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Un taxista, un conductor de Transmilenio, un músico y un taquillero pasaron el año nuevo trabajando

Mientras muchos festejaban la llegada del nuevo año, rodeados de sus familias, otros muchos, anónimamente cumplían tareas clave para el normal funcionamiento del país.

Y es que cuando la mayoría de los colombianos dormían su guayabo, otros regresaban de madrugada a sus hogares luego de cumplir sus labores, con los mismos sueños y anhelos de un futuro mejor en este año que comienza.Entre los colombianos que trabajaron en la noche del 31 de diciembre y la madrugada del primero de enero están por supuesto los miembros de la Fuerza Pública que brindaron seguridad a los colombianos en carreteras, campos y ciudades, los médicos y personal de salud que estuvieron prestos a atender las emergencias de la madrugada, los miles de celadores que no se movieron de sus puestos de vigilancia en casas, empresas e instalaciones de todo tipo y cientos de músicos y artistas que recibieron el año nuevo tocando sus instrumentos en las fiestas a lo largo y ancho del país.También laboraron los operarios de los peajes en las carreteras del país, quienes garantizaron que las vías permanecieran abiertas las 24 horas; los dependientes de las tiendas, estaciones de servicio y supermercados 24 horas en las grandes ciudades, los operarios de las centrales telefónicas que recibieron las llamadas de emergencia, los operadores aéreos, cientos de taxistas y conductores de servicio público que transportaron a sus hogares a miles de personas, personal de los cuerpos de bomberos de todas las ciudades y muchos comunicadores y personal técnico de los canales de televisión y emisoras de radio que llevaron a sus hogares las transmisiones en directo de las celebraciones en varias ciudades.EL TIEMPO hizo un recorrido para ver como fue la labor de estos colombianos anónimos que cumplieron su tarea en la noche de año viejo.Faltan cinco pa'las 12... Desde la tarima de la fiesta de fin de año de Natagaima (Tolima) los músicos de la orquesta Arazá, mandaron con el pensamiento sus mejores deseos para que el 2009 traiga la prosperidad a sus familias en Bogotà.Los seis músicos partieron desde la capital, rumbo al Tolima, el mismo 31 al mediodía, poco después de una presentación en el canal de televisión Citytv."Un músico sabe que el 31 de diciembre es uno de los mejores días para conseguir un buen contrato. Por eso uno asume como parte del oficio que hay que ir a sitios que uno ni se imagina a amenizar fiestas", afirma Gilberto Bermúdez, director de la Orquesta Arazá, uno de los muchos músicos que estuvo trabajando en año nuevo.Bermúdez señala que a los miembros de su agrupación que protestan por tener que viajar en estas fechas les recuerda que para que se les vuelva a presentar una nueva oportunidad hay que esperar un año entero.Con humor y entusiasmo, el cantante de la agrupación, José Bermúdez, señala que las 12 de la noche llegan muchas veces en el preciso momento en el que la orquesta está tocando en la tarima"Muchas veces a uno se le quiebra la voz y lo embarga la nostalgia, pero toca trasmitir alegría y la fiesta debe continuar", afirma.Él, quien tiene una hija de 9 años, afirma que se trata de un momento en el que se siente una emoción muy grande, porque se piensa en la familia y se celebra con ellos a la distancia.Sammy Acero, una de las bailarinas del grupo, lo interrumpe con un dejo de protesta y un suspiro: "Claro que se siente nostalgia, pero es el trabajo".Gilberto agrega que aunque las familias protestan por no poder contar con ellos en esta fecha tan especial, entienden el sacrificio que hacen."Hay que compensarles a ellos esos momentos, celebrarles los cumpleaños, el día de la madre, el día del niño. Esos días uno evita tener otros compromisos porque hay que estar con la familia", agrega Gilberto, mientras los demás miembros de la orquesta asienten pensativamente.A veces, cuando las circunstancias lo permiten, los músicos llevan a sus familias a la celebración que van a amenizar, para estar con ellos y compartir la fecha de año nuevo, "pero eso no siempre es posible, como en esta oportunidad", remata Gilberto.La orquesta la conforman además Édgar Cifuentes, pianista; Jineth Navarro, baterista y Angie Ospina, la otra bailarina.Año Nuevo en el Alto de PatiosEn el Alto de Patios, lugar