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Turismo sexual con menores ahora tiene a Bogotá, Cúcuta, Cali y Medellín como nuevos destinos

Aunque ciudades como Cartagena y Santa Marta siguen siendo las más afectadas, el mapa de los que buscan sexo con jovenes de menos de 18 años tiene al menos ocho puertos importantes en Colombia.

Este delito que esta semana revivió en la legislación colombiana gracias a una ley que endureció las penas contra los que trafican y los que compran en ese mercado humano, hace rato desbordó las playas de la Costa Caribe.

Se trata de un negocio directamente relacionado con la pobreza -en varios de esos 'destinos' las víctimas son niños desplazados- en el que la mayoría de clientes son ahora colombianos y que funciona gracias a redes en las que no pocas veces participan familiares del menor.

El mercado humano de Sucre, por ejemplo, lo mueven indígenas zenúes que ofrecen niños de esa comunidad a los turistas que visitan las conocidas playas de Tolú y Coveñas los fines de semana.

En Bogotá, a donde cada día llegan centenares de visitantes de todo el mundo, la oferta de turismo sexual es esencialmente gay y funciona a través de las redes tradicionales que se mueven por el centro y el norte de la ciudad.

Las investigaciones de la Policía han detectado, además, que de la capital sale una ruta hacia municipios del sur de Cundinamarca, especialmente Girardot, donde hay un intenso mercado de prostitución de niñas. Muchos de los clientes son extranjeros que  trabajan en Bogotá.

Los niños más pequeños no llegan de otras zonas del país, pues el traslado implicaría un alto riesgo para los proxenetas. Los sitios de reclutamiento siempre son zonas de invasión, plazas de mercado y sectores populares donde los menores deambulan rebuscándose la comida.

Un estudio de la Fundación Renacer, la ONG que más ha investigado el tema, señala a Medellín, Cali y Cúcuta como mercados emergentes. "En virtud de su importancia como polos de desarrollo (...) estas ciudades reúnen la condición básica del turismo sexual: transitoriedad de los visitantes y oportunidad de acceso a niños".

En Cali, con la caída de la tarde aparecen los niños deambulando por sectores 'play' del oeste, donde la presencia de turistas es alta por la oferta de restaurantes y sitios de cultura y rumba. El contacto lo hacen personas mayores (a veces, familiares o novios) que, como sus víctimas, viven en sectores deprimidos del oriente.

El caso de Cúcuta es clave porque allí confluyen redes de trata de personas que se mueven entre Colombia y Venezuela.

"Los niños son contactados a través de Internet por los abusadores, ubicados en Venezuela -dice Renacer-. Luego envían automóviles o camionetas (que usualmente no son registradas por las autoridades por tener placa del vecino país) y se los llevan a San Cristóbal, donde son abusados". Otras veces tienen que caminar horas enteras a través de trochas sin vigilancia para llegar a sus clientes al otro lado de la frontera.

En el otro extremo del país, en puertos sobre el Pacífico como Tumaco y Buenaventura, los clientes no son solo turistas sino marineros extranjeros (los 'desembarcados') que tienen contactos establecidos que están pendientes de su llegada. Otros clientes habituales que no son propiamente turistas son los camioneros. En las carreteras y en puntos de descanso de los viajes el negocio de la prostitución infantil es intenso. 'Llanteras' les dicen a esas niñas.

No hay denunciasTaxistas, botones y vendedores ambulantes reciben su comisión por guiar a los clientes hasta sus víctimas. Pero los dueños de residencias y hoteles de mala muerte son claves en esa cadena porque proveen un escenario discreto para ese delito. Por eso, la nueva ley establece extinción de dominio para los sitios donde se prostituye a menores.

Aunque algunos clientes pueden llegar a pagar hasta $ 200 mil por ese tipo de servicios, los niños reciben apenas las migajas: les pagan con comida o, incluso, con droga.

El turismo sexual es apenas una cara de la explotación de menores, un drama que viven en el país entre 25 mil y 30 mil niños, según cifras de Unicef y la Procuraduría. La radiografía es aterradora. En promedio, los niños dedicados a la prostitución empezaron en ese mundo a los 9 años, pero hay decenas de casos reportados en los que la edad de inicio no llegaba a la mitad.

El Estado, entre tanto, parece impotente. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, en lo corrido del 2009, ha recibido 206 denuncias de prostitución, pornografía y turismo sexual infantil. La cifra en el 2008 cerró en 500 casos.

Las estadísticas de la Fiscalía son todavía más desalentadoras. En el 2006, por ejemplo, se recibieron menos de 50 denuncias por explotación sexual y pornografía de menores.

