De Santo Domingo a Cartagena

De Santo Domingo a Cartagena

El Pulitzer reconstruye en exclusiva el nexo entre su caribe natal, su inmigración a EE.UU., y la Cartagena del Festival

23 de enero de 2009, 05:00 am

Los libros, el Caribe. Además de las personas, son mis dos grandes amores. Y en mi mente nunca se han mezclado, siempre han existido uno lejos del otro.

El Caribe fue mi primer hogar. Donde primero aprendí a ser yo. El Caribe significaba familia, pertenencia. Me refiero a pequeñas fotografías y viajes al campo para visitar familiares cuyos nombres jamás pude recordar.

Significaba pobreza espectacular y humanidad extraordinaria. El Caribe significaba un millón de cosas pero nunca libros. Lo más cerca que estuvimos de una librería en el Santo Domingo de mi juventud eran las pilas de libros arruinados por el moho del clima que se vendían casi por peso en el Conde.

Nada en orden, sin motivo y sin razón, nada protegido del clima o del sol. Libros. Sobre cualquier tema. Sobre temas al azar. Sólo libros que el vendedor había adquirido de forma aleatoria.

Libros que dejaban los turistas.Libros. Librerías. Todo ello existía en mi segundo hogar. En Estados Unidos existían en un orden que era inimaginable en Santo Domingo.

Algunas personas emigran a Estados Unidos y quedan atónitos por la prosperidad, los supermercados, los centros comerciales, por el flujo ordenado del tráfico.

Yo fui transformado por los libros. Y aunque incluso ahora hay buenas librerías en Santo Domingo, esa división entre las dos cosas más importantes de mi vida -el Caribe y los libros− persistió.

Hasta que por primera vez visité Cartagena para el Hay Festival. Durante esa hermosa semana una de las ciudades más clásicas del Caribe -la esencia de lo magnífico y cautivador del Caribe y su oscura historia− se inunda de libros y de escritores y de lectores.

Tanta literatura que el aire se sentía denso con textos. El Hay Festival es lo más cercano a lo que para alguien como yo -obsesionado con el Caribe, obsesionado con los libros− es un hogar.

Cartagena fue la primera vez en mi vida en la que mis disparatados yos se sintieron como uno solo.

Por Junot Díaz (Traducción: Mauricio Romero).