Doña Matilde es una venerable señora que vende comida tÃpica del Valle del Cauca en una galerÃa popular de Cali. A su alrededor, en la hora de almuerzo y mientras transcurre la emisión de los noticieros de televisión al mediodÃa, se dan apasionadas tertulias polÃticas sobre el orden público, la paz, la economÃa, Chávez, Obama y, por supuesto, la reelección.
En medio de una acalorada discusión reciente sobre si el presidente Uribe se lanzaba de nuevo a la reelección o no, ella intervino con un aire de sobrada sabidurÃa popular, pero también de ironÃa, y sentenció: "Uribe ha sido un gran presidente, puede ser terco y obsesivo, pero no es bruto. Él no se va a reelegir porque lo que más le conviene es salir por la puerta grande y no por la de atrás, a empujones".
Puede ser pensar con el deseo, pero yo comparto esta creciente opinión, ya no solo especializada, sino también popular, como en el caso de doña Matilde. Cada vez más, con cada nuevo pronunciamiento, distintos sectores de la polÃtica, la academia o la economÃa expresan su creciente malestar por la terquedad presidencial de insistir en el trámite de un referendo bastante controvertido, o una reforma constitucional que impone mayorÃas parlamentarias, en detrimento de una discusión realmente democrática.
Ya se ha dicho bastante sobre la inconveniencia de la reelección presidencial, pero no parece aún suficiente para que en un acto de grandeza y sensatez nuestro presidente anuncie que no va más, al menos no para el 2010, asà quede habilitado para el 2014. Ya buena parte de la opinión publica norteamericana, incluida esa que se forma desde la orientación editorial de grandes diarios, le reconoce a Uribe sus logros pero le advierte de los riesgos de perpetuarse en el poder.
Pero no deja de sorprender la fractura cada vez más notoria del llamado uribismo, en la medida en que crece ese que ha dado en llamarse "uribismo no-reeleccionista". El más sorprendente y reciente de esos virajes puede haber quedado escrito entre lÃneas, en una columna reciente escrita por Plinio Apuleyo Mendoza en su espacio de EL TIEMPO. Nadie puede discutir el ascendiente ideológico de Plinio Apuleyo Mendoza sobre el uribismo, su radical pertenencia a las ideas conservadoras y de derecha y su fiel militancia en el proyecto de seguridad democrática. Pero que, no obstante lo anterior, haya sugerido que el Presidente no debe insistir en la reelección, para desde fuera del gobierno trabajar en la construcción de una gran fuerza polÃtica que asegure la continuación de sus polÃticas, resulta una gran novedad. Pero no todos quienes están cercanos al presidente, en su cÃrculo de poder o en el entorno ideológico piensan igual.
La idea de que alguien distinto de Uribe harÃa retroceder los logros en materia de seguridad no solo es absurda, sino casi que perversa. Hay logros que una sociedad no se da el lujo de perder y ese es el caso de lo ganado en esta materia. Pero, de la misma manera, logros democráticos como los consagrados en la Constitución del 1991 son asuntos que los ciudadanos también están dispuestos a defender; y la insistencia en la reelección hace necesario arremeter contra esa Constitución. Razón tiene Plinio Apuleyo en sugerir que el Presidente se reserve para el 2014 y se dedique en el 2010 a construir el verdadero partido uribista. Y razón tiene también doña Matilde. A estas alturas es difÃcil creer que la obstinación presidencial pueda más que el mismo sentido común, la conveniencia y la decencia. Como ella, yo también creo que Uribe es terco, pero (respetuosamente) ¡no bruto! * Columnista EL TIEMPO
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