Cerrar

  • ¿Necesita Dinero?

Publicidad

ElTIEMPO.COM

Archivo

Patrocinado por:

Café amargo

El pocillo de café amargo que el caricaturista norteamericano Mike Peters le está haciendo beber al Sr. Gabriel Silva, presidente de la Federación Colombiana de Cafeteros, no debería ser motivo de alarma.

Y menos aún de intoxicación mediática. Cada cierto tiempo, un "incidente" internacional, un nimio asunto de prestigio, dispara el dispositivo y lo que es materia de orgullo acaba siendo materia de ridículo. ¡Nuestra Cancillería escribe notas de protesta hasta por las letras mal traducidas de las canciones extranjeras que nos mencionan! Los argumentos que nos llevan a creer que producimos el mejor café del mundo son perfectamente sostenibles, pero igualmente sostenible es la sospecha de que, históricamente, la producción agrícola del país ha estado rodeada de acontecimientos violentos y hechos criminales que ponen gotas de amargura al prodigio de nuestra naturaleza. Lo que el humorista ha querido decir no es tanto la verdad de un sistema de producción agrícola, sino la incongruencia de encontrar abono de sangre donde hay abono de vida.

Parecería que fuéramos más diestros en el ejercicio del patriotismo que en la aceptación de la crítica. Pensamos que la percepción que tenemos de nosotros mismos es la verdadera. Una percepción distinta dispara los dispositivos de un orgullo nacional y patriótico que, por lo desmesurado, acaba siendo motivo de caricatura. Nadie más ridículo que un colombiano montado en el burro de sus propias mentiras. Nos amamos u odiamos en superlativo.

Aunque tengamos razón al creer que nuestro café es, en efecto, el mejor café del mundo, podríamos ahorrarnos el ridículo de andar peleando contra todo aquel que diga lo contrario. Porque resulta que Mike Peters habló del café colombiano como caricaturista y no como exportador o catador del grano. Y eso quiere decir que lo hizo como un artista del dibujo y las palabras, y que se sirvió de hipérboles para expresar lo que piensa de la realidad colombiana.

El caricaturista agranda lo que la realidad y los hombres reducen y ocultan. Lo que separa al caricaturista de sus lectores no es la lógica de los argumentos contenidos en una caricatura sino el carácter insólito de los mismos. Un caricaturista es alguien que bombardea los flancos más severos de nuestra racionalidad. Es alguien que encuentra razones a la arrogante sinrazón del poder y la verdad establecida.

Si el Sr. Silva frecuentara las obras de Shakespeare y conociera las funciones profilácticas que desempeñan los bufones de la corte, gastaría menos dólares en demandas judiciales y menos adrenalina en protestas periodísticas, sólo porque a un cómico del dibujo y las palabras le dio por decir que el café colombiano crecía en campos de sangre.

Razones no le faltarán a la defensa del caricaturista el día en que deba probar que, más allá de la caricatura, la realidad tiene ese trasfondo de sangre.

Una caricatura está más allá de las nociones de verdad o mentira. En el fondo, todos, seres humanos y actos que nos acompañan, somos objeto de una mirada que nos vuelve caricatura de nosotros mismos.

No sé si mis admirados Vladdo y Osuna acepten esta defensa: lo que me gusta de ellos es la manera como extraen razones y argumentos a la irracionalidad de la política y la vida cotidiana. Me gusta, incluso, que mientan con ingenio.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
7 de enero de 2009
Autor
Óscar Collazos

Publicidad

FlechaNuestra red de portales

COPYRIGHT © 2010 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.

GDA Miembro de GDA. Grupo de Diarios América