Patrocinado por:
Botellas van y vienen
"Pensé: 'Ha llegado el momento de tirarles una botella a la cabeza'. Cogà la botella, y... me servà una copa." Dostoievski.
Muchas veces siente uno el deseo expresado por el gran novelista ruso de tirarle a alguien la botella a la cabeza. Sin embargo, lo mejor suele ser servirse la copa, apurarse el trago y bajar los humos. Ante todo, hay que tener en cuenta a quién se le está tirando el artefacto. "No se meta con Julio Sánchez Cristo", me decÃa una gran amiga. Desatendà el consejo y en un par de oportunidades osé burlarme del periodista y de su sabio asesor.
Por aquel entonces yo tenÃa un programa de radio en Caracol y me enteré de que el señor Sánchez estaba muy molesto y que, junto con un depreciado abogado, habÃa pedido mi cabeza. Poco tiempo después, el programa salió del aire. Desconozco las razones y probablemente no tuvieron nada que ver con el director de la W.
Julio Sánchez y, en general, un buen número de columnistas de opinión son el quinto poder (el cuarto, ya lo sabemos, son los dueños de los medios para quienes ellos trabajan).
Y es cierto, pueden joder a quien les dé la gana: fiscales, procuradores o a la señora de los tintos si por alguna razón les cae mal. Preocupa el narcisismo de los columnistas, hay un narciperiodismo casi peor que el narcoparaperioparamilitarismo.
Columnistas prepotentes -y, a su manera, impotentes-, ex senadores, ex ministros, ex cónsules, ex detectives, futuros cónsules, ministros, senadores y detectives, ¿qué sé yo? Pienso que ciertos periodistas opinadores son iguales o peores que los polÃticos que ellos, no sin razón, tanto critican. Los hay en las dos esquinas, tanto a la derecha como a la izquierda y nunca se toman el vino, siempre andan lanzando las botellas. Despiadados con los demás, son extremadamente susceptibles a la crÃtica que cualquiera se atreva a hacerles.
De columna a columna vuelan botellas, de Bejarano a Londoño, de Zuleta a quien sea, de Rueda a Shakira. Como botellas vuelan de los foros de los lectores a las cabezas de los columnistas. ¿De quién son engendro estos lectores déspotas, desproporcionados y malos lectores? Si bien el verbo engendrar significa procrear la propia especie, a su vez engendro es una criatura informe que nace sin la proporción debida. Al pasar por las columnas de opinión o por las cartas de los lectores se corre el riesgo de salir cortado. Hay mucho vidrio y picos de botella rotos por ahà y el vino derramado no se puede tomar.
Al margen: el verbo poseer amenaza con apropiarse de los territorios del tener, como lo hizo a su debido tiempo el colocar (que desbancó al verbo poner) y escuchar que eliminó el oÃr. En poco tiempo estaremos diciendo: no poseo tiempo, no poseo ganas y, quién quita, no posees que venir (por no tienes que venir).
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 9 de febrero de 2009
- Autor
- Mauricio Pombo
Patrocinado por:





