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Ciudadanos o residentes de E.U. que fueron detenidos o deportados
Rennison Castillo llegó temprano en la mañana a una oficina del servicio de inmigración de Seattle el 28 de octubre de 1998 para jurar como ciudadano. LucÃa un uniforme del ejército almidonado y querÃa conseguir un buen asiento. Se sentó en la segunda fila.
Castillo nació en Belice y vive en Estados Unidos desde que tenÃa siete años. Sirvió dos años en el ejército. Pero sus superiores le dijeron que no podÃa permanecer en esa fuerza si no se hacÃa ciudadano. Tomó entonces el examen de la ciudadanÃa y lo pasó con facilidad. No pudo responder una sola pregunta, el nombre de un funcionario electo local.
"Me sentà orgulloso" de sacar la ciudadanÃa, comentó.
Siete años después, Castillo fue encerrado en una celda del servicio de inmigración de Tacoma, Washington, después de pasar ocho meses preso en el condado de Pierce por violar una orden de que no se acerque a alguien y por el robo de una residencia.
Una empleada de la prisión le preguntó si querÃa regresar casa.
Pensó que aludÃa a su residencia de Lakewood, Washington, y respondió: "SÃ, me encantarÃa".
La empleada lo encadenó y le dijo que serÃa deportado.
Una y otra vez Castillo dijo que era ciudadano y pidió que corroboraran sus datos en las computadoras.
Pero las autoridades afirmaron que no habÃa nada que confirmase que era ciudadano o que hubiera hecho el servicio militar. Un agente incluso reconoció a Castillo, con quien habÃa servido en el ejército en Fort Lewis, Washington, y mencionó el batallón, pero señaló que no podÃa ayudarlo.
Castillo finalmente consiguió que un amigo buscase en el baúl de su automóvil sus documentos militares y logró ser liberado... casi ocho meses después de haber sido detenido por el ICE.
Descubrió seguidamente que el servicio de inmigración tenÃa dos archivos sobre él, con diferentes números, y radicó una demanda.
"Sé que nada es perfecto ni lo será, pero no entiendo cómo pueden haber cometido semejante error", declaró. "Me pasó a mà y estoy seguro de que le puede suceder a cualquiera".
Ricardo MartÃnez
El problema de este hombre nacido en McAllen, Texas, no fue que lo expulsaron del paÃs, sino que no lo dejaron regresar.
MartÃnez vivió en México entre los cinco y los 17 años de edad.
Como tantos otros residentes de la frontera con familia en México, MartÃnez visitó con frecuencia ese paÃs. Pero cuando intentó regresar luego de una visita en julio de 1999, no lo dejaron entrar en el puesto de Nogales, Arizona, porque los agentes del servicio de inmigración descubrieron dos copias de su certificado de nacimiento, emitidas en distintos años y con diferentes fechas. MartÃnez, quien no habla muy bien inglés, dijo que nunca habÃa notado el error.
Finalmente mostró su pasaporte y pudo ingresar el paÃs. Pero sus problemas no acabaron allÃ.
En enero del 2006 volvió a México para ver a su abuela, quien estaba al borde de la muerte. Cuando intentó regresar por Laredo, en marzo, llevaba consigo sus certificados de nacimiento, otra tarjeta que se da al nacer, su pasaporte y tarjetas de identificación de Nebraska, California y Texas, ya que habÃa trabajado en esos tres estados.
A esa altura las medidas de seguridad en la frontera eran más estrictas y cuando los agentes vieron en la computadora el problema que habÃa tenido previamente en Nogales, dijeron que el pasaporte era falso, indicó MartÃnez.
Fue llevado entonces a un salón donde le hicieron sacar los zapatos, lo revisaron, lo encadenaron a una silla y lo retuvieron dos horas, mientras los agentes inspeccionaban sus documentos. Le dijeron que si no confesaba el fraude, estarÃa preso entre seis y ocho meses, según una demanda que radicó MartÃnez contra el gobierno.
"Me dijeron que si no confesaba que era de allà (México), me mandarÃan a la cárcel. Estaba asustado", relató.
Agregó que pidió llamar a su madre para corroborar su
nacionalidad, y se lo negaron.
El padrastro de MartÃnez, Florentino Mireles, dijo que llamó a los inspectores y les preguntó por qué se habÃan quedado con los documentos del muchacho. Le respondieron que los agentes no creÃan que era estadounidense porque no hablaba inglés.
MartÃnez no querÃa ir a la cárcel y firmó los documentos.
Posteriormente dijo que no sabÃa que al firmar, estaba admitiendo que no habÃa nacido en Estados Unidos.
