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El asesor y su gobierno
En este gobierno, el tema semántico ha sido de suprema importancia.
He visto una hilera de helicópteros artillados volando a ras de piso. Los he visto aparecer a lo lejos, cuando todavía no rugen sus motores, y la imagen es tan silenciosa y triste que es inevitable pensar en la guerra de Vietnam. Pero aquí, según este gobierno y su asesor, no hay conflicto armado, mucho menos una guerra.
He transitado alguna carreteras del país en donde me han tocado los retenes militares más inverosímiles: trincheras hechas con bultos de arena construidas sobre la cinta asfáltica; cubos de protección con diminutos huecos por donde asoman los fusiles. Y me he sometido a muchas preguntas que en un país normal no debería uno contestar, pero como aquí estamos en guerra y padecemos sus consecuencias, debemos contestar, así el gobierno y su asesor sostengan que en este país no hay de eso.
Me han advertido más de una vez que no vaya por cierto lado, porque es zona paramilitar. Y cuando lo he intentado me he dado cuenta de que sí, que en realidad sería mejor no pasar porque es zona paramilitar, porque vaya uno a saber si les contesta bien el test de la supervivencia, así el asesor y su gobierno insistan en que en Colombia no quedan paramilitares. He visto pueblos con 150 casas y un solo habitante, desalojado por completo por las guerrillas de las Farc y Eln. Un habitante embrutecido que sólo sabe de horrores y nostalgias, que lo único que atina a decir de sus familiares es que se los llevó la guerra, así el asesor y su gobierno insistan de manera vehemente, en conferencias internacionales y frente a las cámaras nacionales, que aquí, en esta Colombia que usted y yo conocemos porque somos sus dolientes, no hay conflicto armado.
Me ha tocado ver hordas de desplazados caminando por todas las ciudades principales de este país. Desplazados que ascienden a 4 millones, según el Codhes; de los cuales el Gobierno sólo admite 1'800.000. Muchos desplazados, en todo caso, que aseguran estar en esa condición por el conflicto, así el Gobierno y su asesor aseguren que en esta Colombia eso no existe; y así el asesor alguna vez haya dicho que en Colombia no existe desplazamiento forzoso sino un asombroso movimiento de colonización. Y todo eso lo dicen frente a las cámaras, nos lo dicen a todos los colombianos, como si los colombianos viviéramos en París y no tuviéramos que soportar en carne propia este conflicto armado; como si viviéramos una cotidianidad igualita a la de un madrileño o un argentino, y no esta tan excepcional, llena de parágrafos y otrosíes en las leyes, llena de tanques y balaceras y combates y helicópteros y ejércitos ilegales, llena de desconfianza, de la desconfianza que da haber crecido en un país en guerra.
En este gobierno, el tema semántico ha sido de suprema importancia. Según el Gobierno y su asesor, o viceversa: Aquí no hay conflicto armado y aquí ya no hay paramilitares. Si no hay conflicto armado, entonces todos los colombianos estamos locos, y si ya no quedan paramilitares, ¿cómo tendremos que decirles a las 'Águilas Negras'? Pues bien, hay propuestas. A los señores del Gobierno se les ha ocurrido llamarlos bacrim, una sigla que suena a remedio y significa 'bandas criminales'; pero antes los habían llamado Gaoml, que también suena a remedio peligroso y significa: Grupos Armados Organizados al Margen de la Ley, pero cuando alguien del Gobierno se dio cuenta de la palabra "organizados", dijo que no, que ellos no estaban organizados, que las 'Águilas Negras' son una bandita ahí. También los han llamado Grupos de Justicia Privada (ignoro si acuñaron sigla); y la Defensoría del Pueblo los llama Paramilitares Rearmados. Pero el pueblo, este pueblo al que le mienten frente a las cámaras, los llama paramilitares, paracos o paras. Aunque alguna vez una viejita de Casanare me dijo: "A mi hijo se lo llevó la guerrilla de los paras".
En fin, parecemos enfrascados en el problema semántico, y lo de más (las víctimas de esta guerra) sigue siendo lo de menos.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 1 de marzo de 2009
- Autor
- Cristian Valencia
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