Divorciadas y tan felices...

Divorciadas y tan felices...


31 de marzo de 2009, 05:00 am

"Con cada divorcio, 60 personas de su entorno resultan afectadas", tituló la segunda página de EL TIEMPO el 21 de marzo, retomando una frase de Álvaro Gallo Ospina, director de la Corporación Vivir en familia, de Medellín. Y yo le respondo: "Con cada mujer que se separa o se divorcia, muchas personas respiran mejor". No sé si 60, pero por lo menos quienes integran esta familia, los amigos y las amigas, los directamente concernidos por la separación y, muy particularmente, la mujer. Mujeres de todos los estratos y rincones de esta tierra colombiana, incontables mujeres registradas en rigurosos estudios sobre sus historias de vida, nacen a ellas mismas después de una separación.

Son miles de mujeres que empiezan a vivir, a respirar mejor, a construir autonomía y, tal vez, a volver a amar pero habiendo aprendido algo de la experiencia anterior. En una cultura tan patriarcal, tan machista como la colombiana, con estadísticas de violencias domésticas, conyugales, sexuales y psicológicas espeluznantes, llegar a decir que con cada divorcio 60 personas resultan afectadas es no conocer las dramáticas realidades de este país en materia de violencias contra las mujeres y de amores patológicos.

Y en cuanto a los hijos e hijas, no hay nada peor para ellos y ellas que vivir lo que significa la falta de amor, de ternura, de gestos amorosos, de palabras cálidas entre sus padres. No hay nada peor para niños y niñas, que tener una mamá triste, desencantada, maltratada y sumisa.

Y cuando el amor se acaba, cuando el amor se aleja, por la razón que sea, una separación es lo más sano del mundo. Siempre y cuando los implicados logren separarse civilizadamente. Entonces, todos y todas vuelven a vivir, a construir a partir de esta dolorosa experiencia; vuelven a respirar y, poco a poco, a creer en la posibilidad del amor. Y no es cierto que los hijos crecerán siempre mejor teniendo un papá y una mamá en la casa. Por lo menos, no siempre. Si no circula ya nada entre los papás, los niños y las niñas viven interiormente un drama que no entienden bien pero que marcará indeleblemente sus memorias, sus inconscientes y su devenir amoroso de la adultez.

Por cierto, debemos evitar cualquier generalización en un tema tan sensible como el del amor, pues, como lo he mencionado a menudo, no existen recetas para un buen amor. Demasiados factores entran en este complejo juego de fantasmas, deseos e historias particulares de dos personas. Es tan fácil enamorarse y tan difícil amar. Cada uno, cada una, debe hacer su propio camino.

No significa tampoco que uno se debe separar a la primera crisis. Por supuesto que no. Esta se debe afrontar antes de tomar cualquier decisión de separación. No obstante, muchos de los homicidios de mujeres -o feminicidios- y la mayoría de las violencias intrafamiliares y conyugales se deben a los celos, a las venganzas y a las frustraciones amorosas. Cada tercer día, en Colombia, una mujer muere bajo los golpes de un hombre; en general, el ex amante o ex marido, el compañero sentimental, o el novio. Y muy a menudo este drama ocurre porque las mujeres seguimos perdonando a hombres violentos que prometen cambiar.

Señor Gallo Ospina, el concepto de familia -sagrada, indestructible, nidito de amor y de bienestar- es irreal. Las familias también son a menudo infiernos. Afortunadamente, familias monoparentales, familias recompuestas, familias amplias o familias homoparentales ya existen numerosamente en muchos países del mundo. El costo para las mujeres de la sacralización de la familia ha sido alto y en este sentido la posibilidad de una separación o de un divorcio representa para ellas una posibilidad de volver a vivir y a amar.
* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad