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Rafael, guerrillero y también víctima de una mina antipersona, relata su historia

Esta doble condición lo tiene en el limbo jurídico. Busca una entidad que lo ayude en este país, donde se presenta la mayor cantidad de víctimas de estas minas.

La vida de Rafael* parece un resumen de la guerra de Colombia. Él y su familia han sido víctimas de la guerrilla, de las autodefensas, de la pobreza, del desplazamiento, de las minas antipersona y ahora, de los vacíos jurídicos.

La tragedia de él comenzó a los 13 años de edad -hoy tiene 24-, cuando la guerrilla llegó a la casa y se lo llevó a la fuerza para que ingresara a sus filas. Era la época de la zona de distensión y reclutaban muchos niños porque "uno es más rápido pa' las vainas", dice Rafael. Vivía en Charras del Guaviare, un pueblo que, cuenta, ya no existe, porque años después las autodefensas amenazaron a la población para que se fuera de allí.

En el monte cuidó secuestrados y combatió con el Ejército, siempre con una amenaza: si se vuela, le matamos a su familia. Ya a sus padres la guerrilla les había advertido que si denunciaban el caso, asesinaban a su hijo.

Un día, los jefes mandaron a Rafael y a dos muchachos más a hacer una exploración rutinaria. Caminaban en fila, Rafael iba en el medio. El primero pisó una mina antipersona y murió. Él y el otro compañero quedaron heridos.

Los guerrilleros los recogieron y a los pocos días, él no sabe cómo lo lograron, lo enviaron a Bogotá en una ambulancia de la Cruz Roja. Llegó al Hospital Simón Bolívar, donde lo operaron de los pulmones y a los tres, cuatro días, lo llevaron a la cárcel La Picota por los delitos de rebelión y secuestro. "Me acusaban de secuestrar la ambulancia, cuando en ese momento yo estaba más muerto que vivo". En la cárcel comenzaron a ser evidentes las demás consecuencias que había dejado la mina: poca visión y poca audición. Lo operaron una vez de los ojos, "pero en una revuelta echaron gas pimienta. A mí me cayó en los ojos, yo estaba recién operado y a los dos días ya sentí que mi córnea se estaba muriendo".

Actualmente, lo único que él percibe con los ojos son sombras, no logra distinguir las caras. Escucha muy poco, un ruido constante, y los oídos le duelen con frecuencia. También le causan dolor las esquirlas que tiene en todo el cuerpo. "Las de la cara ya no se me notan porque se han ido para adentro", explica. Dos dedos de su mano izquierda se fracturaron y como no recibió tratamiento, no volvieron a funcionar bien.

Estuvo un año en la cárcel. Al salir, tramitó sus documentos de identidad, era mayor de edad; pero en su casa ya nada era igual. A su padre, las autodefensas le habían quitado el ganado y lo habían expulsado de la tierra. Años más tarde, él desaparecería en un retén de los paramilitares. Luego, desaparecería también la hija de 18 años. Creen que a ella se la llevó la guerrilla. Actualmente, la madre de Rafael vive en Acacías con una hija de 7 años y ayuda a su hijo cuando puede. A Rafael le da miedo ir a visitarla, ya una vez la guerrilla fue a buscarlo, a decirle que lo esperaban de vuelta.

Su familia lo ayudó con recursos para una segunda operación de los ojos que no le mejoró la visión. Varios parientes se han distanciado de él porque consideran que las autodefensas mataron al padre por tener un hijo guerrillero.

Una mano

Hace poco, en Bogotá, Rafael encontró una mano amiga. Una vecina de la tía donde vive conoció la historia del muchacho y consideró que también era suya. A ella, las autodefensas le habían matado a su único hijo, un joven que tendría la edad de Rafael. Lo ayudó y así fue como él llegó a la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, Cnrr, donde estudian el caso. La Alta Consejería para la Reintegración acoge a los ex combatientes que hayan dejado las armas, sea en una desmovilización colectiva o individual, explica Nini Johana Soto, abogada asesora de la división jurídica de la Comisión.

Rafael no entra en este grupo de personas porque él no es desmovilizado. Su caso no está contemplado por la ley. Por ahora, en la Comisión lograron que viviera seis meses en la Fundación San Felipe, un albergue que tiene convenio con una organización internacional de ayuda humanitaria y que le ayudó para que le practicaran una cirugía en los oídos, pero "ellos dijeron que yo ya no quedaba bien". Hace pocas semanas salió de la fundación y con ayuda de personas de la Cnrr están tratando de encontrar alguna entidad que atienda casos de personas víctimas de las minas antipersona y se haga cargo del caso, y existen unas altas posibilidades de que el Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos, Crac, le colabore con la recuperación gracias a la mediación de una organización internacional de ayuda humanitaria.

Rafael no puede valerse por sí mismo, no ha trabajado nunca porque sus limitaciones físicas se lo impiden.

En la Cnrr también lo ayudaron a tramitar la reparación por vía administrativa a la cual tiene derecho por haber sido reclutado a la fuerza y por tener lesiones graves a causa de una mina antipersona, explica Andrea Gómez, asesora de la Cnrr.

La única ilusión de Rafael en estos últimos meses ha sido una amiga que conoció en el albergue, ella tiene una historia igual a la de él: una muchacha reclutada a la fuerza por la guerrilla que fue víctima de una mina antipersona y que no ve ni oye bien. Pero ella sí se desmovilizó y cuenta con los beneficios propios de estos casos.

Rafael también ha encontrado la ayuda de Dios. Hace dos años conoció a unos cristianos que predicaban, le llegaron al corazón y desde entonces se unió a este grupo. Dice que Dios es la única ayuda que puede tener. Ellos a veces le colaboran con algo de dinero.

No siente rabia, siente tristeza y un poco de angustia cuando piensa en el futuro, porque a los 24 años no logra imaginar que la vida le pueda traer algo bueno.

Rafael cree que su caso no es único, porque los niños en la guerrilla son muchos y seguro otros más han sido víctimas de las minas antipersona y no tienen cómo escapar de esta guerra que los amenaza a ellos y a sus familias, que los hunde en una encrucijada donde el miedo impera.

Según cifras divulgadas por el Ministerio de Defensa, en Colombia se registran en promedio dos víctimas diarias de estas minas. En palabras del ministro Juan Manuel Santos a los medios de comunicación, "somos, hoy por hoy, el país donde se presentan más víctimas por causa de las minas antipersona".

Entre 1990 y 2008, al menos 7.451 colombianos fueron víctimas de estas minas, de los cuales 34 por ciento eran civiles y el resto, militares. Del total de víctimas, 1.692 murieron y las demás resultaron heridas.

*Nombre cambiado por seguridad.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
13 de marzo de 2009
Autor

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