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Cuba, un fracaso del bien
La televisi贸n hizo que la imagen tr谩gica diera varias veces la vuelta al mundo. Fidel avanza por el auditorio atestado, da un paso falso, se precipita. Sin los reflejos del antiguo deportista, la cosa habr铆a sido peor. Ese d铆a marc贸 el comienzo de la decadencia de un tit谩n. Un gran hombre por el peso de unos sue帽os que ya no soportan las rodillas, y por el tama帽o de sus defectos m谩s que por sus realizaciones, digamos la verdad.
S铆mbolo del fracaso del Bien contra lo real, Fidel es para vastos sectores de la generaci贸n que estaba en la adolescencia cuando entr贸 en La Habana con su horda de profetas barbudos un libertador desgraciado. Los peri贸dicos nos hab铆an acostumbrado a la figura cr铆stica, los ojos l铆mpidos en el cielo, apoyado en un fusil, cuando contaba con la simpat铆a universal. 脥cono de la rebeli贸n planetaria contra lo viejo en medio de los pavores at贸micos de la guerra fr铆a, las viles dictaduras militares latinoamericanas, el rock protestante del jipismo, y las revueltas universitarias de los a帽os sesenta, seg煤n su ejemplo montones de idealistas en todas partes se tragaron el cuento de la infalibilidad de la guerra de guerrillas y se fueron al monte a matar y a morir.
En su g茅nesis la revoluci贸n cubana fue una fiesta. Y una pedagog铆a. La Habana, la capital de la inteligencia occidental. All谩 pasaban Sartre y su mujer, los escritores del boom indoamericano, los poetas disidentes de Norteam茅rica, Allen Ginsberg, los nada铆stas, los te贸logos de la liberaci贸n, Ernesto Cardenal. Casa de las Am茅ricas propiciaba encuentros. Patrocinaba concursos prestigiosos. Pero el milagro pronto empez贸 a pisar suelo de erizos bajo la superficie tersa de la ilusi贸n renovadora.
Las lacras del dogmatismo, los fiascos en la econom铆a, las multitudinarias frustraciones de las zafras se unieron en una cadena de acontecimientos siniestros a los dilemas sobre el sentido de la revoluci贸n y las divergencias con el partido comunista encarnado en personajes como An铆bal Escalante. El juicio del poeta Heberto Padilla evidenci贸 las restricciones a la libertad de expresi贸n y opini贸n. Los militares fusilados por narcotr谩fico, las corrupciones. Las fugas masivas de cubanos del estramb贸tico para铆so hacia los espejismos del capitalismo montados en neum谩ticos viejos y tablas podridas, la insatisfacci贸n. Luego, la bancarrota de los bolcheviques en Rusia dej贸 sin amparo a Fidel y comenz贸 a quedarse solo en medio de su naci贸n arruinada.
Por el bloqueo, dice la ortodoxia burocr谩tica. Por la falta de realismo pol铆tico, dice la autocr铆tica.
La torpeza del bloqueo yanqui afianz贸 el poder del disc铆pulo de los jesuitas, dice el sentido com煤n. No hay que ser profeta para saber que el d铆a cuando acabe el bloqueo la revoluci贸n se va a desbaratar en un santiam茅n ante el hambre de novedades del capitalismo, el derecho de acceder a la tecnolog铆a de una simple licuadora, a fundar peri贸dicos y hablar en voz alta. Aterran los intelectuales de izquierda haci茅ndose agua la boca en los peri贸dicos con declaraciones viciosas nacidas de la emoci贸n y el orgullo herido m谩s que de la raz贸n en los 50 a帽os de la revoluci贸n. La dignidad socialista, las conquistas de la equidad fidelista son delirios, f谩bulas, consuelos en el destrozo de las buenas intenciones. Condenaron a muerte lenta en una dial茅ctica escabrosa varias generaciones de cubanos vivos en favor de unos cubanos por nacer. Alguien dijo que con Fidel los oprimidos de Cuba tomaron la palabra. Pero hace seis meses carec铆an de tel茅fonos celulares. Y qu茅 es la libertad de palabra sin la libertad de hablar por tel茅fono.
La izquierda exquisita se niega a aceptar el fracaso de la revoluci贸n cubana en un socialismo surrealista a la Maldoror. Y que por eso Fidel, que puede ser todo lo que uno quiera menos bobo, lleva esa cara de tristeza infinita como una cruz que parte el alma de quienes a煤n lo admiramos como a un padre con desmesuras y fiascos y todo con una admiraci贸n grande como la piedad que nos inspira.
- Publicaci贸n
- eltiempo.com
- Secci贸n
- Editorial - opini贸n
- Fecha de publicaci贸n
- 12 de enero de 2009
- Autor
- Eduardo Escobar
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