donde se han definido vueltas a Colombia, en la ruta a La Calera, la noche de año viejo se siente más fría que de costumbre. El número de vehículos que la transitan habitualmente se reducen, pero en la caseta del peaje es una noche casi normal. A 3.200 metros de altitud, el número de vehículos se reduce al mínimo desde las 11 p.m., cuando los que todavía pasan lo hacen afanosamente.Pero las cuatro casetas permanecen abiertas y las operarias y el personal de seguridad mantienen la alerta, como si nada ocurriera en la ciudad.José Vásquez, el responsable del peaje, señala que la vía debe estar abierta permanentemente, por lo que nadie se puede distraer, así no vengan carros. Eso sí, a las 12 repartieron una comida con gaseosa, que cada uno se llevó para su lugar de trabajo, y se dieron el abrazo de feliz año nuevo."Uno no alcanza ni a saludar ni a desear un feliz año a los conductores. La mayoría pasan de afán y ni lo miran a uno. Otros son más amables, pero nadie se detiene a charlar", afirma Ana María, cuyo deseo para el próximo año es poder estudiar.Para esta madre de familia, más que el frío o la soledad, lo más difícil fue explicarles a los hijos que no iba a estar con ellos la noche de año viejo.A Vásquez, su familia también le protestó cuando le anunció que estaría de turno en el peaje. "Mi sueño para el próximo año es poder lograr la casita. Ojalá se cumpla". Con ese anhelo asume estar de turno. "El sacrificio vale la pena", asegura.Ana María, por su parte, espera que por lo menos el próximo año no va a tener que repetir, "pero que si toca, toca".El bus del Año NuevoA Aristóbulo, el Año Nuevo lo cogió al volante de un articulado de TransMilenio de la Autopista Norte, relativamente lleno.Él lleva varios años trabajando en los turnos de las festividades de fin de año, por lo que esta rutina ya no hace mucha diferencia. "Al comienzo se siente nostalgia. A estas alturas de la vida, tener que trabajar es lo normal", asegura.Aristóbulo se despidió de su familia hacia las 8:30 de la noche y entró a su turno a las 10. "Mi familia se ha acostumbrado. Celebramos antes con el abrazo, el beso y en la mañana nos volvemos a ver", afirma.A esa hora, el portal norte, ubicado en la calle 170 de la Autopista Norte muestra una actividad más intensa que la normal. Muchas personas corren afanosamente para desplazarse a otros lugares de la ciudad con el deseo de pasar la medianoche junto a sus seres queridos."Justo a las 12, algunos gritan. A mí me da igual. Ni me va ni me viene.", señala Aristóbulo, quien sabe que lo más importante es cumplir con el estricto reglamento de los articulados, en los cuales no está permitida la música ni dialogar con el conductor."Afortunadamente no paso cerca de mi casa, porque entonces creo que sí sentiría nostalgía", afirma.'Psicólogo' de despechados En diez años que lleva Julián Díaz recorriendo las calles de Bogotá en la noche del año viejo ha visto muchas historias. Él es conductor y trabaja para una empresa de comunicación, pero ha tenido que lidiar con borrachitos de todo tipo y ha sido el 'psicólogo' de varios despechados a los que estas festividades les dan más duro.También ha sido testigo de numerosos accidentes y más de una vez se ha bajado a colaborar, especialmente a colegas."Ver el ambiente que se siente en las calles le da a uno como guayabo, pero el sacrificio vale la pena porque es una buena noche para trabajar", afirma Díaz.Con su familia, que a la hora en la que él está al mando de su vehículo cena discretamente con ajiaco y poco licor, tiene un acuerdo. "Lo importante es que les dedique o el 24 o el 31. Con eso es suficiente para que ellos estén satisfechos", afirma. A las 12, si va con pasajero, celebra con él, aunque algunas veces las personas no son muy dadas a las manifestaciones de afecto con extraños, cosa que él respeta.Pero si va solo, prende su radio y escucha las transmisiones de las emisoras.Hace unos años, justo a las 12, una caravana de siete camionetas se detuvo en la mitad de la vía en la calle 127 con Boyacá a celebrar el Año Nuevo."Se bajaron, pararon el tráfico y se pusieron a celebrar y a bailar. Nos tocó también parar y celebrar también, porque ¿qué más?", recuerda Díaz.JUAN JOSÉ RAMÍREZ T.Editor de eltiempo.com

Publicación
eltiempo.com
Sección
Vida de hoy
Fecha de publicación
1 de enero de 2009
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