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El caos organizado

Al principio era el caos. Dios decidió organizarlo y creó el gremio de transportadores privados de Bogotá. El supuesto Distrito Capital es la capital mejor desorganizada del planeta, al menos en materia de transporte urbano masivo. Examinemos lo ocurrido en la ciudad desde la liquidación de la Empresa Distrital de Transporte Urbano (EDTU), y encontraremos que los bogotanos hemos vivido de sainete en sainete, lo cual sería muy divertido si no fuera tan fastidioso para eso que los lingüistas denominan "movilidad ciudadana".

Hemos visto cómo desde 1947 hasta hoy los intentos por dotar de metro a la ciudad fracasan invariablemente de la manera más misteriosa; hemos visto cómo el 9 de abril de 1948, teas malintencionadas les prendieron fuego a los tranvías de Bogotá para castigarlos por la villana muerte del doctor Gaitán, pero los buses de las empresas privadas no sufrieron ni un modesto chamuscón. Hemos visto cómo doscientos buses trolley, que se importaron de la Unión Soviética para completar el parque de la EDTU, quedaron arrumados en un patio y se convirtieron en chatarra sin haber sido puestos jamás al servicio del público, vaya uno a saber por qué. Y hemos visto cómo la EDTU, que era una empresa modelo de eficiencia, la antinomia del caos, desapareció un buen día y dejó a los abnegados empresarios privados del transporte de amos absolutos de las calles bogotanas. Entonces fue cuando Dios dijo hágase el caos, y el caos se hizo.

Y en esas estamos. El sainete del transporte urbano de los últimos diez años sin duda es de lo más jocoso que pueda darse, y también de lo más eficaz para evitar que los transportadores privados pierdan el control férreo que mantienen sobre este negocio, uno de los más rentables que existen, y uno de los peor servidos, como lo sabe, por experiencia en carne propia, cualquier usuario. El único alcalde que ha tenido calzones para enfrentarse a los transportadores fue Enrique Peñalosa, a quien trataron de sabotearle su plan de TransMilenio, que tuvo que imponer con mano de hierro, aunque salió lo comido por lo servido. Las chatarras ambulantes (aquí llamadas buses por encantador eufemismo) que circulaban por la Caracas, y que fueron desplazadas de allí por TransMilenio, se apoderaron de la séptima y de otras vías, y no hay necesidad de describir el horror que eso representó, porque lo vemos y padecemos todos los días.

Nuestro alcalde actual, Samuel Moreno, ofreció en su campaña que haría el metro de Bogotá, oferta que casi todos los alcaldes han hecho con la mayor seriedad, que es la parte más cómica del sainete de nuestro caos organizado. El Metro del doctor Moreno Rojas está hoy embolatado como todos los metros anteriores. Como está embolatado el sistema único de transporte integrado. Lo único que no está embolatado es el caos, que los transportadores privados manejan con incuestionable maestría por ser el que conviene a sus intereses.

Los pasos del sainete actual son fáciles de apreciar. El doctor Samuel Moreno Rojas en su campaña ofrece hacer el metro de Bogotá, y con esa bandera saca la mayor cantidad de votos que haya obtenido hasta hoy un alcalde bogotano elegido por el voto popular. El alcalde saliente, dos días antes de irse, le deja amarrados contratos del TransMilenio a su sucesor, que ya son el primer garrotazo al proyecto del Metro. En seguida vienen las discusiones habituales. ¿Por dónde deberá ir la primera línea del Metro? ¿A quién se le adjudicarán los contratos para los estudios preliminares? El Gobierno nacional dice que no se puede subir al metro de Bogotá porque no hay plata. El alcalde Samuel Moreno se energiza y dice que el metro se hará, se suba o no se suba el Gobierno nacional. Más adelante el Gobierno nacional dice que, bueno, que está, que se sube al metro, pero que plata no habrá hasta 2017. Esto, "en plata franca", quiere decir que tampoco habrá metro. Por supuesto, se hicieron unos estudios, que costaron una burrada de dinero, y que ya se archivaron con los otros cuarenta y tantos estudios elaborados por otros tantos alcaldes. Si la plata que se ha gastado en estudios "de factibilidad" se hubiera empleado en hacer el metro, ya tendríamos por lo menos siete líneas en servicio.

Hace unos días el Secretario de Movilidad (¿movilidad o 'bovilidad'?) declaró que sí, que el metro se hace, que esta administración lo deja contratado y listo para ser inaugurado... no se sabe cuándo. Algún otro funcionario encareció que se tuvieran en cuenta los estudios elaborados para el proyecto del metro, no hace más de seis meses. El muchacho de la movilidad respondió que sí, que de pronto los tienen en cuenta. Ahora el señor contralor de Bogotá, el doctor Morales Russi, demuestra que es un experto en transporte y proclama que el TransMilenio debe ir por la séptima. El doctor Morales Russi no tiene idea de en dónde está parado, pero hace un buen papel en el sainete del caos.

En conclusión, Bogotá no tendrá metro, ni sistema de transporte integrado, ni nada distinto a la chatarrería tradicional, sino cuando los dueños de la chatarra resuelvan que el metro les conviene y den su permiso para hacerlo. La Alcaldía Mayor (y no digo la del actual alcalde, sino la de cualquier alcalde) no tiene el control del transporte público, y en consecuencia no puede, ni podrá hacer ningún proyecto al respecto sin la bendición de quiénes sí tienen ese control. Donde manda transportador, no manda alcalde. Lo demás no son sino promesas de campaña. Trate alguien de quitarle un hueso al perro que lo tiene entre la jeta y verá que se gana su mordisco.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
4 de junio de 2009
Autor
Por Enrique Santos Molano

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