Familia quindiana lleva 20 años unida por la pasión de las artesanías

Familia quindiana lleva 20 años unida por la pasión de las artesanías

En el taller Tarralí de Armenia llegaron a trabajar 25 miembros de una misma familia, que ahora están en cinco talleres. El uso de totumos y calabazos es una de las características de sus obras.

13 de febrero de 2009, 05:00 am

El primero fue Leonardo Castaño, cuando a sus 20 años, empezó a transformar calabazos para hacer llamativos y vistosos pesebres. Luego fue su mamá Mélida Castaño quien se animó.

Al trabajo y pasión por las artesanías del joven se fueron sumando tías, primos y sobrinos hasta sumar 25 familiares en el Taller Tarralí en Armenia.

Fue él quien inició lo que ahora es una tradición familiar. Entre sus allegados no había antecedentes en este arte pero el gusto le viene desde niño, cuando hacía figuras en arcilla y otros materiales y pintaba y creaba objetos.

Su formación empírica se fue cualificando con libros, siempre aplicando y creando nuevos conceptos y formas.

Su mamá, de 63 años, dice que "yo trabajo con mi hijo desde que empezó. Ahora me hago cargo del área administrativa, atención al público y relaciones públicas".

Rosa María Castaño, tía de Leonardo, también lo acompaña desde la creación del taller. "Me pidió que le colaborara con la pintura porque yo había tomado clases, inicialmente nos ayudábamos con los libros y él me enseñaba muchas técnicas", refiere.

Dos primas de Leonardo -hijas de Rosa María- han adoptado este estilo de vida. Sandra Milena Arroyave, de 28, comenzó pintando. Con este oficio pagó sus estudios universitarios de contaduría, que ahora aplica en el taller.

Ahora, 20 años después, pese al tiempo transcurrido, no para el interés, y Estefanía Arroyave, de 18 años, se sumó hace seis meses, trabajando la pintura en relieve, técnica que aprendió de sus familiares. Es la más joven de este grupo de artesanos.

Otros de los 25 allegados decidieron crear sus propias empresas y ahora son cinco talleres del clan familiar, todos en Armenia.

Uno de ellos es Carlos Humberto Narváez Castaño, de 28 años, primo de Leonardo, dueño de Caluga Decoración, en sociedad con Diego Alexander Castaño, otro de ellos. 

Después de 13 años al lado de su primo, Carlos creó su propio taller. "Empecé a trabajar con mi primo en Tarralí a la edad de 12 años. A Leonardo le aprendí todo lo que hoy sé", dice. Trabajó la guadua y ahora se dedica a crear cuadros tallados, además de utensilios decorativos para el hogar. 

"Aquí trabajamos seis personas de planta y dos personas indirectas, la esposa de mi primo Diego es la contadora de la empresa, mi esposa se encarga de la pintura y también hay familiares de ella involucrados". Sus hijos también ya conocen mucho del oficio.

Leonardo dice que ante la competencia de los productos asiáticos tuvo que aprender de ellos mismos y trabajar al contrato, enviando a hacer trabajos por fuera. Ahora son siete personas de planta. 

Además del totumo de los calabazos, utilizan otros materiales como guasca, iraca y madera para elaborar muebles, cuadros, lámparas y otra variedad de productos. 

El clan familiar ha participado en eventos y ferias en España, Cuba, Chile, Estados Unidos y otros países.

Aunque los pesebres tienen alta demanda en diciembre, los que elaboran Leonardo y su familia son comercializados durante todo el año y sus trabajos adornan la Navidad en países como Estados Unidos y México, pedidos por personas que tienen familiares o amigos en Colombia.

En algunos momentos esta empresa familiar exportó algunos, pero deben industrializar la producción, proceso suspendido debido a la crisis económica mundial.

"El principal destino de exportación ha sido Estados Unidos. México, que es un país con tradición de artesanos, ha importado nuestros productos, pues les gusta mucho el colorido de Tarral. También los solicitan desde Venezuela", precisó uno de los Castaño.

Ahora Tarral se encuentra en negociaciones con una distribuidora extranjera que posiblemente posicionará en el mercado estadounidense las obras de los Castaño en Tarralí.  

Poco cultivo de auyamas

El proceso empieza con el mismo cultivo de los calabazos o auyamas, poco común en el país. Se usa solo una variedad, en terrenos alquilados alternadamente, pues no se debe prolongar el cultivo en un mismo predio. Es un proceso que demora unos 8 meses hasta su cosecha.

Luego se hace la selección de la materia prima, los totumos se secan y de acuerdo con la forma de cada uno, definen el tipo de trabajo que se puede realizar.

Se les aplica una base blanca y, finalmente, aplican colores en diferentes técnicas de pintura como óleo, pintura de vitral y acrílica.

Yuliana Andrea Perdomo G.

ARMENIA

 

Fotos. Yohanna Diaz