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Nefertiti y los quimbayas

Uno de los bustos más famosos de la historia del arte es el de Nefertiti, esposa del faraón Amenofis IV, que hace tres milenios gobernaba a Egipto; pero, como es bien conocido, la efigie no está en la nación árabe. Unas de las estatuas más bellas de la Antigüedad son las que adornaban los frisos del Partenón, en la Atenas clásica; pero no están en la capital griega. Una de las colecciones de orfebrería más valiosas del mundo es el Tesoro Quimbaya, que forjaron los indígenas prehispánicos en cercanías de Filandia (Colombia); pero no está en el país.

Se trata de tres casos con un común denominador: la pérdida del patrimonio artístico de los países menos desarrollados y su apoderamiento por naciones más poderosas. El busto de Nefertiti lleva casi un siglo en un museo de Berlín, tras haber sido excavado y exportado ilegalmente. Los frisos griegos fueron saqueados hace dos siglos por el entonces embajador británico, Lord Elgin. El Tesoro Quimbaya fue un regalo del presidente colombiano Carlos Holguín, sin permiso del Congreso, a la regenta española, María Cristina, en 1893.

Durante siglos los países expoliados miraban con tristeza, pero con resignación, cómo las potencias invasoras se llevaban sus tesoros en calidad de botín o contrabando. Pero en los últimos 50 años las cosas han cambiado. Los gobiernos ahora luchan por recuperarlos, pese a que muchos se hallan en manos de coleccionistas privados. En algunos casos cuentan con el apoyo de la Unesco; en otros, con la comprensión del poseedor de los objetos, como ocurrió con 350 piezas de Machu Picchu que la Universidad de Yale devolvió al Perú hace dos años; en otros más, con el esfuerzo económico de multimillonarios nacionales que los adquieren para devolverlos al país originario, según parece suceder con dos bronces saqueados en Pekín hace siglo y medio y subastados el 25 de febrero en París, después de haber pertenecido a un conocido modisto. Algunos optan por la diplomacia y aspiran a recuperar al menos una parte o una copia de lo perdido a través de conversaciones bilaterales. Grecia lo ha intentado con Inglaterra para los frisos y Colombia con España para las figuras quimbayas. Hasta ahora, ninguno de los dos ha tenido éxito.

Los robos en el Museo de Bagdad tras la invasión de Estados Unidos abrieron un nuevo capítulo de expolios. Pero en el fondo la historia sigue siendo la misma: el más fuerte despoja al más débil. Un imperativo de equidad debe poner fin a estos abusos y devolver a cada cultura lo que le corresponde por tradición e historia.

editorial@eltiempo.com.co

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
12 de abril de 2009
Autor

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