Una oportunidad para Moncayo

Una oportunidad para Moncayo


21 de mayo de 2009, 05:00 am

Durante los dos gobiernos del presidente Uribe, las Fuerzas Armadas de Colombia, en sí, han sufrido un gran desprestigio, desgaste y desmoralización muy íntima. Los gravísimos falsos positivos han sido una pesada carga de crímenes de Estado agregada  a criminales casos de cohecho con el narcotráfico y el paramilitarismo. En el plano internacional, la Unión Europea decidió cortar la ayuda económica al Ejército colombiano y el Plan Colombia refleja recortes de cara económica y visos de censura.

Las cortes marciales y civiles han estado ocupadas atendiendo casos de miembros del Ejército de diferentes rangos. Un sombrío consuelo es que el servicio de inteligencia DAS, al servicio de la presidencia, también ha sufrido las mismas consecuencias.
En esta nueva historia de Colombia llega la propuesta de las Farc para la liberación del cabo primero Pablo Emilio Moncayo, un representante y un ejemplo vivo de la humillación de once años y medio que las Farc les han infligido a las Fuerzas Armadas. Ni un ejército superior ni las mejores unidades antiguerrilleras han podido en casi ocho años liberar a uno de los suyos. Eso de que cada miembro del Ejército caído en manos del enemigo tiene el inmediato respaldo del Gobierno ha desaparecido notoriamente durante las administraciones del Dr. Uribe, en negligencia y abandono.

Fallar en la liberación de cada soldado del Ejército, vivo o muerto, pone en tela de juicio cualquier sistema de seguridad del Estado y pone por el suelo el agradecimiento que el Estado les debe a sus Fuerzas Armadas. Peor y más humillante para las Fuerzas Armadas y el Gobierno, si los capturados por las Farc han sido quienes luchaban contra ellas. Y cuando han sido las Farc las que han liberado a más militares unilateralmente que los que el Gobierno haya gestionado liberar.

En los gobiernos donde las Fuerzas Armadas juegan un papel estratégico no se permite que el enemigo tenga en su poder a uno solo de los miembros del Ejército. Israel ha intercambiado cientos de prisioneros de grupos armados palestinos por lo restos de uno solo de sus soldados y ahora está negociando por meses la liberación del soldado Gilad Shalit. Los Estados Unidos también han dado ejemplo de recobrar lo más pronto, y de todas las formas posibles, a los miembros de su ejército en poder de sus enemigos.

La mayoría de liberaciones de soldados se han hecho por negociación, aunque la minoría de rescates haya sido tan espectacular que haya llegado a las pantallas del cine. Porque, recuperar al soldado vivo y lo más pronto posible es la prioridad y no, jamás, el espectáculo que un rescate armado pueda suscitar.
Israel y Estados Unidos saben muy bien que solo la liberación inmediata y prioritaria de los miembros de sus ejércitos pone en el plano nacional, internacional y en la moral de las Fuerzas Armadas la solidaridad del gobierno, lo que vale para el gobierno cada uno de quienes combaten por el Estado y sobre todo lo que le importa el honor de la Fuerzas Armadas mismas.

¿Por qué las Farc mantienen por años a los secuestrados? La respuesta es obvia. Cada segundo y cada minuto que un miembro de las Fuerzas Armadas colombianas esté bajo la custodia de las Farc es un segundo y un minuto más que demuestra la impotencia del gobierno, la inefectividad de la seguridad y el abandono de los militares por su propio Comandante en Jefe, deja a las claras las fallas de la inteligencia del Estado y principalmente la incapacidad del Gobierno para devolverles la libertad y retornarlos al servicio del Estado y a sus familias. Para un gobierno que honre a sus Fuerzas Armadas no tiene precio la liberación de sus militares en manos del enemigo, pues necesita evitar cualquier humillación que se le pueda infligir a sus soldados, no puede abandonarlos y menos aceptar que, por un segundo o un minuto, los ultraje la segura y triunfadora custodia del enemigo.

En Israel y Estados Unidos es impensable elevar el rango de un soldado mientras esté en manos enemigas, porque significaría elevarles el valor de su presa. Sería regalarle un galardón más al enemigo. Fuera de liberar al soldado, vivo o muerto en manos del enemigo, el resto no son más que vacíos espectáculos mediáticos, una burla grotesca a sus familiares y a las Fuerzas Armadas.

En nuestra Colombia, el gobierno del presidente Uribe, en ocho años ha sido incapaz de lograr entregarles a sus familiares los restos del ahora general Luis Mendieta e inconcebiblemente impide la liberación del cabo Moncayo en lugar de acelerarla. Como María Isabel Rueda lo explicó detalladamente el 2 de mayo aquí, en EL TIEMPO, y que concluyó con tino: "... por la liberación de Pablo Emilio Moncayo, el de Piedad es un costo absolutamente pagable".
La fiesta que hay que impedirle a las Farc es la de mantener a nuestros militares cuanto se les dé la gana, no la última, cuando la libertad  triunfa.

Las Farc secuestraron con éxito a esos militares y los mantienen en su poder, vivos o muertos.  No está en el interés nacional e internacional del Gobierno prolongar ese éxito.
Señor Presidente, por agradecimiento a las Fuerzas Armadas y por su integridad y honra, en sus gobiernos heridas, es más urgente que nunca que usted acepte la libertad de uno de sus representantes y heroico defensor de la ley y el orden de nuestra nación: el cabo primero Pablo Emilio Moncayo. Déles a las Farc la fiesta mediática que quieran, porque devolverlo a su familia y acabar la humillación de 11 años y medio a un miembro del Ejército son invaluables deudas que se les deben pagar a las Fuerzas Armadas y a la nación sin más excusas ni añadiduras.