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Claudia Elena Vázquez y Kathy Sáenz, en cinta

Por primera vez, las mujeres que se robaron el corazón de Carlos Vives y Sebastián Martínez, decidieron reunirse para hablar de todo: sus vidas, sus familias, sus parejas y sus secretos.

Estas dos mujeres andan completamente 'encintadas'; aunque el destino las ha llevado por caminos diferentes, las dos se reconocen apenas se encuentran. Ambas fueron reinas (Claudia Elena Vásquez fue Señorita Colombia en 1996 y Kathy Sáenz, virreina nacional en 1992). Pero sus historias personales no terminaron ahí. Encontraron el amor de sus vidas, se convirtieron en madres y consiguieron consolidar sus carreras. Ahora Claudia Elena y Kathy, la ingeniera química y la actriz, están juntas, como mujeres, para enviar un mensaje al país entero.

"¡Qué vaina con Claudia Elena!"

Esa -la del título- es quizá la frase preferida de Carlos Vives. No sería raro. Es que en la vida de la paisa y el costeño las cosas han quedado claras desde el principio: él es el músico, el artista, el rey de las tamboras y de la 'guachafita'; ella, en cambio, es el polo a tierra, la planeación, la ingeniera, al fin y al cabo.

Claudia Elena lo reconoce y tiene claro que a su lado tiene a un papá alcahuete, pero esa idea no la preocupa, por el contrario, la divierte. La emociona pensar en que Elena (su primera hija) está creciendo rodeada de sombreros vueltiaos, acordeones y vallenatos. Es más, es probable que cuando comience a hablar lo primero que diga sea alguna frase de la canción que su papá le compuso para el disco que lanzará en julio: "El vallenato se llama 'La bogotana', es para ella, la cachaquita que me tiene loco, así dice el papá".

La vida de la ex Señorita Colombia cambió radicalmente desde el 25 de julio del año pasado, cuando llegó Elena, su primera hija. Los detalles de ese día, el del parto, están presentes en la memoria de Claudia como si fueran una película: "Yo estaba preparada para un parto natural, pero al final hubo que hacer cesárea. En la clínica le dije al médico que quería que entrara todo el mundo. El problema es que ese día Carlos estaba lanzando el disco 'Pombo musical' en Cartagena. Me llamó todo el tiempo y a las 7 p.m. llegó a Bogotá a conocer a Elena".

Sin duda, la de Vives y Claudia Elena es una familia muy colombiana, de esas que son capaces de convertir en fiesta un problema inmenso y hasta escribirle una canción. Es más, no sería extraño que Vives terminara componiéndole a su paso por los cursos prenatales, porque allá también terminó metido: "Era para morirse de la risa, porque, por el fútbol, a él no se le doblan los pies y no puede sentarse en posición de loto. Nos hicieron entrar a la sala de meditación, se sentó y el cojín sonaba todo el tiempo; es hiperactivo. Lo único que dijo al final fue: ¡Más nunca me vuelvas a traer a una cosa de estas!"

Seguramente después de aquella experiencia, el músico cogió su bicicleta (porque no ha perdido la costumbre, aun en la capital) y se fue para Gaira, el restaurante-bar que montó con su familia, a descargar la energía que tuvo acumulada durante la hora y media que duró la clase. Ese es el santuario en el que Vives consigue desconectarse del mundo para dedicarse a lo que más le gusta: crear.

A Claudia Elena la emociona hablar de su hija, por eso dice que "Elena se parece al papá" (el progenitor completamente de acuerdo) y que entre sus planes está darle un hermano, aunque no descarta la idea de que la cifra final de hijos llegue a cuatro. Pero mientras eso pasa, mientras a Vives se le crece la familia, mientras Vives arregla la bicicleta y compone canciones, la rubia, la que 'huele a hierba en su pelo, la que goza pariendo un sueño' (como dice 'Déjame entrar', la canción que los unió), sigue haciendo precisamente eso: gozando, pariendo sueños. "Estoy haciendo el proyecto de mi vida. Un club spa, un espacio de cuatro pisos, dos mil metros cuadrados, una idea que tenía desde hace años y al fin se va a hacer realidad". Ahí está pintada Claudia Elena, muy paisa, 'berraquita', como diría doña María Elena, su mamá.

