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Caso de 10 jóvenes 'reclutadas' por Farc y obligadas a ejercer la prostitución investiga FiscalÃa
En bares de zonas populares de MedellÃn y el Eje Cafetero buscan las pistas de una investigación en la que tienen puestos los ojos organizaciones de derechos humanos, como AmnistÃa Internacional.
Los agentes del CTI no están detrás de ningún delincuente, sino de vÃctimas de otro de los capÃtulos no explorados del conflicto en Colombia: la esclavitud sexual.
El testimonio de una trabajadora de un bar de MedellÃn, que se embolató por casi cinco años en los despachos judiciales, está moviendo ahora a varios equipos de la Unidad de Derechos Humanos de la FiscalÃa.
Ella contó que milicianos de las Farc la recogieron de uno de esos sitios y que lo mismo pasó con otras nueve mujeres. "Me prometieron que ganarÃa tres millones de pesos libres en tres meses y que después volvÃa a MedellÃn (...) Nos mandaron en avión, todo a lo full (...)".
La muchacha, que tenÃa 21 años, sabÃa que iba a trabajar en prostitución. Lo que ignoraba eran las condiciones. Lo que ha podido establecer la FiscalÃa es que la llevaron a un campamento guerrillero enclavado en las zonas cocaleras entre Meta, Caquetá y Guaviare, y que su historia es la misma de decenas de jóvenes reclutadas con ese fin en Antioquia y el Eje.
"El asunto se complicó cuando vi la fila de hombres (...) Me obligaron a estar con todos ellos y con los que llegaran -dijo en el expediente-. También debÃa participar de las 'jornadas comunitarias'. Eso es barrer calles, 'raspachinear' coca y, extra, atenderlos. No se pueden imaginar lo terrible que fue".
Paradójicamente, su salvación fue una enfermedad tropical que obligó a sus carceleros a sacarla de la zona. Regresó a MedellÃn después de varios meses sin un peso.
La FiscalÃa pretende saber cuál fue la suerte que corrieron sus compañeras. "Me enfermé y me dejaron salir; si no, estarÃa allÃ. Todas ellas se quedaron", contó.
Como hacen las redes tradicionales de prostitución, las obligaban a entregar sus papeles de identidad, para forzarlas a quedarse.
Casas de prostitución 'paras'
Entre los 'paras', según los testimonios de vÃctimas y sus familias y las investigaciones de la FiscalÃa y las ONG, también fue usual el rapto de adolescentes que fueron obligadas a trabajar en prostÃbulos de los jefes de los grupos.
Una madre, también de MedellÃn, le contó a la FiscalÃa que su hija de 13 años desapareció un dÃa de las comunas y que lo siguiente que supo de ella fue que la tenÃan los 'paras'. "Se la llevaron por 8 dÃas (...) La niña logró hacerme una llamada, lloraba y decÃa que no podÃa contarme nada. Me la regresaron en un taxi por la noche. La tuvieron en una casa de prostitución que ellos controlaban", narró la mujer.
Una amiguita de la primera vÃctima, de 15 años, quedó embarazada. La FiscalÃa apenas empieza a investigar testimonios recogidos en el 2005 por una relatora de la Comisión Interamericana de DD.HH en el Cauca: "Los jefes 'paras' mandan a buscar niñas entre 12 y 14 años para que vivan con ellos, presten servicios sexuales y se hagan cargo de labores domésticas (...) En otros casos recogen a mujeres en los bares, las llevan a los campamentos y las devuelven al poblado, golpeadas, en las mañanas".
La polémica por la conveniencia de ahondar en la violencia sexual en el conflicto está encendida. Unos dicen que el paÃs no está preparado para abordar ese tema por la cultura machista y sobre todo porque la reconstrucción judicial revictimiza a las afectadas. Otros, que la verdad plena hace parte de la reparación.
Lo cierto es que solo nueve paramilitares, de más de 1.500 que han declarado, han confesado su participación en 20 crÃmenes de este tipo en Justicia y Paz. Ninguno ha hablado de esclavitud sexual.
'Visibilizar crimen no es revictimizar'
Las ONG y el Estado siguen discutiendo la mejor manera de sacar de la impunidad los delitos de violencia sexual. Con el norte claro en que hay que proteger a toda costa a las vÃctimas, se han formulado algunas estrategias para enfrentar uno de los rostros más crueles del conflicto.
La FiscalÃa creó un grupo élite de investigación liderado por mujeres, entre ellas Marilú Méndez, directora del CTI.
Se está discutiendo un protocolo para que los operadores de justicia sepan cómo ayudar a las vÃctimas y para que se eviten prácticas que las sometan a tratos indignos.
Una de las propuestas es que se manejen no casos individuales sino denuncias colectivas.
Humanas dice que el hecho de visibilizar un crimen "no es revictimizar, es devolverles a esas mujeres su calidad de ciudadanas".
REDACCIÓN JUSTICIA
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Justicia
- Fecha de publicación
- 2 de mayo de 2009
- Autor
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