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Una sentencia encomiable - El 'Chuli' Martínez

Una sentencia encomiable

La recién anunciada condena en primera instancia contra los autores intelectuales del asesinato a balazos del periodista de Barrancabermeja José Emeterio Rivas, hace cuatro años, debe ser saludada no solo por la celeridad de la investigación, si se la compara con otros procesos, sino por tratarse de uno de los primeros casos en el país en el que las autoridades llegan hasta los autores intelectuales de este tipo de homicidio selectivo que, lamentablemente, casi siempre queda en la impunidad.

Esta vez no fue así. El juzgado primero penal del Circuito Especializado de Bucaramanga, donde se adelantó el proceso, condenó a casi 29 años de prisión y a pagar cerca de 1.200 millones de pesos de multa al ex alcalde de Barrancabermeja Julio César Ardila y a casi 27 años a Fabio Pajón y Abelardo Rueda. Otro ex funcionario de la alcaldía fue absuelto. De acuerdo con la investigación, Rivas fue asesinado por denuncias que comprometían a Ardila con paramilitares del bloque Central Bolívar. Está por verse si el caso irá a otras instancias judiciales.

Como lo registró la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), en Barranca era vox pópuli quiénes eran los asesinos de Rivas, pero se creía que terminarían por salir libres por alguna falla de la justicia. En esto, justamente, reside la importancia del fallo en este caso. El aliciente más poderoso tras los asesinatos y amenazas contra periodistas, sindicalistas, activistas de derechos humanos y otros homicidios selectivos no es el deseo de sus autores de acallar denuncias, sino la casi completa impunidad en que quedan una vez los cometen. La norma en Colombia ha sido que a quien mata a un periodista o a un sindicalista la justicia no logra descubrirlo y castigarlo; es decir, que el crimen sí paga. Esa dosis de impunidad es un poderoso incentivo para quienes buscan acallar las denuncias de la prensa.

Lo que esta sentencia viene a probar es que sí se puede. Con voluntad política de alto nivel, con refuerzos como los que ha venido recibiendo la Fiscalía General para investigar este tipo de delito y con un aparato judicial que no eternice los procesos hasta que venzan los términos, los homicidios selectivos de periodistas y otros sectores sociales pueden terminar como debe ser: con sus autores materiales e intelectuales tras las rejas. Aunque gracias al proceso de Justicia y Paz se han esclarecido otros asesinatos, como los de Efraín Varela, en Arauca, en 2002, y de Martín La Rotta, en Cesar, en 2004, la mayoría, como el del subdirector de La Patria de Manizales, Orlando Sierra, aún espera justicia. La impunidad frente a las amenazas (hubo 38 en el primer semestre de 2008) es total, y la situación de los periodistas en algunas zonas, como Barranca o Arauca, es muy difícil. Según la FLIP, en muchas investigaciones ya hay datos suficientes para dar con los culpables. Ojalá esta sentencia sea tan solo la primera de muchas que el país espera desde hace tiempo.

El 'Chuli' Martínez

En 1991 falleció en Bogotá Fernando el 'Chuli' Martínez, el arquitecto que, de la mano de Rogelio Salmona y Guillermo Bermúdez, le dio un nuevo rostro a la Bogotá de la segunda mitad del siglo XX. Con ánimo de revivir su legado, el Museo de Bogotá abrió, este 20 de enero, una exposición sobre la vida y obra de Martínez, acompañada de un libro que recoge planos, fotografías, cartas y fragmentos de su diario. Alberto Zalamea, compilador del tomo de gran formato que acompaña este homenaje, reconstruye los éxitos, frustraciones, reflexiones y vicisitudes de uno de los arquitectos emblemáticos de Bogotá. De padres inmigrantes españoles, el 'Chuli' Martínez vivió desde 1938 hasta sus últimos días en Bogotá: en su único viaje hacia París, desistió en la escala a Nueva York y se devolvió.

Casas, edificios, aun la renovación de Tumaco, con figuras geométricas en apariencia caprichosas en ladrillo; juegos con la luz, estructuras cilíndricas integradas a bloques de ventanas diminutas: la obra de Fernando Martínez dotó de un nuevo rostro a numerosas construcciones de la Universidad Nacional de Bogotá, en casas privadas e incluso en la imponente Plaza de Bolívar.

Este libro captura imágenes de una ciudad cuyas múltiples y permanentes metamorfosis dan paso a nuevas construcciones y, desafortunadamente, dejan en el olvido obras emblemáticas de su arquitectura. En el caso de Fernando Martínez, algunas de sus obras han sido destruidas arquitectónicamente, como el Edificio Giraldo, o se encuentran en un lamentable estado de abandono, como el Centro de Rehabilitación Infantil en Sesquilé.

El antiguo hotel Hilton de la calle 32 con carrera 7a., otra de sus obras, se erige digno todavía y sería punto de referencia en cualquier esfuerzo de renovación de esa zona del centro de la capital. Las imágenes de sus construcciones y los planos de casas y edificios que aparecen en el libro son muestra de 40 años de trabajo ininterrumpido que debe perdurar y ser conocido por los bogotanos. El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural revive con este doble homenaje -exposición y libro- el legado de un grande de la arquitectura colombiana, a fin de recuperar la memoria histórica y de proteger construcciones de un gran valor artístico, testimonio de una revolución arquitectónica del siglo XX en Colombia.

editorial@eltiempo.com.co


 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
23 de enero de 2009
Autor

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