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Salta, un lugar poco conocido del norte argentino que se abre al mundo

A dos horas por aire de Buenos Aires, este destino cuenta con el Museo de Arqueología y de Alta Montaña en el que los turistas podrán ver las momias incas de Llullaillaco.

No es uno de los destinos que más suenan para los turistas extranjeros que cada año visitan por millones la Argentina, pero difícilmente encontrará un viajero arrepentido de no seguir al resto del rebaño y poner su brújula hacia el norte rumbo a Salta.

De todas maneras no se equivocan quienes optan por los destinos más conocidos y siempre encantadores, como Buenos Aires, Patagonia y Bariloche.

A dos horas de Buenos Aires, vía aérea (a 1.542 kilómetros de distancia), se encuentra otra cara de la Argentina.

Una más oscura de piel, más colonial y con un acento que a los oídos de un colombiano recuerda el hablar de los nariñenses.

No hay que extrañarse. Hasta allá, como al sur de Colombia, se extendieron los tentáculos del imperio inca y de eso dan testimonio las momias de los tres niños de Llullaillaco, que fueron entregados a los dioses en las cumbres nevadas -más de 6 mil metros de altura- que marcan límites con Bolivia.

Los encontraron en 1999 en la misma posición en la que se durmieron para siempre. Hoy descansan en el Museo de Arqueología y de Alta Montaña de Salta, pero no las exponen todas al tiempo para evitar que las visitas de los turistas afecten los cuerpos que por más de 500 años conservaron las nieves perpetuas.

Con 427 años a cuestas, Salta, la capital de la provincia del mismo nombre, parece como detenida en los buenos tiempos. Tiene las ventajas de cualquier ciudad, pero todavía no parece tocada por los males de la vida moderna. Se precia de ser la cuna de los famosos Chalchaleros, que todavía suenan en Colombia y que sacaron al exterior la música del campo argentino.

Con esos antecedentes no hay que sorprenderse si los gauchos aparecen, como hace 100 años, a lomo de sus caballos. No montan para que los vean los turistas sino para asistir a las procesiones de la Virgen o a las fiestas de Güemes, el héroe local de la Independencia que también es su patrono.

Los viñedos más altos

Para los gauchos no habrá sido un viaje fácil. Tuvieron que pasar de las frías montañas a los paisajes desérticos que caracterizan el norte de la Argentina. Por la vecina Mendoza, de hecho, se movieron hace unas semanas los carros del rally Dakar Chile Argentina.

Valles como el Calchaquíes cortan el aliento. Imponentes montañas con formas que el viento y la lluvia labraron por siglos parecen un paisaje marciano que solo es interrumpido por pequeños pedazos de verde en los que los salteños le sacan a la tierra uno de sus mejores productos: sus vinos.

En Colomé, a seis horas de Salta en carro, está la hacienda del mismo nombre que tiene los viñedos más antiguos de toda la Argentina. La bodega fue fundada en 1831 y sus cepas traídas de Europa son pre philoxera (anteriores a la plaga que acabó con los viñedos del Viejo Continente hace 150 años).

Su actual dueño es un multimillonario suizo, Donald Hess, que llegó a comprar los viñedos más altos del mundo (Colomé está a 2.300 metros de altura y tiene plantaciones todavía más altas, a 3.020 metros, también en Salta).

El hombre aprovechó la casona colonial para montar un lujoso hotel boutique que tiene fama como destino de primera clase para el turismo internacional.

Otras bodegas que exportan sus vinos a todo el mundo, como El Esteco y Michel Torino, también se dieron cuenta del éxito de la combinación entre vinos y turismo y ya tienen sus propios hoteles de lujo en medio de los viñedos.

Están en los alrededores de Cafayate, que como toda Salta fue bendecida con las condiciones que harían delirar a cualquier hacedor de vinos: buenas cepas, poca lluvia, ubicación geográfica lejos del trópico, mucha luz y pocas plagas naturales.

Salta es también la tierra de una uva argentina que se está abriendo paso en medio de los vinos mundialmente reconocidos: torrontés.

Por años fue tratada como una cepa de segunda porque sus orígenes no están claros y en materia de vinos la pureza de sangre pesa. Sin embargo, ahora va camino de afianzarse como el vino blanco argentino por excelencia, por su frescura y por los aromas escondidos que, dicen los que saben, lo hacen perfecto para acompañar pescados.

O simplemente para refrescarles la vida a los que, tras conocer la imponencia de las tierras que lo producen, se han quedado sin aliento.

Si usted va

Los colombianos no necesitan visa para ingresar a Argentina. Aerolíneas Argentinas vuela entre Bogotá y Buenos Aires, y de allí a Salta. También vuelan de Bogotá a Buenos Aires Avianca, LAN y Taca (vía Lima). Las tarifas, ida y vuelta, se pueden encontrar desde 1.857 dólares, con impuestos.

El viaje en avión desde Buenos Aires hasta Salta dura un par de horas y se consiguen tiquetes desde 150 dólares. También hay vuelos desde Chile y Paraguay (la provincia tiene límites con esos dos países y con Bolivia).

Se consiguen hoteles 5 estrellas entre 300 y 500 dólares la noche y hostales más económicos (por ejemplo Killa, en Cafayate, que es espectacular) que pueden contactarse desde Colombia.

(*) Invitación de destino argentina

Publicación
eltiempo.com
Sección
Viajar
Fecha de publicación
4 de febrero de 2009
Autor

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