Happy-Go-Lucky es el título de su versión original. Siendo una recreación de la vida cotidiana, específicamente londinense, se presentan situaciones disímiles dominadas por gentes grises y tristes, sin que la permanente sonrisa de una maestra treintañera logre cambiar y menos superar los pequeños problemas surgidos a su alrededor. Sally Hawkins interpreta a una singular criatura apodada Poppy: llena de optimismo, eufórica y divertida, altruista y demasiado generosa con quienes le rodean -vecinos, colegas, familiares, párvulos y... admiradores-.Esta dicharachera institutriz se convierte en el eje de una comedia social y sentimental, menos tonta que los últimos entretenimientos frívolos e irrelevantes fabricados en serie por Hollywood. Su actuación resulta excepcional, no obstante una sobreactuada sonrisa y el intento algunas veces forzado de lucir graciosa -lo que ahora se le llama chica intensa-. Como si ella viera el mundo en brillantes colores y desconociera las tonalidades grisáceas a orillas del Támesis, intenta bailar flamenco para lucir sensual y manejar un coche que le acarrea discusiones con su rígido instructor.El director y escritor británico Mike Leigh siempre se ha destacado por el riguroso manejo escénico para desarrollar el guión durante su rodaje y preparar actores (no estrellas), que parten de una idea preconcebida y profundizan, palmo a palmo, en sus tipologías consecutivas. Si lo conocemos por piezas maestras como la apabullante Secretos y mentiras, al igual que por la depresiva Naked (Desnudo) y su minuciosa Vera Drake, ahora nos encontramos con una regocijante comedia que nos obliga a sonreír durante su proyección, pero que al final sólo nos va a dejar la sensación de una vida en rosa para personas sin mayores ambiciones.Perteneciente a una familia de inmigrantes judíos, Leigh (antes Lieberman) se ha propuesto retratar a la clase obrera y, de paso, penetrar en las tensiones propias de diversos trabajadores independientes de su amada Londres. Poseedor de vasta experiencia teatral, como libretista y director, se le reconoce su capacidad de afinar técnicas de improvisación y construir variados caracteres. También puede mostrar las banalidades de ciertos estratos medios, con ironías en torno a una sociedad disfuncional aparentemente satisfecha a imagen y semejanza de las secuelas dejadas por la era Thatcher.Con un desinhibido guión postulado este año al Óscar, declarada la Hawkins como mejor actriz en el Festival de Cine de Berlín y por los exigentes corresponsales extranjeros de Los Ángeles, el método Leigh parece momentáneamente naufragar en medio de frases ingeniosas y lugares comunes.laurens@etb.net.co
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