'Me refugio en la filosofía para sobrellevar el secuestro de mi hijo', dice mamá de Pablo E. Moncayo
María Estela Cabrera fue escogida por Yamid Amat para este reportaje del Día de la Madre, por lo que ella simboliza como amor y sacrificio, y porque las Farc han anunciado la liberación de su hijo.
María Estela, mamá del cabo del Ejército Pablo Emilio Moncayo, no celebra el Día de la Madre desde hace 11 años, cuando las Farc se lo llevaron. "Las celebraciones del Día de la Madre se inician en Grecia, en honor de Rea, la madre de Zeus, la madre de los dioses".
Con estas palabras, María Estela Cabrera de Moncayo, una maestra de Sandoná, Nariño, madre del cabo primero del ejército Pablo Emilio Moncayo, inicia la entrevista.
Una líder norteamericana, Ana María Jarvis, en 1905, comenzó a enviar cartas a todas las organizaciones cívicas, a todos los miembros del Congreso, a todo el Gobierno, para pedir que el segundo domingo de mayo, día en que murió su madre, fuera consagrado por todos como el 'Día de la Madre'. Y lo logró. Hoy es fecha universal.
"Sí -dice la madre del cabo Moncayo-, pero es en la antigua Grecia donde se origina el homenaje".
YAMID AMAT: Siendo usted la menor de ocho hermanos, de humilde origen, de muy escasos recursos económicos, ¿por qué sabe de historia griega?
MARIA ESTELA CABRERA Porque estudié literatura, filosofía y letras en la Universidad de Nariño.
¿Y qué la condujo a estudiar filosofía?
Yo quería estudiar derecho, pero no alcancé el puntaje exigido por la universidad. Entonces me refugié en la literatura y la filosofía.
¿Qué filósofos influyen en su vida?
Sócrates y su discípulo, Platón.
¿Sócrates?
Sí. No se asombre. Soy licenciada. Las enseñanzas de Sócrates conducen a la necesidad de buscar el camino de la verdad. Para Sócrates, el hombre es virtuoso en la medida en que todo lo que haga, lo haga bien
¿Y por qué Platón?
Significa la convicción de que la vida es limitada y el alma, inmortal. Platón enseña que los seres humanos tenemos dos clases de conocimientos: el científico, que para mí es el válido, y el filosófico.
¿Conoce bien a los tres grandes clásicos de la tragedia griega?
Huyo de ellos; tanto de Sófocles, como de Eurípides y de Esquilo. Todos sus personajes están sujetos a un destino fatal, y no pueden eludir ese destino. Yo creo que no se puede ser tan fatalista. A veces estamos mal, pero muchas veces estamos bien. El ser humano no puede huir de la tragedia. Pero no todo es tragedia.
¿Son solo griegos sus filósofos?
No. Descartes convirtió en seguridad absoluta mi fe sobre la existencia de Dios. Su conclusión de "pienso, luego existo", da a entender que el hombre ante todo es un ser racional, que reflexiona sobre su existencia y sobre la vida.
En la tragedia que usted ha tenido que vivir por el secuestro de su hijo, ¿saber de filosofía la ha ayudado?
Me ha dado capacidad de análisis. Pero, precisamente, eso a veces me estremece y llego a pensar que sería mejor vivir en estado de absoluta ignorancia.
No le entiendo...
Mire, yo no tengo lugar para el odio. Pero es un sentimiento que a veces me amenaza. Soy un ser humano, una madre que lleva en su alma un terrible sufrimiento, y veo cómo a los gobernantes les interesa a veces más la guerra, por razones políticas, que salvar una vida, por razones humanas. ¿Logré explicarme?
¿Cuál de todas las escuelas filosóficas que conoce la identifica?
De todas tomo lo que me parece mejor para sobrellevar la vida. Creo, como Sartre, que el hombre no es malo por naturaleza. Que la libertad es la más importante expresión humana, que nosotros somos lo que queremos ser, lo que hacemos y construimos. Mire:
No actuar, es en sí, un acto de libertad. Nada tiene sentido sin libertad. Cuando repaso a Sartre me lleno de incontrolable dolor.