A sus padres les tomó dos años encontrar un abogado barato que pudiese defender a su hijo. Finalmente, en una oficina de Hidalgo, la abogada Lisa Brodyaga le mostró a los agentes fronterizos un certificado de nacimiento de MartÃnez en poder de sus padres, con sus huellas dactilares, y documentos que corroboran que habÃa trabajado legalmente en Estados Unidos y pagado impuestos. Los agentes admitieron que era ciudadano y le permitieron regresar.
Como en los otros casos, el ICE no comenta el tema porque hay un caso judicial pendiente. Pero un portavoz del organismo dijo que MartÃnez nunca habÃa denunciado irregularidades.
Brodyaga sostiene que la detención y/o deportación de ciudadanos es algo más que una torpeza burocrática.
"Trabajo en esto desde hace 30 años y sé lo que es un error burocrático", afirmó. "Esto va más allá. En la frontera hay una atmósfera de desconfianza y hostilidad, especialmente hacia los mexicano-estadounidenses".
Hugo Alvarado
Un soleado sábado hace dos años, Hugo Alvarado Jr., de 22 años, bebÃa cerveza con unos 15 amigos frente al edificio de departamentos de Tulsa donde vivÃa. En el complejo residÃan muchos inmigrantes, pero él nació en Bakersville, California.
Hacia las nueve de la noche aparecieron agentes del servicio de inmigración. Los amigos se esfumaron y Alvarado fue apresado. Cuando le tomaron los datos, Alvarado se negó a dar su número de Seguridad Social porque pensó que no le correspondÃa hacerlo.
"Si fuese una persona blanca, no lo pedÃan", sostuvo.
Los agentes inventaron un número y lo apuntaron. Posteriormente, Alvarado aceptó dar el número, pero como no coincidÃa con el que aparecÃa en los papeles, dijeron que mentÃa.
Lo tuvieron detenido dos dÃas, hasta que su padre trajo pruebas irrefutables de que era ciudadano.
Jim Hayes, director del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, según sus siglas en inglés), dice que esa agencia no detiene intencionalmente a ciudadanos estadounidenses.
Juan Manuel Carrillo
El 16 de agosto del año pasado, Juan Manuel Carrillo Jr., de 19 años, comenzaba su turno en la planta de Pilgrim's Pride en Mount Pleasant, Texas, cuando los capataces llamaron a varias personas.
Él fue uno de los convocados.
"Fui con un grupo de trabajadores. Pensamos que era un control de drogas. No sabÃamos que estaba el servicio de inmigración", declaró Carrillo en español.
Los agentes dijeron que su nombre figuraba en una orden de arresto. La redada en busca de indocumentados fue una de cinco que se llevaron a cabo en plantas de Pilgrim's Pride en todo el paÃs, en las que fueron detenidas unas 400 personas, según la empresa. El ICE dice que fueron 300.
Carrillo, quien nació en San Diego, fue uno de ellos. Dice que le informó a los agentes que era ciudadano estadounidense, pero que le esposaron las manos y las piernas y fue trasladado a un centro de detención en Tyler, a unos 65 kilómetros (40 millas). El único documento que llevaba encima era una licencia de conducir.
Carrillo insistió en que era ciudadano, pero el conductor le dijo que se callase.
"Estaba trabajando bien, todo estaba en orden, pero nadie querÃa escuchar a alguien que estaba aquà legalmente", afirmó Carrillo. "Tienen que escucharlos".
Le dijo a los agentes que tenÃa el pasaporte en su casa, donde estaba su hermano. Los agentes fueron a la vivienda y entraron por la fuerza, según Carrillo. Interrogaron a su hermano acerca de quién vivÃa allà y su status legal.
Carrillo fue liberado luego de estar detenido 12 horas. "Te sientes como un delincuente, como si hubieses hecho algo, como si hubieses matado a alguien", se quejó.
Jim Hayes, director del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, según sus siglas en inglés), dice que esa agencia no detiene intencionalmente a ciudadanos estadounidenses.
RMG Castro (6 años, no se da el nombre completo porque es un menor)
Mónica Castro se separó de su compañero Omar Gallardo y no vio a su hija durante tres años porque le pequeña, quien era ciudadana estadounidense, fue enviada a México.
Gallardo, quien era indocumentado, no querÃa desprenderse de la pequeña, por lo que Castro, quien es ciudadana estadounidense, lo delató al servicio de inmigración. Pensó que asà podrÃa reencontrarse con su hija.
Pero ocho horas después de que la patrulla de fronteras capturó a su marido, la hija de Castro, de un año, fue subida a un vehÃculo del gobierno, que no tenÃa sillas para menores, y despachada hacia la frontera con México, a 480 kilómetros.
"Era mi último recurso, llamar a inmigración", declaró la mujer. "Sé que estuve mal, lo lamento. Pero ella era mi hija. Estaba asustada. Me dijeron que me ayudarÃan y, llegado el momento, cambiaron su historia".
