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| Actualizado hace 1 hora 16 minutos

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Hidra de mil cabezas

Ayer en la madrugada, la Policía le dio al país una buena noticia con la captura en Urabá de Daniel Rendón Herrera, 'don Mario', uno de los narcotraficantes más buscados. Tras una operación de seguimiento e inteligencia de casi un año y el despliegue de 300 hombres, el general Óscar Naranjo se apunta otro golpe contra las estructuras de la mafia.

El delincuente arrestado representa la peligrosa combinación entre capo y jefe paramilitar, que ha caracterizado a las nuevas generaciones de este tipo de criminales. Heredero del clan de los Castaño, 'don Mario' tiene un largo prontuario. Además, su hermano, Freddy Rendón, el 'Alemán', era líder del bloque 'Élmer Cárdenas' de las autodefensas, hoy desmovilizado.

Daniel Rendón alcanzó también a hacer parte del mismo proceso, pero regresó a la clandestinidad en el 2006 para evitar su reclusión. Así, en los tres años transcurridos se convirtió en uno de los líderes más importantes de las bandas criminales emergentes que hacen presencia en 250 municipios con unos 4.000 miembros en armas. Protagonista de las brutales guerras mafiosas por el control de los antiguos territorios de la plana mayor de las Auc, 'don Mario' sería responsable de unos 3.000 homicidios en los últimos 18 meses. El desmantelamiento de su organización es indudablemente un importante logro de la Policía en su lucha contra los grupos de narcoparamilitares reincidentes.
Aunque vista al principio de soslayo, en buena hora el Gobierno entendió la dimensión del fenómeno de estas nuevas estructuras. La caída de Rendón se produce en momentos en que organizaciones como la siniestra 'oficina de Envigado' están en una feroz disputa interna generada tanto por la presión de las autoridades como por delaciones y acuerdos de entrega que tienen a los delincuentes librando guerras entre ellos.

Ahora bien, si se trata de analizar las consecuencias que generará la captura de 'don Mario' en el narcotráfico, las razones para celebrar disminuyen notoriamente. El motivo es que el panorama del negocio ha cambiado de manera drástica en los últimos quince años: los grandes carteles han sido sustituidos por numerosos grupos y bandas fragmentadas en sangrientas luchas intestinas. Los ingentes esfuerzos humanos y logísticos invertidos por la Policía en las subsecuentes operaciones contra los mercaderes de la droga no se traducen en la cercanía del fin de este flagelo para el país.

Las caras, la filiación política y los alias cambian, pero las toneladas de cocaína exportadas a los mercados mundiales continúan. Nuevas rutas se consolidan, como la conexión africana, y otras se suman. Capturado 'don Mario', ahora la mira está puesta en su socio, 'Cuchillo', en el 'Loco' Barrera y en 'Comba', quienes deberán responder por sus execrables delitos.

Sin embargo, la estructura e ilegalidad del negocio, sus extraordinarias ganancias y la combinación con las organizaciones ilegales garantizan que la detención de un capo no altere la dinámica del narcotráfico. Y esto no se circunscribe únicamente a Colombia: las autoridades mexicanas capturaron hace unos días a los hijos de criminales como el 'señor de los cielos', del cartel de Juárez, y al 'Mayo Zambada', del de Sinaloa, cuyo caso muestra que la bestia se reproduce.

Debido a ello, es inevitable comprobar que las fuerzas policiales colombianas parecen condenadas a una fatalidad digna del mito de Sísifo, el rey griego condenado a subir una pesada roca por una colina para dejarla caer y volver a recogerla en la base en una eterna repetición. A la cabeza que valientemente acaban de cortar el general Naranjo y sus hombres le sobran otras mil en esa monstruosa hidra en que se ha transformado el narcotráfico en Colombia. 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
15 de abril de 2009
Autor

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