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Los tres hermanitos
Los mandatarios de las naciones deben gobernar sus destinos teniendo en la mira el sumo bien de sus paÃses y considerando el concierto universal de los pueblos de la tierra. Suena grandilocuente, pero es exacto. Ahora, digamos lo mismo, en una cátedra de urbanidad: los mandatarios deben portarse con buenas maneras, no como niños maleducados, porque eso perjudica al mundo. Deben, en consonancia, disimular, moderar o suavizar sus defectos, más si se trata de paÃses del Tercer Mundo, porque están en la mira despiadada e injusta de las potencias. En estos pagos del norte de Suramérica vivimos momentos de mucha pasión. Alguno es un niño malgeniado, otro, un resentido y el último, un payaso. Si mi mamá viviera, dirÃa, al verlos aireando sus niñerÃas por la televisión, la radio, la prensa y en los foros internacionales, "qué pena con la visita, mijito".
Entremos en materia. El presidente Correa, al que de ahora en adelante se denominará como Correa, dice que el tal pasado judicial apostillado que exigen ahora a los colombianos para entrar al Ecuador es para evitar a tanto maleante colombiano. Vale, mi señor. Pero cuando señala usted con un dedo, tres de la misma mano lo acusan. Recuerde que hoy por hoy la colonia más infractora (palabra muy decente) en España es la de los ecuatorianos, respetando, desde luego, a los ecuatorianos maravillosos, que los hay por millones. Y en segundo lugar quiero recordarle, Correa, que usted tuvo que cambiar hace un tiempo a sus policÃas de inmigración en Rumichaca, por su pavorosa corrupción, situación que no ha cambiado.
Para que los colombianos entremos por tres meses al Ecuador nos exigen la tarjeta andina, que nos dan en la frontera. Al regresar, debemos entregarla allà mismo y los policÃas ecuatorianos deben anotar en computador la devolución. Sucede todos los dÃas que ellos dicen a los colombianos que no la entregaron y sostienen que en el computador no consta nada.
Antes, eso se arreglaba dando 20 dólares que exigÃa el policÃa bajo cuerda. Ahora que cambiaron a los policÃas corruptos, entonces aparecieron los llamados coyotes. Ellos miran y están pendientes. Al ver al pobre colombiano en esa situación dicen que le arreglan todo por unos 70 dólares. El colombiano los entrega y el coyote va y los reparte con los policÃas. No venga, pues, Correa, a hablarnos de moralidad. Usted, amigo, hace daño a su paÃs, porque apreciable porcentaje de la riqueza de Ecuador se debe al empuje de colombianos establecidos allà y porque perjudica al turismo. Deje de airear su resentimiento, que la cara se le ve muy fea cuando hace esos gestos maleducados de niño crecido.
Aprenda la primera lección de gobierno y de relaciones internacionales; estas se manejan con pragmatismo. ¿Le explico el término? Y le aclaro que los datos que manejo son producto de mi viaje reciente a Ipiales y Tulcán, en que conversé con ecuatorianos y con colombianos. ¿Hablé de mala educación? Nada menos que el director de la OEA invitó hace poco a ambos cancilleres a reunirse. Y usted no lo permitió. Hombre, Correa, las buenas maneras nunca sobran. A usted y a gobernantes homólogos con procederes similares habrÃa que recordarles el verso español: "Tú te rÃes porque tienes por el mango la sartén; cuida que no te la quiten y un sartenazo te den". Fue con gusto.
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Nada que ver. Compadezco a locutores y periodistas de radio que, mientras llegan los helicópteros, deben hablar y hablar, repetir, inventar, contradecirse, equivocarse, ver aparatos que todavÃa no llegan, decir obviedades, hacer algunas preguntas y comentarios que dan pena. Gajes del oficio.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 9 de febrero de 2009
- Autor
- Andrés Hurtado
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