La niña habÃa estado con su padre y "cuando me reunà con ella, no sabÃa quien era yo", relata Castro. "Pataleaba, me empujaba, me golpeaba, no querÃa tener nada que ver conmigo''.
La Patrulla de Fronteras le entregó entonces la niña al padre, que se la llevó a México al ser deportado. Dice que no fue "deportada" porque puede regresar al paÃs cuando quiera y se fue con un padre que tenÃa la custodia legal.
Durante tres años, lo único que supo Castro es que la niña estaba en Ciudad Juárez, una urbe de 1,3 millones de personas. No le enviaron cartas ni fotos, y no sabÃa cómo ponerse en contacto con ella.
"No pude disfrutar de todos esos años de la infancia", se lamenta Castro. "Nunca tendré los recuerdos de esa época, hasta los cuatro años".
Castro demandó a la patrulla fronteriza y un juez desestimó la acción tras dictaminar que no hay leyes ni polÃticas que contemplen una situación como la que enfrentaron los agentes. Pero el juzgado del 5to Circuito revocó ese fallo y considerará la demanda.
La patrulla fronteriza se abstuvo de hablar del caso porque todavÃa está siendo juzgado.
"Si la patrulla fronteriza tiene un niño estadounidense en su custodia y se presenta un padre que es ciudadano estadounidense, no hay razón alguna para que atienda los deseos de un padre extranjero y lo envÃe de vuelta con el padre extranjero", expresó al abogado de San Antonio Javier Maldonado.
Heidy Hazel Baires Larios
Hace tres años, Heidy Hazel Baires Larios, de 32 años, se dirigÃa a una fiesta con amigos cuando fue interceptada por la policÃa.
Sus amigos tenÃan cerveza en el auto. Fue encarcelada y considerada una residente legal deportable porque habÃa estado presa seis meses en el 2002 por llevar consigo menos de un gramo de cocaÃna.
Baires pasó dos años presa mientras se procesaba su solicitud de ciudadanÃa.
"Rezaba y nunca perdà la fe. Estas son las pruebas a que te somete la vida para ver qué tan creyente eres", manifestó Baires, quien nació en El Salvador.
Sus padres se divorciaron en 1978. Dos años después, su padre sacó la ciudadanÃa estadounidense y obtuvo su custodia. Vino a vivir con él en noviembre de 1990.
Un juez de inmigración dictaminó que no es ciudadana porque no estaba con su padre cuando éste se hizo ciudadano. Pero un tribunal de apelación anuló ese fallo y el juez de inmigración admitió documentos escolares que comprueban que estaba bajo la custodia de su padre antes de cumplir 18 años.
Jim Hayes, director del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, según sus siglas en inglés), dice que esa agencia no detiene intencionalmente a ciudadanos estadounidenses y que los procesos de expulsión ayudan a resolver casos complejos.
Omar Pérez Moreno
Omar Jorge Pérez Moreno fue detenido cuando tenÃa 20 años por vivir con una novia menor de edad, de 14 años.
Dijo que no sabÃa que su relación con ella constituÃa estupro. Pero se declaró culpable, como le habÃan aconsejado, y pasó dos meses y medio en la cárcel. Luego quedó en libertad condicional por tres años.
Al ser excarcelado, volvió a su trabajo en una planta procesadora de ostras. No acudió a dos citas con el agente que vigila su libertad condicional y se libró una orden de arresto en su contra. El 26 de mayo del año pasado la policÃa lo detuvo por manejar a excesiva velocidad y vio la orden de arresto.
Pérez Moreno, de 23 años, fue sentenciado a 40 dÃas de cárcel. Luego de 25 dÃas, se le informó que quedarÃa bajo la jurisdicción del servicio de inmigración.
Súbitamente, Pérez Moreno enfrentaba la perspectiva de ser deportado a México. Vio cómo otros permanecÃan detenidos por años tratando de conseguir la ciudadanÃa y decidió que no querÃa eso.
Comenzó a prepararse para una vida en México.
"No querÃa quedarme allà (preso). TenÃa que salir. No lo soportaba. A nadie le gusta perder su libertad", expresó.
Una mañana lo despiertan y la dicen que alguien del Northwest Immigration Rights Project querÃa hablar con él. Melissa Williams Avelar le hizo algunas preguntas. ¿Sus familiares eran residentes legales? ¿Cuándo se hizo ciudadano su padre? Enseguida determinó que Pérez Moreno era ciudadano estadounidense.
"¡Qué!", exclamó Pérez Moreno. "Me sentà muy feliz. Fue una sensación inexplicable. Estaba estupefacto. No tenÃa palabras".
