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Una experta aconseja preservar la felicidad del alma infantil

Educación y emociones. Dos aspectos que por lo general transcurren independientes en la vida de un niño, en el hogar y en el colegio.

La primera, dicen, rima mejor con matemáticas, ciencias o historia, y la segunda, tiende a relacionarse con debilidad o sensiblería. Juntas, casi nunca se nos presentan.

La psiquiatra chilena Amanda Céspedes, por el contrario, ha construido con esas dos palabras -juntas e inseparables- una teoría que trabaja hace muchos años y que sostiene que ellas deben ser la base de la formación de cualquier menor que aspire a ser feliz y próspero en la vida.

"Pienso que enseñar a un niño a conocerse emocionalmente es el mayor valor ético que se le puede ofrecer", le aseguró Céspedes a EL TIEMPO, en entrevista telefónica desde Chile.

Y agregó: "He tenido unos dos mil niños en mi consulta, y han sido decenas quienes han cambiado su conducta, devolviendo a los padres la serenidad e invitándolos a enfatizar el importante rol del amor comprensivo".

Precisamente esas experiencias de 26 años y las enseñanzas que le han dejado sus pacientes las ha reunido en el libro Educar las emociones, educar para la vida, que busca enseñar a los adultos a cambiar el paradigma del autoritario y dominante por uno comprensivo e intuitivo, que sepa utilizar las herramientas para una comunicación afectiva y efectiva, necesaria en este mundo moderno.

Para Céspedes en el siglo XX el mundo adulto invirtió mucho tiempo y esfuerzos en perfeccionar las metodologías y filosofías educativas orientadas únicamente al logro académico, creyendo ciegamente que el conocimiento entregado por el colegio era suficiente en la tarea de producir adultos exitosos.

Las emociones, por lo tanto, quedaron relegadas al ámbito privado del hogar y han sido dejadas en manos de un solo factor: la disciplina, que tiene como objetivo conducir al niño a dominar sus emociones para mantenerlas a raya en su viaje hacia la adultez.

"Este tipo de educación es una de las principales explicaciones de las gigantescas tasas de deserción escolar, violencia y divorcios", asegura Céspedes.

En su libro, da claves a los padres para que se relacionen en forma permanente con los niños, para contenerlos, guiarlos en su formación emocional y desarrollar sus potencialidades y talentos, sin perder la felicidad propia del alma infantil.

Aprenda de las emociones

Educar emocionalmente a un niño es prepararlo para la vida, no solo darles cultura y conocimiento, creyendo ingenuamente que así van a triunfar.

Disciplina significa poner énfasis en el mal acto que cometió un niño y que amerita sanción. El énfasis está en qué castigo le voy a dar.

El castigo y la imposición no son las únicas herramientas para imponer normas y límites a los niños.

Cuando se educa en las emociones, en cambio, no considera el hecho, sino por qué se produjo, es un momento ideal para reflexionar con el niño, invitarlo a que se de cuenta del error que cometió para que no vuelva a hacerlo.

Creer en ellos. Todos excepto una minoría, son muy sabios, pero su sabiduría es potencial: solo se actualizará en el trato cariñoso y la guía de un adulto afectuoso.

El amor es una fuerza generativa inmensa y es clave que los padres y educadores comprendan el rol que juega la construcción de una emocionalidad sana.

La educación emocional implica el logro de la libertad interior, algo que ningún niño puede llevar a cabo sin ayuda.

No educar emocionalmente a un niño es enviar al futuro un adulto sin recursos para vivir.

Cómo formar desde los sentimientos

La educación de las emociones prepara al niño para ser un adulto emocionalmente sano, conocerse a sí mismo y contribuir al bienestar y la felicidad de quienes le rodean. Esta formación debe ser dada por los adultos 'significativos' (papás, hermanos y maestros), y extenderse por los primeros 20 años de la vida. Eso implica amarlo, respetarlo, velar por su bien, protegerlo, valorarlo y aceptarlo sin condiciones.

Comprensión o falta de autoridad

Una de las preguntas más comunes en los padres es si sus niños no confundirán afecto y comprensión con falta de autoridad. La experta asegura que no, que los niños son muy sabios y cuando tienen frente a sí a un adulto cariñoso y comprensivo, se sienten invitados a respetarlo y a ser considerados y gentiles con él o ella.
Es clásico el caso del niño que es gentil y cariñoso con los abuelos y muy bravo con los papás.

CECILIA MONTOYA
REDACTORA DE VIDA DE HOY

Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
22 de mayo de 2009
Autor

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