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Adiós a 'Padres e hijos' (El otro lado)
Una costumbre nacional desaparece: ver Padres e hijos después del almuerzo. Todos lo criticábamos, todos nos burlábamos, pero lo veíamos con gozo y nos va a hacer falta.
Padres e hijos fue un producto de Colombiana de Televisión, Malcom Aponte y Andrés Córdoba, que acompañó los almuerzos colombianos durante los últimos 17 años. Todos vimos crecer y sufrir a Danielita Franco. Duró mucho y fue siempre tema de conversación, risa y cuento. ¡Será por siempre un clásico de la telecultura colombiana!
¿Por qué duró tanto?
1. Fue una historia bien diseñada: contar a la familia colombiana en su proceso de ver crecer los hijos y para la hora del almuerzo, ese momento en que queremos relajarnos y pensar poco, ese ritual en que lo mejor es conversar y qué mejor que una serie de ficción para poner los temas de diálogo familiar. Lo más familiar el almuerzo.
2. Las historias del programa podían pasar en cualquier familia colombiana, pero se contaba desde el deseo y no se hacía neorrealismo, eso significaba que por más grave que fuese el asunto, al final del capítulo se resolvía. Moraleja: eso permitía que el televidente soñara con que todo puede ser fácilmente solucionable.
3. Se convirtió en parte de nuestra vida cotidiana, vimos como Danielita y la familia Franco iban creciendo, conviviendo y sufriendo. Sabíamos más de esta familia que de nuestra propia casa. Los personajes parecían nuestros y nos permitían identificarnos.
4. Tenía personajes que generaban controversia emocional, disputa pública, comentario de peluquería en la radio. El mejor personaje era Danielita. Colombia se veía en ella para encontrar lo que no nos gusta de nosotros mismos. Locierto es que los colombianos llevamos una "danielita en el corazón", tenemos todos algo de ella.
5. El programa se convirtió en laboratorio de los nuevos actores. Ahí se probaban y exhibían los que querían llegar a las telenovelas sin estudiar nada. Eso convirtió al televidente en juez que, con capacidad crítica, graduaba a los nuevos de la pantalla.
6. Su realización y puesta en escena era, no por intención, desparpajada y desprolija. Se notaban la pobreza en vestuario, en continuidad, en locaciones, en fotografía, en actuación. Su narración audiovisual era mala. Y este defecto se convirtió en virtud: el televidente se sentía muy inteligente porque podía criticar todo del programa, se veía por el goce de criticarlo y sentirse superior.
7. Nos graduó a todos de críticos de televisión. Gracias, Padres e hijos, por existir. Nos va a hacer falta. ¿Por qué si era tan buena tuvo que desaparecer?
OMAR RINCÓN
CRÍTICO DE TELEVISIÓN
orincon61@hotmail.com
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Gente
- Fecha de publicación
- 31 de mayo de 2009
- Autor
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