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| Actualizado hace 33 minutos

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Directores colombianos Harold Trompetero y Ciro Guerra comparten sus experiencias en el séptimo arte

A Trompetero le divierte recordar cómo en un Festival de Cine de Cartagena le dio por saludar a Guerra con un: "¿Y qué, don Bergman?", a lo que el joven director le respondió: "¿Y qué, Don Jediondo?".

La mención a Ingmar Bergman, el célebre director sueco, y a Don Jediondo (protagonista de Muertos de susto, dirigida por Trompetero) revela dos maneras de acercarse al cine, dos generaciones diferentes.

Trompetero (38 años) dice estar en la brecha entre lo que significó Focine y la nueva generación (Guerra, Jorge Navas, Rubén Mendoza): "Soy el puente, con los vicios y virtudes de lo de antes y los vicios y virtudes de lo de ahora". Guerra (28) lidera una 'camada' que se ha preocupado por encontrar historias sobre Colombia que van más allá de lo ya explorado y buscan una estética propia, diferente de la televisión.

Ciro Guerra: Me acuerdo de que cuando salió Diástole y sístole (de Trompetero) fue muy estimulante para nosotros, que estábamos empezando o estudiando. Fue una película muy novedosa, un chispazo de originalidad, que se sentía muy diferente a lo que se había hecho en el cine colombiano .

Harold Trompetero: A mí me tocó ponerme las pilas, porque las nuevas generaciones están creando un nuevo lenguaje. Creo que Riverside y Violeta de mil colores son el resultado de eso. Yo estaba en la dinámica de buscar cosas comerciales, proyectos que tuvieran una aceptación para generar taquilla. Pero apareció lo de Ciro, lo de Navas, lo de Alberto 'Peto' Restrepo, lo de Mendoza. Entonces uno empieza a revaluar. Ciro, usted marcó una nueva etapa, la de los nuevos autores.

CG: No, lo que pasa es que fui el primero que estrenó. La sombra del caminante y Apocalipsur se filmaron simultáneamente, en febrero del 2002. Pero mi película salió en el 2004, mientras que la de Javier (Mejía), en el 2007.

¿De autor o comercial?

HT: Yo considero que todo lo que he hecho, excepto Muertos del susto, es de autor. Siempre he estado en una autoría muy comercial (risas).

CG: De pronto te da pena aceptar que eres un autor. Sinceramente, la primera idea para hacer La sombra del caminante fue ver Diástole. La hiciste con 5 mil dólares, ¿no? Yo tenía 3 mil dólares para hacer la mía. En esa época no había horizontes de tener plata. Es buena forma de iniciarse no tener nada que perder. Te da libertad una película donde no estás arriesgando un patrimonio gigante de otras personas ni generando expectativas comerciales.

HT: Si uno tiene algo que decir ese es un camino, porque si no puede ser una frustración esperar a conseguir mil millones de pesos. Yo hice mucho videoarte.

CG: Y yo muchos cortometrajes, pero malísimos. En el 2000 le hice un documental a Jairo Pinilla (conocido como el 'Ed Wood colombiano'). A partir de ahí se generó un culto a Jairo Pinilla. Lo admiro mucho. Me parece que sus películas son mejores de lo que la gente piensa. Inclusive, es el pionero de las reinas de belleza en la televisión. Fue jurado del Reinado y le propuso a la Señorita Amazonas que actuara.

HT: Eso es algo que no haría, ¿cierto?.

CG: En principio no tengo ningún problema en trabajar con actores, pero creo que hay cosas que pueden hacer y otras que no. A un juglar vallenato no hay actor que me lo interprete. El rango de los actores no da para tanto y no voy a cometer ese error, que siempre he criticado, y es traer a un actor del interior para que caricaturice el acento de la Costa. En el Caribe había actores de teatro. Pero con Los viajes del viento decidimos empezar de cero: con gente de la región. En el cine hay que ser, no actuar.

HT: Para mí, depende de los procesos de experimentación del director. He trabajado con todo: actores naturales y formados. Ahora estoy tratando de hacer una película con enfermos mentales. El diálogo con un actor natural a veces puede ser nulo. Por ejemplo, en Violeta de mil colores, si no hubiera sido por la estructuración mental y formal de Flora Martínez, no la hubiera podido hacer. He hecho cosas con reinas de belleza y con Don Jediondo y Alerta. Hago las películas para crecer. ¿Ciro, usted haría una película comercial?.

Lo que viene

CG: Los viajes del viento es una película muy comercial o, por lo menos, eso espero.

HT: ¿Cuánto tiempo llevaba usted con Los viajes del viento en la cabeza?.

CG: Diez años. Pensé que nunca la podría hacer, porque era una película en 80 locaciones, con cien actores de la región, en súper 35 milímetros y en formato panorámico. Pensé que si la iba a hacer, eso sería a los 80 años. Una serie de circunstancias se dieron para que pudiera existir. Desde que la concebí era una película utópica.

HT: He hecho seis películas y todas han sido un acto de fe. Riverside era un guardado que si no lo sacaba, me moría. Puse todo mi dinero. La rodamos en Nueva York. Fueron 22 días a la intemperie. A Diego (Trujillo, el protagonista) le dio hipotermia. Era también una utopía. Y ocurre con todas, por el andamiaje que uno tiene que mover. ¿Cómo le pareció Riverside?.

CG: No la he visto, pero espero que sea un regreso al Harold de Diástole y sístole. ¿Qué te gusta más, este tipo de películas, más de autor, o Muertos del susto y El man? ¿Sientes alguna diferencia?.

HT: Sí las hay. Quiero tirarme más por el lado de Riverside. Irme por lo dramático, aunque me ha funcionado mucho lo cómico. Para las comedias me ponen la plata y en ese sentido soy muy mercenario. En mi proceso, la única forma de lograr las cosas es a través de la práctica.

CG: Mi proceso es al revés. Es de reflexión y de cuidado antes de actuar, para no hacer algo hasta que no esté completamente satisfecho. Creo que lo tuyo es completamente válido. La razón por la cual esto es un arte es porque no existen fórmulas.

PAOLA VILLAMARÍN
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Cultura y entretenimiento
Fecha de publicación
5 de abril de 2009
Autor

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