Con bombos y platillos anuncia el Gobierno Nacional la entrada en vigencia de la ley que castiga con multas y hasta con cárcel a quienes no hagan una buena disposición de basuras y desechos, entiéndase arrojar papeles a la calle, sacar los desperdicios en horarios diferentes al del servicio de recolección o no recoger las heces de sus mascotas, entre otras malas acciones. Todo lo que lleve a garantizar un ambiente más sano, ciudades más limpias y espacios más dignos para el ciudadano debe ser aplaudido. Lástima que tenga que ser a través de sanciones como se estimule un mÃnimo de cultura y respeto ciudadanos con el medio ambiente.
Indigna ver cúmulos de basura en las esquinas, papeles regados en parques y avenidas, escombros arrojados en separadores y calles oscuras, o animales que hacen sus gracias en el parque donde juegan los niños y caminan los abuelos.
Sin embargo, sin querer ser aguafiestas, la implementación de estas normas suele ser difÃcil. No es claro aún cómo se van a aplicar los llamados comparendos ambientales y a quiénes, cuál será el grado de sanción y qué autoridad la ejecutará. Ni frente a recicladores informales o habitantes de la calle, que suelen ser quienes más ensucian la ciudad. ¿A ellos se les aplicarán las multas? ¿Se les dictarán talleres de sensibilización? ¿Se los meterá presos? Si la PolicÃa no logra controlar a quienes hablan por celular mientras conducen, qué podrá hacer con los que ensucian en eventos públicos como plazas o los alrededores del estadio o la plaza de toros.
Apoyamos la iniciativa del Ministerio de Ambiente, que seguramente funcionará más para controlar a los vecinos sucios que al grueso de la sociedad. Pero lo primero es insistir en la cultura ciudadana. Ya se ha demostrado que funciona. Que, en el caso de Bogotá, las últimas administraciones se hayan olvidado de ella es otra cosa. Pero hay esfuerzos aislados que merecen ser reconocidos y divulgados.
A todas estas, ¿qué pasó con el programa de reciclaje en la capital, o con la campaña de dejar a Bogotá como una 'tacita de té' recogiendo escombros y limpiando fachadas? ¿Cuántas empresas han sido sancionadas por invadir la ciudad con vallas y carteles? Dice el ministro del ramo que ahora la pelota queda en el terreno de concejos municipales y alcaldÃas, que deberán establecer el tope de multas y tipo de sanciones. Esperemos a ver qué resulta y hasta dónde se impulsará una verdadera cultura de respeto por el medio ambiente, para que las sanciones sean una herramienta más y no la única.
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