Al dÃa siguiente de su liberación, Pérez Moreno se presentó ante la oficina del alguacil, como se le exige a quienes han sido hallados culpables de tener relaciones sexuales con menores. Volvió a trabajar en la planta de ostras.
Habla bien español e inglés y quisiera trabajar de traductor. "Sé que Dios me dio una oportunidad. No mucha gente recibe estas oportunidades", manifestó.
Añadió que, por más que él no supiese que era ciudadano, el servicio de inmigración sà debió saberlo.
"Ese es su trabajo", sostuvo. "Deben asegurarse de que no detienen a ciudadanos como yo".
Alicia RodrÃguez
Alicia RodrÃguez, de 30 años, todavÃa sufre al pensar que no pudo acompañar a su hijo en su primer dÃa en el jardÃn de infantes.
RodrÃguez es una estadounidense de tercera generación que habla solo inglés. Un domingo por la noche regresaba a su casa cuando la detuvo la policÃa, tras notar que no habÃa pagado dos multas, una por manejar sin seguro y la otra por hacerlo con un registro vencido.
En la comisarÃa, un banco de datos nacional indicó que era una indocumentada y fue arrestada. La confundieron con otra Alicia RodrÃguez que no tenÃa papeles, con el mismo nombre, la misma fecha de nacimiento y la misma altura.
Pasó la noche en una celda. La llamaron cuando estaba desayunando. Pensó que regresaba a su casa. Pero fue entonces que se enteró por qué la habÃan apresado.
"Me dijeron que era una inmigrante ilegal. No me creyeron que era ciudadana", dijo, con incredulidad en su voz.
Preguntó si sus huellas dactilares coincidÃan con las de la otra mujer, pero no le respondieron. Fue encadenada junto con otras personas y trasladada a otra cárcel.
En la nueva prisión cayó presa del pánico. No podÃa respirar y tuvieron que llamar a los médicos para que le pusiesen oxÃgeno.
Después del almuerzo fue liberada. Su hermana habÃa ido a un juzgado y conseguido una copia de su certificado de nacimiento. A esa altura, su hijo Jude ya estaba en la escuela.
"Me preguntó, 'mami, fue mi primer dÃa, ¿dónde estabas?'", relató RodrÃguez. "Me destrozó el corazón".
RodrÃguez admite que debió haber pagado las multas, pero sostiene que las autoridades debieron esforzarse más por corroborar quien era.
"Si no tuviese el nombre que tengo, si no tuviese el color de piel que tengo, hubiera ido, hubiera pagado las multas y todo se habrÃa acabado en dos horas", afirmó.
Jim Hayes, director del ICE, subrayó que RodrÃguez nunca estuvo bajo custodia de ese organismo, sino de la policÃa local, por infracciones de tránsito.
"¿La interrogamos nosotros? SÃ. Y determinamos que no correspondÃa expulsarla porque habÃa evidencia de que era ciudadana estadounidense", acotó.
El teniente Blake Miller, de la policÃa de Arlington, en tanto, dice que ese cuerpo solo detiene a personas por cuestiones de inmigración a pedido del ICE.
José Manuel González Villavicencio
El 5 de mayo del 2007, José Manuel González Villavicencio, de 28 años, fue a una oficina del servicio de inmigración para recibir su residencia permanente.
Una vez allÃ, fue rodeado por tres agentes que lo esposaron.
Resulta que cuando tenÃa 16 años, tuvo un hijo con una niña uno o dos años más joven. Al cumplir 18 años, fue acusado de tener relaciones sexuales con una menor y fue condenado a 45 dÃas de cárcel.
Los agentes del ICE dijeron que esa condena, junto con episodios de posesión de marihuana y portación de armas, justificaban su deportación.
González Villavicencio dijo que mientras estaba detenido solo pensaba en su hijo. Consideró aceptar ser deportado para poder ver al niño de nuevo.
Los agentes prepararon una orden de deportación y le dijeron que era su forma de desearle un feliz 5 de Mayo.
Su madre contrató a un abogado con los 500 dólares que González Villavicencio la habÃa dejado para pagar la cuenta eléctrica, pero el estudio pidió más dinero y casi no se movió.
Villavicencio dio entonces con una organización sin fines de lucro, el Northwest Immigration Rights Project, que tras una corta charla con él determinó que probablemente era ciudadano. Al dÃa siguiente ya habÃan comprobado que la madre se habÃa nacionalizado cuando él era menor de 18 años, lo que querÃa decir que él también era ciudadano estadounidense.
Fue liberado luego de dos semanas de detención. A esa altura ya habÃa perdido su trabajo en Wendy's.
Le cortaron la luz en su casa por no pagar la cuenta mensual.
Ahora quiere que los abogados le devuelvan el dinero.
AP
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Internacional
- Fecha de publicación
- 12 de abril de 2009
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