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Ilusiones desafinadas

Empieza un nuevo semestre en las universidades colombianas que marca la largada de una carrera contrarreloj para alumnos y profesores comprometidos con un programa de aprendizaje.

Como en todos los grupos humanos, algunos alumnos sobresalen, otros aguantan la carga y algunos se cuelgan; así es la vida. Para entrar en materia con los estudiantes, el profesor les presenta un plan de ruta que los llevará progresivamente a través del curso, pero, pasadas unas clases, se empiezan a colgar el vago, la despistada, el rumbero y la que quiere pasar el curso sonriendo amablemente sin trabajar mucho. ¿Será por falta de motivación? En la carrera de música, como en muchas otras, es fácil encontrar tropiezos que desalientan hasta a los mas motivados, pero ¿y la persistencia?

Insistir es de tercos. Los que vienen con verdaderas ganas por lo general sobrepasan esos tropiezos sin reparar en su dificultad, son obstinados e insisten. Otros encuentran en estos escollos la excusa perfecta para confirmar lo que ya se temían, que esto no es lo suyo. A su edad, los estudiantes pueden todavía cambiar el rumbo profesional, asumiendo algunas consecuencias ocasionadas por el intento fallido.

Todos tenemos derecho a fracasar, pero habiéndolo intentado, y ojo, es de los fracasos de donde a veces se sacan las conclusiones más constructivas para no repetir errores en el futuro. Los músicos experimentados de hoy no contaron en su proceso de formación con la infinidad de herramientas que tiene a su disposición la nueva generación digital.

Muchos alumnos de música persiguen el único propósito de ser grandes estrellas, motivados por el bombardeo masivo de rock stars al que están expuestos día y noche. Es ese desmedido propósito el que muchas veces los lleva a estrellarse contra el mundo, ya que sus planes pesan más que su capacidad de llevarlos a cabo. Hoy en día, el auge de bandas juveniles es enorme en nuestro país. Muchas de ellas, inmaduras pero decididas a triunfar, acuden a productores experimentados para que les graben su demo o su disco listo para publicar, invirtiendo sumas que, en algunos casos, equivalen a la compra de un apartaestudio. Con la ayuda de estos oídos experimentados logran un sonido de gran calidad, sonido que después no pueden reproducir en el escenario, por su falta de entrenamiento y formación.

Para evitar que se desafinen sus ilusiones, invito a los ahora denominados integrantes de la Generación E a conseguir un entrenamiento adecuado para su oficio, a trazar metas alcanzables y a ampliar el horizonte de sus sueños con una formación académica que expanda sus posibilidades de triunfar.

acevemus@yahoo.com

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
22 de enero de 2009
Autor
Óscar Acevedo

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