Victimarios, muchas veces en la casa

El caso de José Ospina Betancurt, capturado por el CTI de la Fiscalía, es fiel reflejo de las situaciones en las que los padres de familia convierten a sus hijos en víctimas de pornografía infantil y abuso sexual. Un juez de Manizales lo condenó a 10 años de prisión por drogar a su propia hija y luego desnudarla para tomarle fotografías que almacenaba en un computador.

En otro caso el victimario aparentó ser amigo de la familia. Ocurrió en San Jacinto (Bolívar) donde una niña fue convencida por un amigo -menor de edad- para que permitiera que Alberto Carlos Fernández Buelvas la fotografiara semidesnuda.

A la niña le ofrecieron 40 mil pesos por las fotos y luego Fernández las 'quemó' en CD y vendió los discos a 2 mil pesos por las calles del pueblo. El CTI lo capturó hace dos meses en Carmen de Bolívar y le incautó un video pornográfico protagonizado por otra menor de edad.

Otro caso similar ocurrió en Sincelejo. Allí, David Villamizar Almanza invitó a un grupo de adolescentes a un centro recreacional. El CTI estableció que las drogó y luego hizo con ellas un video que pretendía comercializar en varios municipios de la Costa. En el Nelson Mandela, sector deprimido en Cartagena, un tendero vecino fotografió desnudas a cinco niñas de entre 11 y 15 años a cambio de mercados.

El mercado gay en Bogotá

Su rostro no refleja más de de 15 años. Se fuma un cigarrillo sentado en una canasta de gaseosa y en ese momento le timbra el celular y él observa el número en la pantalla del aparato. Es un nuevo cliente.

Son las 8 p.m. del viernes pasado y a medida que avanza la noche el ambiente se torna sórdido en la zona de la calle 24 con Carrera Séptima, esta última avenida cerrada al tráfico de vehículos para dar paso al 'Septimazo'.

Ese lugar, reconocido como uno de los tradicionales puntos de encuentro gay en Bogotá, es frecuentado por extranjeros que visitan la capital y que usualmente se alojan en posadas del centro, donde hay empleados que saben del negocio y tienen contactos establecidos.

Ellos guían a los clientes hasta los lugares de encuentro -uno de ellos, un local de 'maquinitas'- o manejan números celulares, cuando se pide mayor discreción.

"Son niños y por 15 ó 20 mil pesos hacen lo que sea. Lo peor es que la plata se la tiran en maquinitas y marihuana", dice un vendedor ambulante.

Y agrega: "Se trata de un grupito. El mayor no debe tener más de 13 años y el más pequeño máximo tendrá unos 11 años".

Sin embargo, no solo en esa parte del centro de Bogotá se comercia con la inocencia de los niños a los ojos de todo el mundo.

"En ese sitio que llaman el Parque de la Mariposa, en San Victorino, se consiguen niños y niñas, pero allá hay que ir de día", cuenta un taxista.  A las 10 de la noche, cuando el Septimazo está a punto de terminar, el local de 'maquinitas' ya ha cerrado. Lo único seguro es que los muchachos que se paraban cerca de la puerta o que jugaban 'air hockey' y el jovencito que fumaba sentado en la canasta de gaseosa volvieron el sábado, después del mediodía, a vender sus rostros infantiles en esa zona.

Por pornografía infantil, 250 páginas bloqueadas en Colombia

Una simple búsqueda en Internet con dos palabras: pornografía y niños, abre un catálogo de aberraciones que las autoridades del mundo todavía están lejos de controlar.

Se encuentran desde ofertas de trabajo -quienes buscan niñas para hacer una película porno en Cundinamarca- hasta correos electrónicos para establecer contactos con redes de prostitución infantil.

El Ministerio de Comunicaciones, a través de su campaña de Internet Sano iniciada en el 2002, ha logrado bloquear 1.250 páginas y direcciones electrónicas con pornografía infantil. De estas, unas 250 fueron creadas en Colombia.

"Las denuncias de los usuarios son transmitidas a la Unidad de Delitos Informáticos de la Dijín, que determina si deben ser bloqueadas", señala Humberto Suárez, abogado del Ministerio. La pornografía en internet no trafica solo con imágenes explícitas de sexo: los chats con comentarios obscenos y voces infantiles son muy frecuentes. Cinco mil personas en el mundo tienen circular roja expedida por Interpol por ser consumidoras o traficantes de pornografía infantil. Varios de esos depredadores pasaron por Colombia.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
30 de mayo de 2009
Autor

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