¿Cómo luchar contra el dolor? Grave la pregunta. Como el poeta dice: Soy tan dado al dolor y el dolor tan dado a mí, que no sé cuál de los dos es el que me lleva, si el dolor o yo.
Pero usted ha logrado sobrellevar su dolor...
Hay días en que uno amanece muy deprimido. Ahí es cuando el dolor es tan intenso, que no entiendo la vida. Pero la mayoría de los días, el dolor no conduce a la depresión sino a la lucha. Esa es mi convicción casi diaria. Tengo que estar aquí, para cuando llegue Pablo Emilio. Lo estaré esperando, de pie.
¿Qué han significado sus estudios en su tragedia?
Me han dado fortaleza para sobrellevar esta pena, para enfrentarla. Han robustecido mi creencia en Dios, como un ser infinito lleno de bondad y de misericordia, lo que a veces no tienen los hombres. Dios no nos creó para el mal. Nos hizo libres y somos nosotros, los hombres, los que a veces escogemos el camino de la maldad. No se puede culpar a Dios de lo que somos.
¿Qué es el mal?
Es un impulso que lleva a una persona a hacerle daño a otra.
¿Qué piensa de la guerrilla que secuestró a su hijo?
Yo no soy nadie para juzgar a los demás. Yo sé que ellos se lo llevaron y ya los he perdonado; no guarda mi alma ningún sentimiento de rencor ni odio contra nadie; me he liberado de todo mal pensamiento, aunque no le puedo negar que un día lo sentí.
Cuando me di cuenta de que eso solo conducía a llevar maldad también en mi corazón, entendí que así no se puede vivir. Yo vivo ahora, 11 años después del ataque a Patascoy y del secuestro de mi hijo, en paz con Dios y con los hombres. Cuando a uno le hacen daño y no se tiene capacidad de perdonar, es uno mismo el que se hace daño. No es que yo justifique lo que hace la guerrilla, pero sé que debo perdonar, para liberarme también de la maldad.
¿Quiere decir que no guarda ningún rencor contra quienes secuestraron a su hijo?
Yo no tengo por qué juzgar los actos de otros. Yo creo en el sentido de perdonar, yo ya lo he hecho hace mucho tiempo. y eso es suficiente para mí.
¿Qué recuerda usted de Pablo Emilio?
Se lo llevaron muy joven. Lo recuerdo dinámico, con muchos sueños. Mi niño amoroso. Tenía 19 años y estaba lleno de ilusiones.
¿Su larga ausencia ha atenuado su tragedia?
No. Todo esto ha sido muy duro, muy difícil. Acá, el pueblito está enclavado entre montañas y yo las miro y pienso en mi hijo. ¿Estará en esas montañas? Muchas veces, cuando hay tardes de lluvia y tempestad y veo las montañas, no lo puedo soportar. Me lo imagino con un terrible sufrimiento físico y moral. Está perdiendo su juventud. Se lo llevaron de 19, mi pequeño adolescente. Hoy ya es un hombre de 30 años. Cuando veo el bosque, allá en la montaña, mientras dicto clase y lo imagino en un cambuche, con hambre, soledad y frío, les pido perdón a mis estudiantes y me pongo a llorar.
¿Y cómo logra superar esos momentos?
El dolor nos aproxima más a Dios. Y cuando se vuelve lacerante, solo en Él se encuentra refugio y hallo entonces su misericordia en la oración.
¿Qué sintió cuando la guerrilla anunció que había resuelto liberar a Pablo Emilio?
La alegría me desbordó. Pero han sido tantos los momentos de ilusión como los de decepción que he vivido desde el secuestro. Cuando la guerrilla liberó a 300 soldados, esperábamos que todos los de Patascoy estuvieran ahí. No fue así. Luego en las liberaciones posteriores, tampoco apareció. Este 21 de diciembre, cuando decían que iban a liberar a tres policías, y un militar, a nivel internacional se dijo que era Pablo Emilio. En este caso no es la prensa. Han sido ellos. Ellos, los guerrilleros, quienes en un comunicado, anunciaron la liberación y eso ya lo entendemos como una promesa seria que se va a cumplir.
