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OPINIÓN: El Fmln al poder, votos en vez de balas

Los conflictos y las guerras pueden terminar en victorias militares, negociaciones de paz o una extendida degradación.

Para que las primeras o las segundas tengan lugar se requiere conjugar aun mismo tiempo factores políticos, militares, sociales y de orden internacional capaces de configurar una especie de "masa critica" con el potencial de definir la confrontación. Y en ausencia de victorias definitivas (luego de un esfuerzo militar supremo) lo que se abre es entonces una ventana de oportunidad para negociar la paz.

Así ocurrió en El Salvador donde el Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional -Fmln-, luego de una 'Ofensiva general' (enero de 1981) y otra llamada como 'Ofensiva Final'  (Diciembre de 1989), llego a un acuerdo negociado de paz (Acuerdos de Chapultepec de enero de 1992).

Para la primera Ofensiva General de Enero de 1981 en la Comandancia General del Fmln existía la certeza  que podía ser creada una coyuntura de derrocamiento del Gobierno demócrata-cristiano de José Napoleón Duarte y el acceso directo al poder junto a una alianza de organizaciones sociales y políticas agrupadas en un Frente Democrático Revolucionario (FDR) que configurarían una especie de "gobierno de transición". Una exitosa combinación de campaña militar junto a una insurrección general serian la clave para el triunfo.

Mientras el gobierno lidiaba con los efectos de la muerte de Monseñor Arnulfo Romero a manos de grupos paramilitares, la creciente percepción internacional sobre su incapacidad de contenerlos y  extendidas acusaciones de corrupción, el Fmln  se lanzo a la ofensiva con grandes contingentes guerrilleros  que atacaron en movimiento y derrotaron a las mejores unidades militares de la Fuerza Armada Salvadoreña.  No obstante lo anterior la llamada Ofensiva General fracaso en su intento de toma del poder abriendo paso, a cambio, a una nueva y compleja pero decisiva coyuntura.

Para cuando termino la primera ofensiva general el Fmln ya había consolidado como "zonas liberadas" casi el 70% del territorio (algo determinante para una guerrilla que necesitaba construir retaguardias estratégicas), incluyendo el Volcán Guazapa a pocos minutos de la ciudad capital y se abrió un espacio internacional con el reconocimiento diplomático de "fuerza beligerante" que le otorgo una declaración franco-mejicana. Pero un reacomodo estratégico del plan de guerra de la Fuerza Armada Salvadoreña revirtió en no más de tres años las ventajas de la guerrilla. Se crearon 5 unidades estratégicas de combate conocidas como "Batallones de Reacción Inmediata" BIRI; se conformaron grupos de fuerzas especiales que penetraron a la profundidad de la retaguardia guerrillera (Patrullas de Reconocimiento de Largo Alcance PRAL); se creo un cuerpo especializado para la protección de la infraestructura y se conformo una poderosa Fuerza Aérea que apoyaba desembarcos y ataques a objetivos inaccesibles a la infantería o la artillería. Y la inteligencia electrónica no solo se expandió sino que también se sofistico.

Pero también obraron trascendentales decisiones institucionales y cambios políticos alentados por E.U. La más importante de las primeras fue  disolver los llamados "escuadrones de la muerte" apoyados por sectores de la derecha política (Arena) y algunos militares, así como  la adopción de un riguroso programa de respeto a los Derechos Humanos. En lo político, el reacomodo estratégico llevo al poder a un lúcido empresario, Adolfo Cristiani, quien no obstante haber ganado  la presidencia en nombre de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), lidero un proyecto modernizante de cambio en El Salvador, que incluía la posibilidad de una negociación de paz con el Fmln.

Para finales de 1989, cuando se decide convocar y realizar la Ofensiva Final, el Fmln se había percatado de la ventaja militar estratégica del adversario (irreversible); un creciente agotamiento por la guerra entre sus combatientes y sectores simpatizantes o de influencia (sindicatos, organizaciones campesinas y estudiantiles) y un escenario internacional en que aun mismo tiempo se ganaba espacio para la paz (Acuerdos de Contadora, Esquipulas I y II) pero se perdía para el apoyo de la guerra revolucionaria (Sandinistas pierden el poder en Nicaragua, cae el Muro de Berlín, E.U. invade Panamá).

En estas condiciones se planteó la ofensiva final, de la cual podía ocurrir una victoria militar (improbable) o una coyuntura de negociaciones de paz. Pero fuera uno u otro el escenario se requería de una ofensiva sin igual. Por eso el Fmln decidió sitiar las cinco principales ciudades capitales de departamento y concentrar una dirección principal de ataque sobre la capital, San Salvador, ocupando barriadas populares para animar la insurrección y una resistencia prolongada en el combate urbano mientras simultáneamente se llevaba la guerra al sector residencial de la elite salvadoreña, la Colonia "Escalón".

La Ofensiva militar fue un hecho notable.  No se produjo ninguna victoria militar contundente pero luego de veinte días de feroces combates y asedio se modifico la situación política y militar. El Fmln demostró tener gran capacidad ofensiva y arrestos para continuar la guerra, de ser necesario. Fracasó si en el intento de producir aunque fueran  aislados brotes insurreccionales y una vez debió ordenar la retirada pago costosamente la superioridad aérea contraria, que no fue posible neutralizar a pesar de haberse hecho uso  de misiles SAM7 recién llegados de Nicaragua.

Luego de 12 años de guerra y 70 mil muertos, la Ofensiva  Final de 1989 puso el punto de inflexión para terminar la guerra. La  muerte de cuatro sacerdotes jesuitas a manos de un grupo de militares en San Salvador -a comienzo de la ofensiva- hizo temer por el resurgimiento de escuadrones de ultraderecha. Los Estados Unidos, afectados directamente por la retención de varios asesores militares en el Hotel Sheraton mientras se combatió en San Salvador, comprometieron empeños secretos y actividad diplomática abierta para alentar la negociación política con el Fmln. Y esta agrupación de cinco organizaciones guerrilleras, radicales, de corte marxista-leninista, se percato de la  definitiva inviabilidad de tomar el poder  para  instaurar luego, según se postulaba, un régimen socialista.

A cambio, el Fmln logro una transformación democrática en un asunto crucial: la desmilitarización de la vida del país. Otros puntos hicieron parte del Acuerdo de Paz que se finiquitó en el balneario mexicano de "Chapultepec" en Enero de 1992, pero esencialmente todos versaban sobre ampliar  y consolidar el espacio de la civilidad, la democracia y los derechos humanos.

De conjunto (Asamblea Legislativa, Alcaldías) y salvo la Presidencia de la República, el Fmln se disputa ser hoy la primera fuerza política del país; y es por esa vía, votos en vez de balas, que tal vez pueda completar los cambios sociales y económicos para los que la negociación de paz no alcanzó.

DIEGO L. ARIAS T*.
Especial para   El TIEMPO.COM
*Ex comandante de Fuerzas Especiales en el Fmln y  ex militante del M-19

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
13 de marzo de 2009
Autor
*Por Diego L. Arias T. Especial para El TIEMPO.COM

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