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Tomar la iniciativa

Los partidos uribistas deben hacer un pacto programático ya y no esperar a que el Presidente defina si aspira o no a un nuevo mandato.

A lo largo de los últimos días ha aumentado la confusión sobre el futuro político del país. Buena parte de la falta de claridad sobre lo que puede pasar en los próximos meses, cuando debería empezar en forma la campaña electoral hacia los comicios del 2010, está directamente relacionada con los tropiezos que ha encontrado la ley que convoca a un referendo para que los colombianos decidan si el Presidente de la República puede aspirar a un nuevo mandato.Aunque la iniciativa hizo ya su tránsito en el Congreso, falta que tenga lugar el proceso de conciliación entre las versiones del Senado y de la Cámara. Este ha tenido múltiples obstáculos por cuenta de diversas recusaciones y por el temor que algunos parlamentarios tienen respecto a la Corte Suprema. Dicha corporación les informó a 86 representantes que abrió una investigación preliminar por su participación en la plenaria del 17 de diciembre pasado, cuando la propuesta reeleccionista se salvó a última hora.Por cuenta de esa situación, el referendo ha entrado en una especie de hibernación, que podría prolongarse varias semanas. Aunque los enemigos de que Álvaro Uribe siga en la Casa de Nariño pueden congratularse, semejante escenario solo contribuye a mantener un clima de incertidumbre, que no le hace ningún bien al país. La incógnita por el lado legal, sumada a las enigmáticas reflexiones del Presidente, quien confiesa que tiene una encrucijada en el alma sobre su futuro, genera un compuesto pernicioso, que amenaza con atrofiar el correcto desarrollo de la campaña. A ningún aspirante al solio de Bolívar, ya sea del uribismo, del grupo de los independientes o de la oposición, le convienen tales circunstancias.En consecuencia, los partidos deberían reaccionar para evitar que se enquisten en el territorio nacional males vistos en otras latitudes. El deterioro de las colectividades tradicionales de América Latina y su falta de inserción en las masas han hecho que, en buena parte de la región, el único mecanismo que encuentran los mandatarios en ejercicio para garantizar la continuidad de sus políticas es la de reelegirse ellos mismos. En un escenario ideal, la manera de lograr la prolongación de un programa de gobierno es que la agrupación a la cual pertenece un presidente proponga, a través de un nuevo candidato, la reelección de esas políticas, las cuales, si han sido realmente exitosas, obtendrán el apoyo de los electores en las urnas.Colombia no es la excepción, aunque en su caso existen todavía manifestaciones partidistas que permitirían la consolidación de políticas eficaces, mediante mecanismos institucionales sólidos. No obstante, es evidente que en los últimos lustros la capacidad de convocatoria de los partidos tradicionales y su credibilidad se han deteriorado de tal manera, que la mayoría de los ciudadanos prefieren tener -como en otros países de la región y del mundo- una relación directa, sin intermediarios, con una persona carismática y con liderazgo al frente del Ejecutivo. Álvaro Uribe es un claro ejemplo de esa situación.Pero, en el caso de la circunstancia política que rodea al Presidente de la República, hay un grupo de partidos que hacen parte de la coalición de gobierno -'la U', el Conservador y Cambio Radical, principalmente- con suficiente peso cada uno como para proponer una plataforma programática común para los años que vienen y hacerlo mediante acuerdos que garanticen estabilidad institucional y debate serio de los más importantes temas de la actualidad. Tales agrupaciones siguen estando identificadas con los planteamientos básicos que las aglutinaron alrededor de la Casa de Nariño, y esos principios, con las naturales modificaciones por el paso del tiempo, siguen vigentes. Son esas colectividades, y no el mandatario en ejercicio, a quien formalmente le quedan escasos 14 meses de su administración, las que deberían estar proponiendo, de consuno, las alternativas a la coyuntura presente.¿Cuáles son esos temas? Fundamentalmente tres. Un acuerdo programático sobre lo que debe ser la plataforma de gobierno de los siguientes cuatro años, a partir del 2010; las reglas para la selección de un candidato único de ese sector con miras a las próximas elecciones presidenciales, y una postura común alrededor del referendo. Hasta el momento, hay una actitud inconveniente en esos partidos, que consiste en esperar a que la decisión sobre lo que debe suceder en esa materia esté en cabeza de Uribe. Todos se encuentran en posición de estatua, como en el juego infantil, a la espera de que el Jefe del Estado diga si se lanza o no o si apoya a un determinado candidato.El Presidente ha dicho en todas las formas que si la coalición que le es cercana genera la alternativa que garantice la reelección de sus políticas, estaría tranquilo. Y hay que creerle. Pero eso requiere madurez, cordura y capacidad de acción, que distan de las zancadillas que se han visto por estos días.Nada le haría más bien a la causa uribista, y a la propia democracia colombiana, que un proceso ordenado, que parta inicialmente de las ideas y después llegue a los nombres. Solo así se podría archivar en la forma apropiada el tema de la reelección presidencial, para darle paso a una campaña en la que se contrasten políticas y propuestas de todos los aspirantes en contienda.editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
6 de junio de 2009
Autor

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