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'Depende de Mí' , una fundación que rehabilita drogadictos

Fue creada por un hombre que salió del infierno de las drogas cuenta con sedes en Bogotá e Ibagué. Entre las dos ciudades hay unos 60 hombres rehabilitándose.

La vida se le dañó la noche antes de casarse. Ómar Medina estaba en su despedida de soltero. Algo pasó: una pelea y un muerto.

El paisa, que tenía 18 años en ese momento, mató a un hombre y fue a dar a la cárcel, donde pasó 9 años.

Antes de entrar había conocido la droga y en la cárcel continuó.

Igual, antes de entrar a prisión había conocido la música (cuando vivió en Venezuela, con su mamá y sus hermanos), aprendió a tocar guitarra y en su condena daba conciertos a sus compañeros.

Hoy, eso es pasado total. Después de más de 20 años en la droga, de estar en un apartamento en Ibagué, drogándose con un 'parche' y sin pagar el arriendo por más de 12 meses; de vivir en El Cartucho; de pasar sin bañarse hasta dos años, de engañarse y engañar con supuestas recuperaciones, Ómar Medina volvió a la vida y creó una fundación.

"Ellos pueden entrar solo una vez. No permito el reintegro. Es por experiencia. Yo entraba y salía de fundaciones como de hoteles, mentía, robaba, y apenas me veía limpio, medio gordito y bien vestido, volvía a las andadas", dice.

Agrega que el asunto de recuperarse es de decisión. "El que está en un vicio es porque le gusta, cuando lo deja tiene que pasar algo".

Y a Medina le pasó. El proyecto Invisibles Invencibles le dio la oportunidad. Durante su vida en la droga nunca perdió su afición por la música. Cuenta que cantaba en las calles de La Candelaria y por supuesto, la plata que recibía era para vicio.

Luces, cámaras, música

"Cuando nos citaron a ese proyecto, me gustó: escenario, luces, aplausos, grabar un disco, buena vida..."

Pero no jugó limpio. Aparentó recuperarse. Sin embargo, antes de los conciertos se drogaba, lo que llevaron a López y Néstor Gómez y a su equipo a sacarlo. "Has pasado el límite y consumes en los camerinos. Así no".

Entonces, una luz se prendió en su cerebro. "Mi primera decisión fue no dejar truncar mis sueños. Quería seguir cantando y demostrarles que podía salir de la droga". Eso fue en el 2002.
Ingresó a fundaciones y a los 5 meses, sin engaños ni mentiras, estaba en el proceso.

López y su gente le dieron una oportunidad. "Y aquí estoy: he dictado 250 talleres y manejo dos fundaciones".

Todo su proceso lo pone al servicio de quienes quieren recuperarse: tres meses de desintoxicación e igual número de rehabilitación, restauración y resocialización.

Con el tiempo pudo recuperar a sus dos hijos, nacidos en Ibagué.

"Yo no les puedo devolver a los hijos el tiempo perdido, ni las Navidades, ni los cumpleaños, ni las noches de Año Nuevo. Pero puede emprender con ellos nuevas relaciones".

Uno de ellos, incluso, vive con Ómar en Bogotá. Con él y con su nuevo amor, Gloria, que también le ayuda en la fundación.

La casa de Bogotá es sencilla. Los jóvenes tienen terapias y apoyo.

Medina espera que no vuelvan a la droga y por eso, más que ayuda para su fundación -aunque la necesita: ropa, libros, computadores viejos-, pide oportunidades de trabajo para los muchachos rehabilitados.

"Todo llega en la vida y a mí me llegó la oportunidad de salir de la droga", dice.

Ahora vendrá otro momento importante: Ómar estará con su mamá en las fiestas de fin de año. Dándose una nueva oportunidad con ella, que vive en Venezuela con su segundo esposo.

Y la música, su salvadora, también sigue allí. Solo que ahora únicamente canta temas positivos, que aporten. "Todo dependió de mí", termina, y sigue en su nueva vida.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
21 de noviembre de 2008
Autor

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