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Una de las colecciones de huevos más grandes de Latinoamérica está en Colombia; tiene 25 mil piezas

Esta muestra oológica, fruto del trabajo de años del médico holandés Cornelis Marinkelle, sirve para estudios científicos sobre la contaminación que afecta a las miles de especies de aves.

Durante 60 años, y desde 1940 aproximadamente, el científico se dedicó a perseguir nidos de colibriés, aves rapaces y acuáticas, y de muchas colombianas como el picabuey, hasta reunir 25 mil huevos de 100 países, en una actividad exigente y a la vez arriesgada en la que debía estar siempre en el lugar correcto, en el momento preciso y en aquellos sitios donde literalmente 'ponen las águilas'.

La colección de Marinkelle, considerada como una de las más grandes de América Latina, y que les compite a las de los prestigiosos museos de Estados Unidos o Europa, está en Colombia, más exactamente en Villa de Leyva (Boyacá), vigilada por el Instituto Von Humboldt.

De acuerdo con Claudia Medina, curadora de la entidad y encargada de su cuidado, la muestra está abierta al público para estudiantes y universidades, y también a disposición de la comunidad científica que quiera desarrollar estudios.

Porque al margen de que sean verdes, rojizos, amarillos intensos, con diseños espectaculares, alargados o tan pequeños como un tic-tac, los huevos prestan un enorme servicio investigativo, ya que permiten saber a qué sustancias nocivas estuvieron expuestas las aves, como químicos, pesticidas o metales pesados que suelen acumularse en los cascarones.

Hoy es una práctica ilegal

La recolección de huevos es hoy una práctica ilegal y antiecológica, y solo es autorizada para estudios académicos o científicos, esto debido a la extinción que enfrentan muchas especies de aves en el mundo.

Marinkell heredó este hobbie de su abuelo, que lo comenzó en 1840, y de su padre. Ambos le regalaron algo más de 50 unidades cuando era adolescente. Pero luego de educarse en La Haya, lo continuó con mucho más entusiasmo durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se enroló en el ejercitó holandés y viajó a Indonesia, antigua colonia de los Países Bajos.

En una entrevista que le concedió al Instituto Von Humboldt, y a la que EL TIEMPO tuvo acceso, Marinkelle explica que precisamente en una de sus jornadas de recolección fue secuestrado por un comando guerrillero durante 8 meses cerca de la isla de Java.

Logró fugarse y su pasión no terminó. Además de buscarlos en Japón, Congo, Uganda, India, Pakistán, Nepal, y también en Uruguay, Colombia y Australia, hizo muchos intercambios con instituciones de todo el mundo y diseñó unas cajas especiales para que nunca se muevan y se rompan.

También ha desarrollado explicaciones hipotéticas frente a su forma. "Usted nunca verá un huevo redondo porque eventualmente rodaría y no lograría incubarse. Es probable que su apariencia la adquieran para que puedan ser fácilmente incubados, y también por la forma del nido", explica el científico, que en 1969 fundó el Centro de Investigación de Microbiología y Parasitología Tropical, de la Universidad de los Andes.

Las muestras oológicas, como se llaman este tipo de colecciones, requieren un cuidado especial desde que se obtienen. Al huevo, una vez en las manos, y siempre que no esté incubado, se le debe abrir un hueco para sacarle todo su contenido, explica Marinkelle.

"En algunos, el orificio es tan pequeño como la punta de un alfiler, y deben vaciarse durante varios días. Esos son los más preciados", explicó.

'La exhibición es un privilegio'

Claudia Medina, bióloga, entomóloga y curadora de la colección, le explicó a EL TIEMPO que los huevos hacen parte de un conjunto de compilaciones biológicas que el Instituto Von Humboldt tiene en Villa de Leyva y que incluyen más de 490 mil especímenes
Medina opina que tener este conjunto de huevos en Colombia es un privilegio, ya que su recolección siempre fue una costumbre muy europea que no se vio con frecuencia en América Latina. La curadora informó que la colección oológica ocupa 15 gabinetes de madera con 240 cajones.

Los huevos están sobre algodón y dentro de cajas protegidas con vidrio. Por eso cada uno se puede ver independientemente. Otros están agrupados por nidadas. Los hongos son su mayor rival y por eso los algodones se deben cambiar mensualmente. "Los tenemos en Villa de Leyva porque es un municipio que tiene un clima seco, que ayuda a preservarlos" explicó la experta.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Medio ambiente
Fecha de publicación
16 de mayo de 2009
Autor

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