La institución realizó análisis en copetones, una especie que está integrada al paisaje urbano de Bogotá y que se escucha al amanecer. Además, la contaminación auditiva perjudica su supervivencia.
Siempre se ha sabido que el exceso de ruido en las ciudades es enemigo de la salud de los humanos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde estrés hasta problemas coronarios se desencadenan cuando las personas están expuestas con frecuencia a la contaminación auditiva.
Pero los animales también sufren. El estudio, liderado por el biólogo Enrique Zerda, y en el que participaron estudiantes de biologÃa y medicina veterinaria, se concentró en los copetones, una especie de pájaro muy común en Bogotá.
Se compararon dos grupos de aves. Uno que estuvo sometido a ruidos por encima de los 70 decibeles y otro que fue expuesto a sonidos de no más de 30 decibles.
Luego de grabarlos durante un mes y en las horas pico, se obtuvieron 14 cantos, en los que se identificó la desaparición de algunas notas en las primeras y en las segundas fases de los sonidos producidos por las aves expuestas a mayor ruido.
"Los pájaros acortan el número de 'sÃlabas' usadas", explicó Zerda. Similar a si una persona, en lugar de decir 'carro', comenzara a decir 'ca'. También se detectaron alargamientos de algunos trinos habituales.
Más allá de un canto diferente, su variación tiene implicaciones para la reproducción de las aves, ya que su trinar es el equivalente al lenguaje. Por ejemplo, si la hembra no entiende lo que canta el macho, simplemente se abstiene de copular.
Asà mismo, el ruido, a largo plazo, puede incluso hacerles perder la capacidad de escuchar su propio canto. Investigaciones similares se harán ahora en colibrÃes y mirlas en el Parque Simón BolÃvar y en el JardÃn Botánico.
Estos animales no tienen escapatoria en Bogotá, ya que según el Grupo de Sostenibilidad Urbana de la U. de los Andes, en la capital los niveles promedio de ruido superan los 70 decibeles, lÃmite máximo recomendado por la OMS. En la carrera 30, la Autopista Norte o la Avenida 68 en Bogotá, el sonido en el medio ambiente es mayor a los 80 decibeles.
JAVIER SILVAREDACTOR EL TIEMPO
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