Sin duda se dieron más sombras que luces en el año que termina, una realidad prevista por muy pocos analistas.El optimismo se vivÃa a finales del 2007 cuando parte del Gobierno y su gran número de seguidores creyeron haber encontrado el camino a la felicidad: crecimiento económico alto y sostenido por muchos años.Muchos analistas pensamos que no habÃa razón para esta euforia, porque durante los años de bonanza poco se habÃa hecho para transformar una economÃa que seguÃa produciendo más de lo mismo, sin visibles avances en competitividad y, porque se habÃa desperdiciado la oportunidad de generar reservas para la parte descendente del ciclo que inevitablemente llegarÃa. Fuimos llamados aves de mal agüero, pero la realidad actual muestra que tenÃamos razón, aún antes de saber que llegarÃa la crisis financiera internacional ya prevista por algunos, pero ignorada por muchos.Hoy, el ambiente que se respira es otro, porque el descenso de la economÃa colombiana empezó antes de que llegara el coletazo de la situación internacional que se ve cada vez más grave de lo esperado. Ojalá estos nuevos pronósticos se equivoquen y el mundo encuentre una salida rápida y eficiente a la recesión que es evidente en la mayorÃa de los paÃses industrializados.Sin embargo, no se empezará nada bien: los motores reales de la economÃa se han frenado; en el tercer trimestre del 2008 la economÃa colombiana solo creció el 3,1 por ciento; la industria está en clara desaceleración y a pesar del optimismo del Ministro de Agricultura, el sector agropecuario solo logró crecer un poco más del 1 por ciento en los últimos meses; el comercio se ha paralizado y solo la construcción, con 16 por ciento para sorpresa de muchos, está jalonando la economÃa.El comercio exterior que no es suficientemente importante para el paÃs, aumentará mucho menos que ahora cuando ya se empieza a ver su menor ritmo. Pero la gran perdedora será la demanda interna que es vital para Colombia, pues contribuye con casi el 85 por ciento del crecimiento nacional. Con los niveles actuales de desempleo, de informalización laboral y con la seguridad de que estos indicadores se empeorarán producto de la menor dinámica económica, el consumo de los hogares se vendrá abajo. La inversión extranjera que tanto apoyó el paÃs, no podrá llegar a los niveles existentes ni las remesas de los inmigrantes colombianos conservarán su dinámica actual. Ya la Cepal señaló que en el 2009 se debe esperar un crecimiento del 2 por ciento y no del 3 por ciento como acaba de anunciar el Gobierno.La esperanza que queda es que las economÃas de los paÃses ricos puedan acortar el perÃodo de la crisis de manera que a finales del 2009, se entre en un ciclo expansivo y que no sufran demasiado ni China ni India para que se conserven los precios atractivos de las llamadas commodities, que constituyen gran parte del potencial exportador del paÃs. ¿Será posible? Nadie lo sabe.Si en estos seis años y medio de Gobierno, cuando todos los vientos soplaban a favor, no se lograron cambios realmente favorables en la distribución de los beneficios del desarrollo, es porque no fue ese su verdadero interés. La concentración del ingreso se acrecentó en estos años y Colombia compite ahora entre los paÃses del mundo con los peores indicadores en esta materia. Las polÃticas sociales que priorizaron la ampliación de cobertura tanto en salud como en educación produjeron algunos beneficios, pero no rompieron el cÃrculo de la pobreza. Los pobres colombianos reciben servicios sobre todo de salud, pero estos siguen siendo de baja calidad. Sin embargo, lo realmente alarmante es que las dos vÃas por medio de las cuales se sale de estados económicos precarios estarán muy limitadas: las oportunidades de empleo no serán las mejores dada la poca dinámica de las actividades intensivas en trabajo y, las polÃticas asistencialistas se enfrentarán a una escasez de recursos que dejarán por fuera a amplios sectores de la sociedad. Queda la posibilidad de que el Gobierno replantee sus polÃticas de subsidios al capital y reoriente esos recursos a generar empleo y a responder por los derechos económicos y sociales de todos los colombianos.En momentos de dificultades económicas, cuando los que más pierden son los pobres, es difÃcil defender la teorÃa del señor presidente Uribe en que los empresarios deben recibir estÃmulos, porque ellos son los que jalonan el crecimiento y el empleo. La experiencia en mejores circunstancias que las que se avecinan, demuestra la falsedad de esta hipótesis.Nadie se atreve a negar que este Gobierno ha debilitado seriamente a las Farc con golpes certeros, aunque con interrogantes sobre la validez de sus métodos. Pero como exagerar es mentir, afirmar como lo hace el Gobierno que las Farc están seriamente disminuidas, no solo no es real, sino peligroso, porque puede frenar estrategias exitosas por parte de la autoridad. Algo similar o peor sucede con el paramilitarismo. El señor Presidente no se cansa de afirmar que este fenómeno desapareció del paÃs, porque sus jefes están extraditados. Sin embargo, las evidencias existentes demuestran que se están reciclando en grupos tan o más peligrosos. Asà mismo, los éxitos de la Seguridad Democrática no pueden seguir ocultando el problema de la seguridad ciudadana que está acosando a las grandes ciudades como Bogotá y MedellÃn. En este tema persisten cabos sueltos que pueden convertirse en problemas mayores en el 2009 si se sigue negando la realidad y si se continúa con el triunfalismo gubernamental. A todo lo anterior, que de por sà plantea inmensos retos para un paÃs que aún no encuentra su norte y que sigue siendo profundamente desigual, se debe agregar un ingrediente más que hará más complejo el escenario del 2009: la inestabilidad polÃtica, la polarización del paÃs, la incertidumbre sobre los rumbos de la democracia colombiana. El tema polÃtico estará en primera plana y es fundamental orientar el debate preelectoral para que se dirija hacia la búsqueda de soluciones y no de promesas vanas que no rompan con la preocupante situación que se vivirá en el 2009. No será una campaña presidencial fácil y solo de los colombianos depende que esta sea la oportunidad para forzar a los candidatos a presentar diferentes vÃas para enfrentar la crisis que se vivirá, y las formas exitosas para sacar al paÃs hacia derroteros más positivos. El 2009 puede ser un año de quiebre en el que gracias a las dificultades se logre realmente construir, y de forma definitiva, el modelo de sociedad que todos los colombianos sin excepción, se merecen. Esa es la única manera en que el 2009 terminará más lleno de luces que de sombras.
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