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Uribe necesita que Chávez gane
No hago parte de la corriente que, de manera simplista, sostiene que Álvaro Uribe y Hugo Chávez son dos caras de la misma moneda. Creo, por el contrario, que sus regímenes están marcados por enormes diferencias. En Colombia hay una oposición fuerte y activa en el Congreso. En Venezuela, no. En Colombia, las cortes de justicia se han enfrentado una y otra vez con Uribe. En Venezuela, no. En Colombia, el Fiscal General y la sala penal han encarcelado a decenas de dirigentes uribistas. En Venezuela, la justicia no toca a los chavistas. En Colombia, tras siete años de gobierno de Uribe, los indicadores de violencia han caído de modo significativo. En Venezuela se han disparado. Y podría seguir hasta terminar la columna.
Pero aun con esas diferencias tan abismales, no hay duda de que los dos presidentes comparten buena parte de su suerte. Si este año la economía venezolana aguanta los coletazos de la crisis mundial, a Chávez le irá bien. Y, de paso, a Uribe también, pues las exportaciones colombianas al vecino país, que en el 2008 alcanzaron la cifra sin precedentes de 6.000 millones de dólares, ayudarán a evitar una caída importante del empleo de este lado de la frontera, si es que se mantienen en un nivel similar.
En el campo político, por momentos Uribe y Chávez navegan en el mismo barco. Y no porque se identifiquen mucho: el colombiano es amigo de la iniciativa privada, mientras el venezolano la tiene arrinconada; el colombiano fue el mayor aliado de George W. Bush en el continente, mientras el venezolano no dejó de insultarlo. Pero ambos comparten un mismo deseo: ser reelegidos una vez más. Y eso los acerca tanto, que el abrazo que se dieron el sábado en Cartagena fue el más sincero de todos los que han protagonizado en casi siete años de amores y de odios.
El nuevo presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, se encargó de unirlos más que nunca. En su discurso de posesión, puso sobre sus cabezas el mismo Inri, cuando criticó a los mandatarios "que se aferran al poder" y los retó en tono agresivo. Y aunque antes de escuchar esas palabras, los dos presidentes ya habían acordado la cumbre de Cartagena, salta a la vista que el vainazo de Obama le dio un nuevo significado al encuentro binacional.
Esta mutua solidaridad no se limita al campo teórico. Tiene, de hecho, consecuencias prácticas. A Chávez, cuyos opositores admiran a Uribe tanto como lo detestan a él, le conviene que el colombiano vaya a cambiar la Constitución para darse la oportunidad de un tercer mandato. Eso legitima que el venezolano ande en lo mismo, por medio de un referendo convocado para el 15 de febrero, con el que busca abrirse las posibilidades de ser reelegido más allá del 2013, cuando termina su actual período presidencial. Por eso, Chávez debe estar feliz ahora que Uribe dejó entrever con claridad sus deseos de aspirar a un tercer mandato.
Y en cuanto a Uribe, estoy seguro de que ya incluyó en sus plegarias a su vecino, para que los santos en los que el Mandatario colombiano cree le den una mano en tres semanas, cuando los electores venezolanos decidan si reforman la Constitución para que su presidente pueda hacerse reelegir cuantas veces quiera. Si Chávez triunfa, Uribe ganará legitimidad para aspirar de nuevo. No faltarán en Washington los asesores que le digan a Obama que, ya que el venezolano se perpetúa, es mejor que el colombiano, que de algún modo es un factor de contención a la influencia de Chávez en la región, haga lo propio.
Pero si Chávez pierde su referendo y queda decidido que no podrá seguir en el poder más allá del 2013, las acciones reeleccionistas de Uribe bajarán. Y si el Presidente colombiano se empeña en buscar un tercer mandato, se convertirá en el único destinatario latinoamericano del feroz vainazo de Obama.
- Publicación
- eltiempo.com
- Sección
- Editorial - opinión
- Fecha de publicación
- 25 de enero de 2009
- Autor
- Mauricio Vargas
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