además de demostrar un profundo altruismo, sirvió para cerrar una historia que comenzó en agosto del año pasado cuando el empresario y su esposa, una administradora de empresas de 36 años, se enteraron de que iban a tener trillizos. Luego, y con la primera ecografÃa, la felicidad de la pareja dio paso a una profunda preocupación. Los médicos les aseguraron que uno de los tres bebés tenÃa una malformación llamada mielomeningocele (la misma que padece Juan Carlos Rico) y que en los próximos dÃas se iba a realizar una junta médica para valorar el caso. En ese momento, el matrimonio, compuesto por el empresario y la administradora de empresas entró en pánico. "Comenzamos a estudiar sobre este defecto congénito en Internet y en varios libros. QuerÃamos medir con profundidad la situación para enfrentarla acertadamente", cuenta el empresario.Una llamada cambió la historia. A tan sólo unas horas de la junta médica para definir la situación, el médico que habÃa dado el diagnóstico se echó para atrás y admitió su equivocación. Explicó que la masa anormal de la ecografÃa no era otra cosa que el cordón umbilical de uno de los mellizos. El pasado 6 de junio, a las 5:30 de la mañana, el empresario puso con cuidado a uno de sus bebés niño en los hombros para sacarle los gases, mientras leÃa la edición sabatina de este diario. Al llegar a la historia de Juan Carlos y con el mellizo que pudo haber padecido la misma patologÃa del hijo del reciclador, el empresario despertó a su esposa con estas palabras: "No vas a creer lo que nos está pasando. Mira el periódico".La mujer entró en llanto tan pronto como vio a Juan en los hombros de su padre, y no tuvo más remedio que alzar a su hijo y darle un beso en la frente. Por eso, el empresario anónimo llegó ayer con la silla de ruedas al barrio de Juan y terminó, de paso, con el viacrucis del reciclador con apellido millonario. albfor@eltiempo.com.co
Publicidad
COPYRIGHT © 2010 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.