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Lula descresta

Ha dicho no, por favor, a un tercer mandato presidencial y al mismo tiempo deja rodando un plan de acciones conjuntas con China hasta el 2012 y un plan de desarrollo estratégico del Brasil hasta el 2030, es decir para dos décadas. No se sabe si China le enseñó a Brasil o si Brasil le enseñó a China, en los 35 años de relaciones diplomáticas. Cierto es que, en tiempos de las dictaduras de Castelo Branco, Garrastazu y Figueiredo, Brasil no se alinea con las proclamas neoliberales lanzadas por Pinochet en Chile y Videla en Argentina y seguidas por Stroessner en Paraguay y Bordaberry en Uruguay.

Brasil, como México, se mantiene firme ahondando la planificación estratégica diseñada por la Cepal. Al contrario de lo que afirma y escribe algún alto heliotropo de la Universidad de los Andes, esos planes no se quedaron en el papel. Albert Hirschman, asesor de la Cepal y quien hace 50 años escribió en Colombia los borradores de 'Estrategia del desarrollo', hoy un famoso clásico y biblia de los clubes hirschmanianos, había sentenciado que los planes macroeconómicos "integrales" eran de muy difícil ejecución y corrían el peligro de volverse papel mojado. Solo hasta ahora, bajo la presión del FMI, se estila ese tipo de planes integrales de corto plazo y bajo el nombre de "ajustes macroeconómicos estructurales".

Los planes estratégicos tipo Brasil,  por el contrario, son planes de índole productiva que determinan las prioridades sectoriales y regionales, implementan con rigor los estudios de prefactibilidad y factibilidad de los proyectos y meten toda la voluntad política y empresarial para construir todas las condiciones necesarias y suficientes. Esos no son tigres de papel sino que se convirtieron en tigres asiáticos, frente a la deserción del grueso de los dirigentes latinoamericanos. En Colombia, tras el Plan Currie de Vivienda y Urbanización, la planeación estratégica muere al convertir el Plan de "el Japón latinoamericano", de López Michelsen, en un proyecto de producción de "bienestarina", mientras Corea pica en punta.  Recorderis.

El caso es que Lula y su partido tienen ancestro para pensar en profundidad. Pero, además, el célebre Teotono dos Santos planteó la hipótesis del "subimperialismo brasileño", en aquellos años 70.  En efecto, Brasil implementa sus estrategias con una diplomacia específica frente a las empresas multinacionales y las rodea de garantías y facilidades. Pero todo negociado y estipulado. Que es lo que China está practicando a la postre. Nada de TLC dijo Lula; pero sí muchas acciones conjuntas.

De modo que Lula sorprende ahora con ese largoplacismo planificador, como cuando subió al poder sorprendió nombrando a un riguroso tecnócrata neoliberal como gerente del Banco Central, mientras nombra a renglón seguido a un ex trotskista como Ministro de Hacienda. No suele ser fácil para un gobierno izquierdista distinguir entre las lógicas de corto plazo y las estrategias industrializantes de largo plazo.

Lo que sucede es que el Partido de los Trabajadores (PT) no tiene un origen marxista-leninista. Se originó en un núcleo duro de sindicalistas y amigos intelectuales inspirados en las doctrinas de monseñor Hélder Cámara, obispo de Recife, y que luego las llamarían "teología de la liberación". En la ya considerable vida del PT, más de diez fracciones marxistas de distintos matices rebeldes se han retirado o han sido expulsadas. La crítica ahora vigente al gobierno del  PT y  Lula es que, a la manera de Lenin, han optado por la 'Nueva Economía Política', la cual, para los revolucionarios, fue una fase socialdemócrata. El salto revolucionario lo lidera Stalin, afirman. Historia cierta. La verdad es que, a corto plazo, Brasil se estabiliza tras su larga cultura inflacionaria, está matando una deuda externa que casi lo destruye -como sí le pasó a Argentina-, implementa el 'Brasil sin hambre' y pone la mira en la integración del Mercosur. Y este no es un tema sobre la tercera reelección sino de meditación, por simple comparación con nuestra inefable "confianza inversionista" y el embeleco de los TLC.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
6 de junio de 2009
Autor
Bernardo García

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