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Trabajar por trabajar
Ahora parece una sorpresa que el desempleo en Colombia sea alto. El abierto ya está en 14,2 por ciento. El subempleo también es alto. Estos problemas son de vieja data. Pero, cuando las tasas suben, empiezan a cacarear aquellos que no les interesan las condiciones de trabajo ni el trabajador. Hablan con otros intereses.
Decir que los candidatos a la Presidencia no hablan de esto es una manera de ocultar que aquà y hoy no se hace nada por el empleo. Eso de que "quizás" solo les interesa el problema del empleo a Fajardo y Vargas, y que el Polo no trata el problema es una propaganda polÃtica, pero no un análisis. No soy del Polo, y allá ellos con sus peleas, pero me bastó ver en una revista que en su congreso propusieron un programa que en parte sirve, de una manera u otra, para combatir el desempleo: nuevo modelo económico que haga efectivo los derechos de salud y de educación; reforma agraria que restituya a los desplazados sus derechos; reforma tributaria estructural que genere progreso, pero también redistribución.
La verdad es que nuestras condiciones de trabajo son dramáticas. Para definir el salario mÃnimo, cada año tenemos que soportar las insulsas discusiones del consejo compuesto por tres partes: el Gobierno, los gremios y las centrales de trabajadores. La última vez, el desacuerdo fue resuelto por el Gobierno, tal como lo viene haciendo desde hace años, ajustando el salario mÃnimo a la tasa de inflación. El Ministro de la Protección Social tuvo el cuidado de no redondear con 3.000 pesos mensuales la cifra final. Esas discusiones son inútiles: los tres participantes saben que no habrá acuerdo, que los problemas del empleo no se tocarán, ni se cambiarán las condiciones de trabajo. Además, las discrepancias son banales porque el salario mÃnimo sólo lo tiene una parte de todos los trabajadores. La mayorÃa ni recibe el salario mÃnimo.
Los dueños de la economÃa se preocupan por justificar todas las decisiones sobre el trabajo en función de rebuscadas teorÃas. Con horror, Gobierno y empresarios ven en el aumento salarial una amenaza para la generación de empleo. Cuando hay crisis económica, dicen que es necesario flexibilizar las normas de contratación del trabajo. PÃrrico argumento, pues estas ya fueron flexibilizadas por este gobierno y solo han producido más desempleo. Nadie habla de generar más capacidad de compra y reforzar el mercado interno. Esta es una economÃa de especulación, importación y exportación.
Estamos llenos de empleo basura hasta en el sector profesional. Ni las universidades más exclusivas garantizan lograr empleos decentes. Cuando un profesional desea ser independiente, encuentra una maraña que recorta su ingreso: tiene que pagar ciento por ciento de servicios de salud, de jubilación, de riesgos profesionales; usualmente debe asumir el 16 por ciento de IVA, que deberÃa pagar el contratante; no tiene estabilidad laboral y pasa largos meses desocupado entre contratos. Hoy se contrata por debajo de las tarifas profesionales.
Hay mil historias. Tengo una sencilla: una abogada de la Javeriana, graduada hace 15 años, ha pasado por todos los trabajos temporales, por prestaciones de servicios, solo ha tenido cuatro años de empleos regulares, le han escatimado jubilaciones, salud, cesantÃas, le han demorado o no le han pagado todos los honorarios, ha sido maltratada por jefes, han intentado abusar de ella y, después de tantos años, está llena de anécdotas, pocas semanas de jubilación acumuladas y carece de un trabajo estable. Pero paga impuestos. Si eso es con profesionales, ¿qué será de los trabajadores del campo, de los obreros de la construcción, de los taxistas o de los vendedores ambulantes?
Cuando algunos hablan de desempleo hay que cuidar la billetera. Seguirán hablando; hay libertad para hacerlo. ¿Y del capital y la tierra? Pues, de esos, como en los museos, mirar y no tocar.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 3 de marzo de 2009
- Autor
- Carlos Castillo Cardona
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