¿Y qué piensa de la decisión del presidente Uribe de no autorizar a nadie diferente de la Cruz Roja para participar en el proceso de liberación de su hijo?
Infinita desilusión. Yo me preguntó cómo puede haber tanta inhumanidad. ¡Han anunciado su liberación después de 11 años! ¿Usted lo puede creer? Por Dios, ¡es toda una vida! Yo le ruego al Presidente que no tome decisiones solo con intereses políticos, y que use el corazón grande del cual tanto habló en su campaña.
¿Usted ha pensado escribirle?
A él y a su esposa doña Lina les he escrito muchas cartas. El problema es que nunca las envié.
¿Qué le ha escrito al Presidente?
Que no piense en shows políticos; que lo único que queremos es que esta pesadilla termine y que me permita, se lo ruego, poder volver a abrazar a mi hijo, volver a verlo y acariciarlo. Eso está en sus manos. A doña Lina le he escrito que se ponga en mi lugar; creo que es más que suficiente el dolor que hemos soportado durante estos años, para pensar en otra desilusión. Nos lo quieren entregar y no lo queremos recibir. ¡Por Dios!
Yo estuve con doña Lina en Sandoná. Ella llegó con un pendón de Pablo Emilio grandísimo. ¡Es él doña Lina, es mi hijo! ¡A él es a quien quieren liberar! Interceda por nosotros y dígale al señor Presidente que lo piense mejor, que permita su liberación, para no eternizar nuestra pena.
¿Celebra usted hoy el Día de la Madre?
Ni lo celebraré hoy ni lo he celebrado jamás desde el secuestro. Durante estos años, no ha habido ni festejos, ni cumpleaños, ni navidades, ni fechas especiales. Tal vez solo una: el 21 de diciembre. En recuerdo a ese fatídico día del año 97, cuando ocurrió la toma de Patascoy y secuestraron a mi hijo. El Día de la Madre es el más doloroso para mí, porque mientras muchas madres abrazan a sus hijos, yo no tengo al mío para hacerlo.
¿Qué opinión tiene del recorrido de caminante que su esposo ha hecho para clamar por la libertad de su hijo?
Es como Gandhi. Es un pacifista que grita. Sus marchas no le hacen daño a nadie, no critica a nadie, solo pide la libertad de Pablo Emilio. Creo que ese recorrido ha servido para sensibilizar sobre el dolor de las familias de los secuestrados.
¿Todas las cartas que ha escrito y no ha enviado las ha destruido?
No. Las he guardado. A veces las vuelvo a leer y vuelvo a llorar. La última carta que le escribí a doña Lina aún está inconclusa.
¿Cómo comienza?
"Doctora Lina Moreno de Uribe, hora 6:55 am., día 24 de abril. Sitio: gradas frente a la biblioteca. Espacio: niños y jóvenes llegando a clase, otros sentados conversando. Soy la madre del cabo del Ejército Pablo Emilio Moncayo Cabrera y le estoy escribiendo esta carta, apelando a su corazón de madre. Me duele el alma infinitamente, este dolor me desgarra, al saber que mi hijo, a las puertas de la libertad, está siendo bombardeado en la selva. Creo que sería un dolor inaguantable saber que la espera de 11 años y cuatro meses ha sido en vano, y que en vez de mi hijo, me devuelven un cadáver..." Y ahí la dejé.
¿Está preparando algo para el día en que lo liberen?
Sí. Estamos pintando la casita. Lo he esperado 11 años y 4 meses y lo esperaré toda la vida. Esa promesa se la voy a cumplir. La espiritualidad nos une. El cordón umbilical no se ha roto aún. Estamos unidos con él, con el papá, con las niñas y donde quiera que esté, donde quiera que se encuentre, mi energía lo acompaña. Como lo acompañarán, de regreso a su hogar, los ángeles que le han mandado las niñas..., los ángeles que mis hijas le han mandado..., los ángeles que lo traerán de nuevo junto a mí.
YAMID AMAT
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Política
- Fecha de publicación
- 9 de mayo de 2009
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