Así es la mujer que tiene a Carlos Vives cantando más vallenatos que nunca.

Las carreras de Kathy

Imaginen a Sebastián Martínez, el galán que enloquece a miles, con chaqueta de cuero, casco, una moto de alto cilindraje y... pañalera.

Ahora imaginen a Kathy Sáenz, la actriz que hoy habla con orgullo de su papel de mamá (tiene a Shenoa -de 4 años-, a Alana -de 2 años- y a Amador -de 2 meses-), preocupadísima porque los niños salían corriendo apenas la veían. Una especie de tía cuya sola presencia genera pánico colectivo.

Las dos historias, la del motociclista con pañalera y la de la mamá emproblemada, son completamente ciertas. Kathy Sáenz habla con franqueza y reconoce que a pesar de tener los privilegios que la vida le ha dado también ha tenido que vivir las duras y las maduras aprendiendo a ser mamá. "Ser mamá no es todo color de rosa".

Kathy ya se acostumbró a ver salir a Sebastián con la moto y la pañalera. Esa fue la manera que encontró el actor para seguir con su hobby sin perderse ningún momento lejos de Amador, su primer hijo (aunque Kathy, por ese afecto de mamá que quiere a toda costa alejar a sus hijos del riesgo, insiste en que Amador no va a ser motociclista). Bueno, esa es solo una de las estrategias, pues Sebastián y Kathy se armaron de un equipo compuesto por una enfermera y una empleada adicional.

Fue por esa misma razón, por la manera como se les creció la familia, que tuvieron que mudarse a una casa grande a las afueras de Bogotá, en donde todos pudieran correr. Y es que en la familia Martínez Sáenz todos aprendieron a correr. Corren Shenoa y Alana por toda la casa, corre Sebastián en moto para llegar rápido y estar con sus hijos y la última vez, la que más tuvo que correr fue Kathy, cuando se vacunó contra la influenza, se enfermó y, sin quererlo, le pasó la gripa a Amador. De esas carreras ha quedado un curso completo. La bogotana ha resultado una experta en memorizar libretos y, al tiempo, aprender los secretos de tener niños (esos que antes le huían). "La regla dice que el primer bebé se parece al papá y los que siguen siempre a la mamá; además, aprendí que tener dos bebés es mucho más complejo que tener tres. Al menos con el tercero ya no toca andar con doble pañalera, doble tetero, etc.".

Eso sí, a pesar de lo moderna que pueda llegar a ser como mamá, hay algo en lo que la ex reina no está dispuesta a ceder: "Quiero darles leche materna hasta donde sea posible".

Kathy habla con tono de experta en la materia: "A Shenoa la lacté 8 meses porque quedé embarazada de Alana, pero por los medicamentos no pude seguir haciéndolo. A Amador lo estoy lactando y espero hacerlo por un buen tiempo". La teoría de Kathy tiene todo el peso. Es más, dice que fácilmente podría pensar en el perfil de cada uno de sus hijos a partir del tiempo que estuvo alimentándolos por su cuenta: "Shenoa tiene perfil de ejecutiva, porque es directa, tiene claridad para decir lo que quiere. Alana es deschavetada, es fresca, y le fascinan los animales, pide pollitos, pescados, ahora me pidió patos... ¡va a ser la terrateniente de la casa!".

Kathy Sáenz sabe que en esta carrera todavía falta camino; pero eso sí, hay algo que tiene muy claro: "Si a uno le sueltan ese negocio así es porque lo puede hacer".

Aliadas por la vida

Es la responsabilidad como madres y como mujeres la que hizo que Claudia Elena y Kathy aceptaran hacer parte de la Pasarela Rosa Avon 2009. El 3 de junio, en el restaurante El Techo, de Bogotá, ellas, junto a otros famosos solidarios, mostrarán las creaciones de varios diseñadores colombianos en torno a la vida y la esperanza. La idea es que, nuevamente, las colombianas conozcan la importancia de la detección y la prevención del cáncer de seno.

Por Ronald Mayorga
Fotografía: Mauricio Daza
Producción: Chiqui Luna Morera

Publicación
elenco.com.co
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
18 de mayo de 2009
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