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Obama y la nueva era internacional/Análisis

La misión durante el discurso inaugural de Barack Obama era de grandes proporciones. Obama debía honrar a las multitudes de votantes que lo llevaron a la Casa Blanca, pero no sólo a ellos.

También debía honrar a la población negra estadounidense que por primera vez llega al poder, después de años y años de lucha y lentas reivindicaciones raciales.

Pero se trataba de su primer discurso como Presidente, lo que le imponía el reto de mostrar su visión del lugar hacia donde llevará al país. En otras palabras, se esperaba menos retórica y más realidad, menos poesía y más prosa.

En materia internacional, está claro que para el nuevo Presidente la unidad será un objetivo de vital importancia. Así como planea superar las diferencias raciales, partidistas, sociales y económicas dentro de su país, Obama propuso un liderazgo estadounidense en el que el diálogo y la concertación serán mecanismos fundamentales.

También dejó claro que con el objetivo de lograr un país más seguro, no irrespetará los derechos fundamentales de los individuos y este es un punto de claro contraste frente a la política exterior de la saliente administración Bush.

El afán del nuevo gobierno por cerrar Guantánamo y por desaprobar pública y vehementemente la tortura como medio para obtener mayor inteligencia y combatir más eficientemente el terrorismo internacional parecen sugerir que la defensa de los derechos humanos, en casa y fuera de ella, será un asunto prioritario.

La nueva 'Doctrina Obama' de las relaciones internacionales propone entonces una recuperación del liderazgo internacional de E.U.. Pero no se trata de la preponderancia y el uso sistemático de la fuerza militar, ni mucho menos de una hegemonía impuesta y coercitiva.

Al contrario, la propuesta es generar un liderazgo que promueva las reglas del juego del sistema internacional en vez de ignorarlas y debilitarlas. Es una nueva política exterior que entiende que el mejor escenario para ejercer el poder son las organizaciones internacionales y no la coacción puramente bilateral.

Se trata de una forma sustancialmente distinta de observar el poder hegemónico de Washington a nivel internacional. Como Obama elocuentemente lo sugirió: "Nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos.  Al contrario, nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención".

La nueva doctrina entiende que muchos de los problemas del sistema internacional no pueden ser resueltos solo por E.U. y solo a través del uso de la fuerza. Existe una necesidad inaplazable de construir una verdadera comunidad internacional que pueda actuar en conjunto, y con el acompañamiento de una potencia que se preocupe más por construir aliados que enemigos.

La propuesta es la de un liderazgo cuyo contenido es el respeto a la democracia y el respeto a los derechos y las libertades individuales, principios que como bien lo sugirió el nuevo líder demócrata, no serán negociables ni transables durante su administración.

Esas son las intenciones, y por supuesto, el escepticismo dentro de la opinión pública nacional e internacional se ha dejado notar. Le quedan cuatro años al nuevo Presidente para demostrar si un proyecto de tal envergadura es realmente viable.

Por el bien de la comunidad internacional en su totalidad y del establecimiento de un orden mundial más pacífico y equitativo, ojalá ese sea el caso.

SANDRA BORDA GUZMÁN
PROFESORA E INVESTIGADORA. DEPARTAMENTO DE CIENCIA POLÍTICA - UNIVERSIDAD DE LOS ANDES.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Internacional
Fecha de publicación
20 de enero de 2009
Autor

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