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Un espacio de descanso para los indigentes ofrece la Fundación Nuevo Nacimiento

Comida, baño y un lugar de reposo, es lo que brinda a los necesitados este hogar de paso diurno, ubicado en Bogotá, en la calle 52 con carrera 14.

La fundación es una ONG creada hace ocho años, dedicada a ayudar a la población vulnerable. En sus inicios trabajaron con familias con alto deterioro humano, pero desde hace tres años están involucrados exclusivamente con habitantes de la calle, no mayores de 22 años y menores de 59. 


A la residencia ingresan en total 100 usuarios al día. Antes de las 6 de la mañana, están haciendo fila en la zona al lado de la iglesia del voto nacional y en la calle 26, para ser recogidos por unas camionetas blancas que los llevarán al hogar.

Según la coordinadora, Solangi Castro, "se han dado pocas quejas (de los vecinos) pero sí nos han pedido el uso de las camionetas para evitar que el lugar se llene de indigentes esperando afuera para entrar".

En realidad, la gente que está alrededor no sabe qué hay detrás del portón blanco, puesto que ni siquiera tiene un nombre que lo identifique. 

Las puertas están cerradas desde las 6:30 de la mañana y abiertas a las 4 de la tarde, ya que los beneficiarios saben que una vez que entran ya no pueden salir. El lugar es una casa vieja de ladrillos color marrón que tiene tres pisos de madera rechinante. 

100 rostros, 1.000 historias que contar


Carlos Escudero, conocido en el hogar como 'el paisa', tuvo que salir de Medellín a los 11 años de edad, debido a que dejó a un violador en silla de ruedas.


"Mi mamá sabía que me iban a matar, y me mandó a Bogotá con 5.000 pesos", afirma. Hoy, a diario, se hace 10.000 a 30.000 pesos vendiendo manillas o pidiendo limosna "dependiendo como estén los ánimos". 


La mayoría del dinero lo gasta en las 'ollas', las zonas donde venden droga. Si le sobra plata, se va a un hotel por Chapinero que vale 2.000 la noche y por 1.000 más le incluyen la comida. 

Pero en realidad 'el paisa', lejos de la vaga imagen que se puede hacer de él, es un hombre carismático, coqueto y amable. 

Por otro lado, está Germán Peña Vargas, un hombre de aproximadamente 60 años que todo el tiempo esta vitoreando y afirmando con orgullo "yo estuve jugando en Millonarios como delantero en el año de 1966".

Al hogar asisten en su mayoría hombres, aproximadamente 90 de los 100 beneficiarios. Según Solangi, "el consumo de droga y la indigencia es más elevado en hombres".

Cuenta Andrés, uno de ellos, que "para las mujeres es más fácil (el trabajo diario), en una sola noche se pueden hacer 40.000 pesos".

La inspección  


En el hogar trabajan 22 personas: Nueve facilitadores (los acompañantes de los usuarios); cuatro profesionales, como psicólogo, enfermero;  cinco talleristas (les enseñan a hacer manillas, a pintar, a trabajar con cerámica); cuatro cocineras, y un celador.


Pero en general, solo ocho permanecen constantemente, ya que, según Rubén Buitrago, uno de los facilitadores, "trabajamos toda la semana y escogemos un día de descanso".

Ellos son los encargados de la organización y buen funcionamiento del lugar. Primero, los usuarios pasan para que les den una ficha numerada, que sirve como su identificación por el día. Segundo, van a verificación para revisar que no lleven armas o drogas. 


"Después se les hace entrega de una sudadera negra para de esta manera poder mandar la ropa a la lavandería", indicó Amparo Colorado, otra de las facilitadoras. A continuación se les da un poco de champú y cuchillas, para pasar a tomar un buen baño de agua fría.

La comida


Las cocineras pasan la comida a uno de los facilitadores, por una ventanilla de la cocina. Este va anotando en una lista los números de los usuarios.


"Las fichas sirven para que no repitan comida", comentó Buitrago. El desayuno puede ser huevos con chocolate y pan, de almuerzo arroz, carne, remolacha, lentejas y jugo. Y de merienda, molleja frita, torta de banano, jugo de guayaba. 

Ya con su plato en mano, pasan al comedor en donde caben alrededor de 30 a 40 personas. Ingresan por turnos: "En realidad la comida la acaban en tres minutos", dijo Buitrago.  

Un lugar donde dormir 

En el transcurso del día los usuarios pasan durmiendo, en las sillas, mientras ven televisión, luego de terminar de comer. No obstante, "se escogen 10 personas que van a colaborar con la limpieza del hogar, ellos tienen un puesto fijo en el hogar de la Cruz Roja, ubicado en la cll 16 No 17- 43", dijo Amparo. 

Los demás vuelven a salir en las camionetas que los dejan en la calle 26, para así, poder conseguir dinero que les ayuda a encontrar un lugar en donde pasar la noche, y evitar el duro frío del anochecer.


TATIANA RAMÍREZ
Pontificia Universidad Javeriana
Para Tiempo Universitario
 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Educación
Fecha de publicación
17 de abril de 2009
Autor

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