Es el tÃtulo de uno de los videos más visitados en YouTube. Carlos, jovencito español, buen narrador, mejor histrión, cuenta -navegando aún en alcohol residual de una farra pantagruélica- cómo la bella Chehuaca, joven fresca, directa, sin melindres, lo mandó a freÃr espárragos con esta frase inapelable: "¡Contigo no, bicho!".Pudo haber propuesto -lamenta Carlos, en su festiva diatriba- una mentira piadosa, un eufemismo de trámite: un dolor de cabeza, algo, en fin, que dejara viva la esperanza o la autoestima. Chehuaca, protesta Carlos, espetó un cruel ¡no! respecto a la acción -cama- y le encimó un calificativo infamante: ¡bicho!, mosco, lagartija, alimaña.En Europa tienen esa respuesta a flor de labios cuando se trata de enfrentar la apologÃa al terrorismo: ¡Contigo no, bicho! ¡Tú no eres actor de la democracia, eres su enemigo! Y los jueces te perseguirán si vas por ahà en plan de rebelión contra la Constitución o cantando loas a la violencia.España, Alemania, Austria, castigan con prisión la simple negación del holocausto judÃo o la apologÃa de la ideologÃa nazi. ¿Por qué?, preguntará algún ultrademócrata. Y revirará: eso viola los derechos fundamentales de libre pensamiento y expresión; hace nugatorio el disfrute del libre desarrollo de la personalidad. Allá le responden: ¡estúpido! -para usar la certera imprecación de Clinton a los estúpidos-: las ideas terroristas y antidemocráticas se convierten, una vez asimiladas por los prosélitos, en una fuerza material (bombas suicidas, secuestros, desapariciones). Eso es del abecé del marxismo.En España, donde bastante saben, determinaron que los partidos y personas que hagan apologÃa del discurso -óigase bien, del discurso- y de las prácticas de Eta, Farc, Al Qaeda y demás bandas, incurren en delito con nombre redundante: apologÃa del delito. Por eso tienen sub júdice a Remedios, la no bella, activista española que cruzaba correos con 'Raúl Reyes' y preparaba raquÃticas manifestaciones anti-Uribe en sus visitas (igual a la que intentarán hoy en Canadá). He de decir que la bibliografÃa del tema es abundantÃsima y, para no atafagarlos, me limito a recomendar los textos polÃticos de Fernando Savater y Edurne Iriarte, citados ampliamente en mi Sofismas del terrorismo.Revista Semana predica una idea diametralmente contraria. 'Reyes' usaba, indistintamente, el alias o el nombre propio -'Cienfuegos' o 'Miguel'- de cierto profesor. Eso salta a la vista en sus archivos para cualquier investigador mediocre. (Pero Semana, soy infidente y es una digresión, destituyó a buenos e imparciales investigadores que lo hubieran notado, para poder regar impunemente la especie falsa, calumniosa y violatoria de la ética periodÃstica, de que yo fui la fuente de otra de sus investigaciones, con foto incluida. Juro que es falso y que lo demostraré en los estrados judiciales.)Sigamos: Semana usa unos ditirambos, que repugnan a los demócratas, para describir a ese 'Cienfuegos' o 'Miguel' en su artÃculo 'Ni ángel ni demonio'. El escrito niega el derecho del Estado a perseguir la apologÃa del terrorismo y pretende que se decrete la libertad inmediata de los guerrilleros que medio sepan hablar y se declaren altruistas, según recomienda la sala penal de la Corte Suprema ('Mateo', el de EPM, no duró un año en la cárcel y salió a atentar contra Jaime Jaramillo, DarÃo Acevedo, José Obdulio y otros). La revista, además, defiende el derecho a dar el debate polÃtico a los disfrazados con capuchas (concepto que comparten Semana y el rector Carlos Ossa).Equilibremos: recomiendo también textos que defienden la corriente de Semana y Anncol: Farc-Ep. Temas y problemas nacionales (Carlos Medina y otros). Qué, cómo y cuándo negociar con las Farc (Arteta, Lozano y otros). En PsicologÃa criminal, de Soria Verde, encontrarán la definición y descripción exactas de las Farc, según Uribe y la Seguridad Democrática: secta coercitiva. Nota: no afirmo culpabilidad de don Miguel. Se presume su inocencia. Hablo de apologÃa del delito como asunto teórico.
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